Enrique Colmena

Película: Como nuestros padres

Brasil tiene una industria audiovisual de mediano tamaño; es más importante en el terreno de las telenovelas o culebrones, pero en cuanto a largometrajes de ficción su incidencia es menor. Tampoco tiene fácil llegar a España, por razones de idioma, así que normalmente solo grandes éxitos de taquilla en su país, o películas laureadas en festivales, tienen alguna opción a acceder a los circuitos especializados en nuestro país. En el caso de esta Como nuestros padres, mayormente ha sido la segunda de esas razones, al haber sido premiada en varios certámenes, como Gramado, en Japón, o Lleida, en España, si bien es obvio que tampoco han sido festivales de primer orden.

Y ello se entiende cuando se ve el film, una bienintencionada, esforzada dramedia sobre lo que acontece a una mujer, Rosa, en torno a los treinta y tantos, cuando se entera, de buenas a primeras, que el que ella creía que era su padre no lo es, sino un hombre que ahora es un político de primera línea en el país. A partir de ese momento esta mujer se replanteará muchas cosas...

Como nuestros padres es una película que cae irremediablemente bien, tanto por la identificación que se produce con la atribulada vida de esta mujer, como por su tono realista, casi naturalista a ratos, por su apuesta por las situaciones cotidianas, del día a día. Pero se pierde por la dispersión de sus temas, muchos y

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Enrique Colmena

Artículo: Pfeiffer y Madonna: cumplir 60 años, y como si nada (I): Michelle

Hace unos días (el 16 de agosto de este 2018, concretamente) Madonna cumplió 60 años, y los medios, como es lógico, se han hecho eco de la efemérides: La Ambición Rubia, La Reina del Pop, cumple una edad redonda, rotunda, lejos ya de la efervescencia juvenil, pero con otros valores. Curiosamente, en este mismo año (el 29 de abril, para ser exactos), otra grande del mundo artístico norteamericano, Michelle Pfeiffer, cumplía esa misma edad. Como Madonna, además de su carrera musical, es también actriz, vamos a unirlas en este artículo que desgranaremos en dos piezas, para hablar de la obra cinematográfica de estas dos rubias (me temo que “de bote”, pero nos da igual...) que han cumplido con tan poca diferencia de tiempo esa edad, esos 60 años, que en ellas, desde luego, ha supuesto un evidente crecimiento como artistas.

Hablaremos hoy de Michelle Pfeiffer y en una segunda entrega de Madonna, en este último caso en su faceta puramente fílmica: como actriz, aunque también con una incipiente (aunque todavía muy corta) carrera como directora.


De cómo todo no fue llegar y besar el santo...

Hoy día el nombre de pila (first name, dicen los angloparlantes) Michelle no es demasiado raro, al menos entre las artistas: a vuela pluma nos encontramos, en España, con Michelle Jenner, musa de toda una generación de veinteañeros, interesante actriz que va creciendo apreciablemente (véase su trabajo en la serie televisiva Isabel); a niveles internacionales hay, al menos, otras dos Michelle famosas, Michelle Williams y Michelle Monaghan. Pero en los años ochenta, cuando saltó a la fama, la única Michelle que había era Pfeiffer, y decir Michelle era hablar, inequívocamente, de ella.

Pero no tuvo Pfeiffer lo que se dice una entrada brillante en el mundo del cine. A causa de su fascinante belleza, que encandiló en cuanto se hizo famosa a media humanidad, hubiera parecido que lo de Michelle fue llegar y besar el santo, como dice el aforismo español, pero la cosa no fue así, ni mucho menos. Nacida en la californiana población de Santa Ana en 1958, debutó en televisión en 1979, con 21 añitos, en olvidadas series catódicas como Delta House, y en cine en la no menos olvidada The Hollywood Knights (1980). Así anduvo dando tumbos varios años, en teleseries y TV-movies del tres al cuarto, y en films infumables como La maldición de la Reina Dragón (1981), que recuperaba infaustamente al detective Charlie Chan (no confundir con Jackie Chan...).

Estuvo hasta en la secuela de Grease (1978), titulada, en el colmo de la originalidad, Grease 2 (1982), uno de los mayores fiascos de aquellos años, tanto comercial como artísticamente. Pero como no podía ser que el éxito esquivara permanentemente a Michelle, aunque entonces fuera solo por el envoltorio (si se me permite la metáfora...), por fin la bella californiana consigue entrar en un proyecto importante y, lo que es mejor, llamar la atención poderosamente por su intervención en él. Sería con la nueva versión que Brian de Palma hizo del c

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