Enrique Colmena

Película: Book club

Entiéndase lo de “sesenta y pico” de forma lata, porque de las cuatro protagonistas de esta por lo demás amable comedia, solo Mary Steenburgen es sexagenaria, mientras que tanto Candice Bergen como Diane Keaton son septuagenarias, e incluso Jane Fonda ya ha alcanzado los 80 “tacos”. Pero, obviamente, todas ellas pueden aparentar, sin mucho problema, que transitan todavía por los sesenta y pico, edad que, sin mencionarla expresamente, se les adjudica a las cuatro féminas por algunos detalles que se citan en la trama.

El lanzamiento de la novela 50 sombras de Grey, original de la escritora británica E.L. James, en 2011 en el mercado anglosajón y 2012 en España, supuso todo un fenómeno social: millones de mujeres que jamás hubieran leído un texto erótico devoraron con fruición esta y sus continuaciones, en lo que fue denominado en una afortunada frase lapidaria como “porno para mamás”. Sus adaptaciones al cine han sido también grandes éxitos comerciales, aunque tanto los libros como las películas no se puede decir precisamente que sean obras de arte, sino más bien productos industriales de muy corto recorrido, aparte de ser muy cuestionables desde el punto de vista de la igualdad entre sexos.

California, en nuestros días. Cuatro mujeres maduras se reúnen en un club de lectura que tienen instituido desde hace décadas. Las cuatro mujeres tienen en común una desahogada posición económica y una edad más o menos similar, aunque después cada una es un tipo distinto: Vivian es libre, emprendedora, independiente, no quiere compromiso, tienes relaciones de sexo sin amor; Sharon es juez

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Enrique Colmena

Artículo: Més cinema en català, si us plau

O lo que es lo mismo, más cine en catalán, por favor. A raíz del estreno de Las distancias (Les distáncies, 2018), la notabilísima película de Elena Trapé en la que se hablan con naturalidad y simultaneidad tanto la lengua de Josep Pla como la de Cervantes, cabe comentar la trayectoria del cine en catalán, sobre todo a la vista de que, en los últimos años, ha dado muy interesantes películas: recuérdense, sin ir más lejos, algunos títulos muy recientes, como Verano 1993 (Estiu 1993, 2017), de Carla Simón, ganadora de varios Goyas y Premios Feroz, entre otros galardones, y candidata de España a los Oscar, o Tierra firme (2017), de Carlos Marques-Marcet, premiada en los Gaudí (los Goyas catalanes), Sant Jordi y SEFF.

Lo curioso del caso es que ese nuevo cine en catalán que nos está llegando en el siglo XXI, y singularmente en la década de los años diez en la que se escriben estas líneas, está totalmente alejado de la temática reivindicativa de Cataluña como comunidad que, en parte, caracterizó cierto cine catalán de los años posteriores a la muerte de Franco, el advenimiento de la democracia y la aprobación del Estatut de Sau, la primera ley fundamental de la autonomía del antiguo Principat.

También muy curiosamente este novísimo cine en catalán que ahora nos admira está en las antípodas del proceso (el famoso procés...) independentista de Cataluña de los últimos años, ese que tiene demediada aquella comunidad en dos partes prácticamente iguales. Así, las películas que nos llegan mezclan con toda naturalidad catalán y español (y hasta inglés, y alemán), sus temáticas son contemporáneas, vividas por gente joven en las que no se aprecian rasgos identitarios, gente que con frecuencia tiene vocación cosmopolita, es un cine abierto en el que intervienen igualmente personajes catalanoparlantes y castellanoparlantes, no hay reivindicación alguna que no tenga que ver con los temas universales de siempre: el amor, el trabajo, la descendencia, la amistad...


En els temps prehistòrics

Pero empecemos por el principio, como decía el clásico (o el chusco...), en esos tiempos cinematográficamente prehistóricos del titulillo de este epígrafe. Sin ánimo exhaustivo, como es lógico, pretendemos hablar en este artículo del cine en catalán desde que este toma carta de naturaleza a partir de la muerte de Franco y la normalización de la lengua de Verdaguer, también en cine. Por citar los escasos antecedentes que ese cine en catalán ha tenido, habrá que hablar de El café de la Marina (1933), dirigida por Domingo Pruña, considerada primera película rodada en catalán, sobre la obra teatral homónima de Josep Maria de Sagarra. Como curiosidad, se rodó simultáneamente una versión similar en castellano; la catalana se estrenó en Barcelona pero solo duró una semana en cartel. La versión en español no se pudo estrenar hasta 1941. Las copias resultaron destruidas en un incendio del almacén del distribuidor, por lo que no quedan rastros de aquel primer film en cata

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