Pelicula:

C I N E   E N   S A L A S

El problema del acceso a la vivienda de (sobre todo) las nuevas familias es un problema global del mundo actual, pero en España alcanza niveles de especial complejidad, por una combinación tipo “tormenta perfecta” que incluye la desidia de todas las administraciones públicas, incompetentes y mendaces, el enorme auge de los apartamentos turísticos, la escasez de construcción de vivienda pública, la inseguridad jurídica (subjetiva u objetiva, da igual) de los caseros, los precios que crecen mucho más que los salarios, los llamados fondos buitre que compran edificios para especular, la falta de suelo para construir y también la preocupante insuficiencia de profesionales de los oficios de la construcción.

Ese tema, el de la dificultad para acceder a la vivienda, es el tema al fondo en este film, Nuda propiedad, pero que en realidad no va de eso, o al menos no de forma principal, sino que su tesis es más bien la necesidad de conformarse con lo que se tiene y saber disfrutar de ello: una moraleja bastante conformista, es cierto, pero es lo que hay…

La historia se ambienta en nuestro tiempo, se supone que en Madrid (aunque esté rodado en Canarias, por aquello de los incentivos fiscales…). Conocemos a Vera, cartera de profesión, y Lucas, profesor en un colegio; ambos son de bastante poco espíritu, y además siempre han tenido mala suerte. Ella sueña con comprar una vivienda (ahora viven de alquiler) para poder tener en el futuro prole y una vida familiar normal. Él es adicto a jugar al póker en red, pero nunca gana. Un día ven que se vende el piso frente de su casa actual, se interesan, y se enteran de que el precio es asequible, con la pega de que su propietario, Jesús (muy mayor y supuestamente enfermo de cáncer), se reservaría la nuda propiedad, con lo que ellos no podrían ocupar el inmueble hasta que fallezca. Ilusionados (sobre todo ella; él va a su remolque), formalizan la operación, pero a los pocos días ven como Jesús desaparece unos días, para después reaparecer como si fuera otra persona, rejuvenecido y con mucha marcha…

Alberto Utrera (Madrid, 1981) se formó en la Universidad Nebrija y después hizo un máster en dirección en la ECAM. Profesionalmente ha hecho cortos, series, cine publicitario (su “pane lucrando”) y, con éste, cuatro largometrajes. Parece que su temática principal sería parecida a la que defiende aquí, la necesidad de ser felices con lo que se tiene y no construir castillos en el aire; de una u otra forma el tema aparece en al menos dos de sus films anteriores, Smoking Club (129 normas) y Uno Equis Dos.

La película se abre con una cita de la película El mago de Oz, “No hay lugar como el hogar”, que ya nos pone en antecedentes sobre de qué va la cosa: la vivienda, sí, un lugar que uno pueda considerar suyo, donde se volcarán las vivencias, recuerdos y vicisitudes de toda una vida, convirtiéndose en el refugio seguro donde, idealmente, todo mal quedará fuera; pero aquí también tendremos la figura de la pareja que mezcla dos elementos que conspiran en su contra, la falta de espíritu de ambos (él tirando a calzonazos, ella, aprensiva y neurasténica) y una mala suerte recurrente, de la que esperan escapar precisamente con la compra supuestamente ventajosa de un casoplón a precio de sótano sin ventanas (como dice la protagonista cuando se entera del precio).

Pero mientras que la exposición y el nudo del film mantienen más o menos el tipo, el desenlace no es demasiado afortunado, tirando de recursos de mal guionista (que no podemos citar para no incurrir en espóiler…), que hacen que el embrollo en el que se han metido sin querer la parejita se resuelva de forma inverosímil y poco creíble.

Hay una intención de hacer un film en clave un tanto neorrealista, lógicamente actualizado, sin obviar ese innecesario costumbrismo sucio que incluye tener que ver a la protagonista sentada en el wáter… (sin comentarios). También hay cierto homenaje (llamémosle así…) al Hitchcock de La ventana indiscreta, con nuestra prota espiando con prismáticos al viejo que se interpone entre ellos y su piso de ensueño… Pero en realidad, hay poca materia para un largometraje, y quizá por eso se tira de temas como el “voyeurismo” hitchcockiano o los dimes y diretes sobre si el rejuvenecido inquilino de su futura vivienda es, o no, el Jesús al que le compraron la casa con él dentro, o las dudas sobre si tirar, o no, de los “desokupas” (versión light o brutal…) para echar a ese nudo propietario que ha pasado de Papá Noel a playboy madurito interesante. 

Hay humor negro, a ratos nigérrimo, en un guion bastante marciano, en una película que termina siendo más bien deprimente, aparte de reiterativa, dentro de una variante cinematográfica que podríamos llamar torvamente “feel bad” (películas para sentirse mal), en contraposición a las consabidas y bien definidas como “feel good” (pelis para sentirse bien). 

Buen trabajo actoral de la pareja protagonista, Susana Abaitua y Maxi Iglesias, que se apartan de sus registros habituales para hacer aquí de dos personas de la “aurea mediocritas”, de esa “dorada mediocridad” de la que estamos hechos la inmensa mayoría de los mortales… 

(17/10/2026)


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98'

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Nuda propiedad - by , Oct 17, 2026
2 / 5 stars
"No hay lugar como el hogar"