Serie: El problema final

ESTRENO EN NETFLIX

Arturo Pérez-Reverte es un escritor con frecuencia versionado por cine y televisión, hasta el punto de que, al día de la fecha, la IMDb censa un total de 20 audiovisuales basados en textos suyos, bien como adaptación de sus novelas, bien como guiones escritos directamente para la pantalla. Algunos de esos títulos gozan de justa fama como productos cinematográficos o televisivos de interés, como El maestro de esgrima, La Reina del Sur y, sobre todo, la célebre Alatriste. Pérez-Reverte ha frecuentado géneros de muy diverso estilo, desde el narcothriller a las historias de época, desde las aventuras marinas a los relatos de conquistadores. Ahora, con este El problema final (adaptación de su novela homónima publicada en 2023), Arturo hace su particular homenaje a los relatos de detectives a la manera de Agatha Christie o, más claramente, de Arthur Conan Doyle. 

La miniserie de 4 capítulos se ambienta a finales de los años cincuenta, iniciándose con el encuentro de un actor español venido a menos, Benjamin Basil, con un productor, Fonseca, al que el intérprete detesta cordialmente; pero cuando el productor le tienta con un papel en su nueva película, Basil, que pasa por una mala racha profesional, acepta. Ambos viajan en barco, teniendo que hacer escala en un hotel de una pequeña isla balear, Santa Águeda. Se declara una tormenta, en el curso de la cual un rayo deja a la isla sin conexión telefónica con el continente. Tampoco hay barco alguno disponible, por lo que se encuentran incomunicados. Basil conoce al resto de los inquilinos: dos mujeres, Adela y Elisa, que viajan juntas; un judío sefardí, el doctor Seruya; un taciturno matrimonio alemán, los Klemmer; un escritor de novelas policíacas, Foxá; y el productor Fonseca y su novia Vicky; también a la circunspecta dueña del hotel, la señora Ausländer. La primera noche se da la voz de alarma porque una de las dos mujeres que viajan juntas aparece muerta, colgada de una cuerda, en una habitación cerrada por dentro. Basil, que ha interpretado en decenas de ocasiones a Sherlock Holmes durante su carrera, es presionado por algunos huéspedes del hotel para que investigue el caso, dado que no es posible contactar temporalmente con las autoridades en el continente…

Se puede decir, a nuestro entender, que la miniserie es más luminosa (en todos los sentidos…) que la novela, que era más sombría. Quizá sea el tono que convenga a un producto audiovisual de Netflix: no es cosa de deprimir al público… en cualquier caso, Pérez-Reverte ha expresado su satisfacción por el resultado, así que quizá no haya sido ajeno a ese cierto cambio de tono. Tampoco parece que Félix Viscarret, el director-creador, haya intentado hacer una versión personal, sino que, con buen criterio, se ha limitado a ilustrar pulcramente la historia revertiana, procurando no meterle el dedo en el ojo al escritor.

El problema final, tanto la novela como la miniserie, es un obvio tributo a la literatura y el cine popular sobre alambicados casos de asesinato que el detective de turno tendrá que resolver gracias a sus prodigiosas dotes deductivas. Aquí tendremos como peculiaridad que el investigador que ha de solucionar los crímenes en realidad no lo es, sino alguien que en otro tiempo interpretó en muchas películas al que quizá sea el detective por antonomasia, Sherlock Holmes; de hecho, el título de la novela y la miniserie evoca el del relato de Conan Doyle en el que este “mataba” a su personaje. El nombre del personaje protagonista, Benjamin Basil (como el de la novela, Hopalong Basil) es un homenaje al actor Basil Rathbone, que efectivamente interpretó a Sherlock en un puñado de títulos en los años treinta y cuarenta. Siguiendo con los nombres, Pérez-Reverte hace que el improvisado Watson sea un escritor llamado Foxá… como Agustín de Foxá, escritor español que, curiosamente, murió en el año 1959, en el que se ambienta la miniserie… 

Busca El problema final el tono distinguido y exquisito de un Puñales por la espalda, un juguete de intriga sobre un crimen teóricamente imposible, y su brillante resolución, aquí dejada en las manos de un actor venido a menos, que encuentra en este complicado acertijo una motivación para una vida sesteante, una vez que la fama de la que gozó en otro tiempo se fue sin visos de regresar.

Hay también una fascinación mutua entre el improvisado detective y la dama superviviente de las dos que viajaban juntas, una dama que tendrá también su correspondiente esqueleto en el armario, que dará lugar a un muy curioso giro de guion en el último episodio, con toda seguridad el mejor de los cuatro; y eso es así porque los tres primeros nos parecen más endebles, más artificiales (la verdad es que la trama revertiana no es demasiado brillante que digamos…), más “contados” que “visualizados”. Menos mal que ese cuarto capítulo mejora a ojos vistas, y la resolución (con un par de sugestivos giros de guion finales) resulta mucho mejor que el resto.

En cualquier caso, la miniserie es un audiovisual agradable de ver, aunque evidentemente no pasara a la posteridad, un entretenimiento “a la manera de” Conan Doyle, o de Agatha Christie, de la que también toma algunos elementos (hasta el punto de que estuvimos tentados de titular esta crítica “Diez blanquitos”…), una intriga holmesiana adobada con lujo, suntuosidad y elegancia. Nos parece también una versión bastante académica, clásica, muy cercana al texto original, quizá para no soliviantar el fuerte carácter del escritor. 

La miniserie está trufada de guiños culturales, algo bastante típico de Pérez-Reverte, como el crimen inicial, cuyo supuestamente irresoluble problema a descifrar ya lo estableció Gastón Leroux en su relato El misterio del cuarto amarillo (obra que se cita, por lo demás, en los diálogos), pero también otros a los que no se alude expresamente, como el tema de la novela de Mark Twain El príncipe y el mendigo, o la cuestión central de la novela de Patricia Highsmith El talento de Mr. Ripley, e incluso la circunstancia romántica que anima la novela de Stefan Zweig Carta de una desconocida y la magnífica adaptación cinematográfica que hizo Max Ophüls. Pero estas citas o guiños están bien imbricadas en la trama y no rechinan, parecen originales, que es lo que cabe pedir en estos tiempos en los que tan difícil es ser ya mínimamente novedoso.

Excelente la ambientación musical, con bellas y populares canciones de la época, que fueron muy famosas en la España de los años cincuenta. Los intérpretes bien, en general. A Coronado nos lo creemos más cuando hace personajes fuertes, como los de Vivir sin permiso o Entrevías, pero su trabajo es correcto y no se le puede recriminar nada. Interesante la composición de María Valverde, lejana ya su etapa de etérea adolescente que la llevó a la fama a principios de este siglo, pero que ha madurado muy bien, siendo aquí un personaje ambiguo, con varias capas, con un tono levemente melancólico muy sugestivo. Maribel Verdú hace una propietaria del hotel donde se desarrolla la acción (y los crímenes) que parece inspirarse en el personaje de la rígida señorita Rottenmeier de Heidi: y es que es enteramente un sargento prusiano con faldas…

(24/10/2026)


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El problema final - by , Oct 24, 2026
2 / 5 stars
Sherlock según Pérez-Reverte