Enrique Colmena

Película: El repostero de Berlín

Si se dice, seguramente con razón, aquello de “el amigo de mi amigo es mi amigo”, ¿no se podría decir también que “el amor de mi amor es mi amor”? Esa sería, seguramente, la premisa que propugna esta delicada El repostero de Berlín, ópera prima (quien lo diría) del cineasta israelí Ofir Raul Grazier, que además de director de cine es vídeoartista y hasta cocinero de altos vuelos, aunque a esto no se dedica profesionalmente: lo preferimos como artista cinematográfico, faceta en la que nos parece tiene mucho porvenir.

Berlín, en nuestro tiempo: a una exquisita confitería del centro de la ciudad acude de vez en cuando Oren, un ejecutivo de una empresa israelí que está desarrollando un proyecto de ingeniería en Alemania; allí traba amistad con Thomas, el encargado de la pastelería y consumado repostero. La amistad deriva pronto en amor, aunque el israelí está casado en Jerusalén y tiene un niño de 6 años. En uno de los viajes a su patria, el judío muere en accidente de coche. El repostero alemán via

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Enrique Colmena

Artículo: Charlotte Rampling: como los buenos vinos

El estreno de Hannah, la formidable película de Andrea Pallaoro, nos trae al primer plano de la actualidad a una actriz, Charlotte Rampling, que, si bien tuvo una juventud dorada, con varios títulos memorables, su estrella pareció oscurecerse en su edad madura, para ahora reverdecer con nuevos, inesperados y brillantísimos matices cuando ha alcanzado la senectud.

Nació Charlotte en el Reino Unido, en la ciudad de Stormer, en el condado inglés de Essex, en 1946. El hecho de que su padre, además de medallista olímpico, fuera alto mando de la OTAN, hizo que su infancia transcurriera en lugares diversos como Gibraltar, España y Francia; en este último país aprendió francés como segunda lengua, lo que le valdría en el futuro para poder interpretar en Francia como nativa gala.

Sus primeros papeles, sin acreditar, fueron de figurante en algunas de las películas del Free Cinema inglés, como ¡Qué noche la de aquel día! (1964) y El knack... y como conseguirlo (1965), ambas de Richard Lester. Tras algunas apariciones televisivas irrelevantes, consigue su primer gran papel, aunque secundario, en la mítica La caída de los dioses (1969), la disección del maridaje del nazismo y la clase empresarial alemana que dirigió el gran Luchino Visconti, que pondrá a Charlotte en el mapa de las actrices jóvenes con mucho porvenir. En esos años rueda con frecuencia en Italia, en films como Adiós, hermano cruel (1971) y Giordano Bruno (1973), de Giuliano Montaldo, hasta que es llamada por John Boorman para intervenir, junto a Sean Connery (que por aquel entonces buscaba separarse del encasillamiento de la serie 007, que ya había abandonado), en la filosófica, nietscheniana Zardoz (1974), en la que llama poderosamente la atención.

Pero ese año de 1974 será el del film que marcará su carrera, al menos en su tiempo de juventud. Hace para Liliana Cavania El portero de noche, extraña, turbadora historia de amor entre un torturador na

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