C I N E E N S A L A S
El “whodonit” o “quién-lo-hizo” es un subgénero que ha hecho fortuna tanto en literatura como en cine y televisión. El venero fundamental está, lógicamente, en la primera de esas artes, que para eso tiene bastantes más años que el llamado Séptimo Ídem… Basta recordar clásicos autores/as tan famosos como Conan Doyle, Agatha Christie o Simenon, entre otros muchos, para entender de qué estamos hablando, historias en las que se produce un crimen (o varios…), y algún aventajado y perspicaz detective (o no… esto parece el parlamento de un gallego…), a base de deducciones y buenas dotes de observador/a, consigue desentrañar el intrincado asesinato y quién es el autor del mismo (el tópico dice que el mayordomo, pero ya quedan pocos mayordomos…).
Un subgénero muy popular que, por supuesto, ha hecho también fortuna en el audiovisual, tanto con versiones de las novelas de los célebres autores citados y otros muchos, como con originales escritos directamente a la pantalla. Suelen ser pelis o series no especialmente relevantes desde un punto de vista cinematográfico, pero suelen dar juego y, a veces, incluso se cuela algún asunto de interés más allá de enterarnos de “quién lo hizo”…
También a veces el “whodonit” gusta de internarse por terrenos extravagantes, como ocurre con esta Las ovejas detectives, que ya en el título va diciendo que muy en serio no se toma a sí mismo… lo que, dicho sea de ...
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ESTRENO EN MOVISTAR+
El género de espías en el audiovisual no es demasiado frecuente en España; de la pandemia para acá, a vuela pluma, solo recordamos un puñado de títulos dentro de este género, tanto en películas como en series: Código Emperador (2022), Los pacientes del doctor García (2023), La sospecha de Sofía (2025), Zeta (2026), y poco más. Por eso este El Centro tiene, de entrada, el atractivo de hollar un género tan infrecuente en el cine y la televisión españolas, el thriller de espionaje, y lo hace además centrándose en el realmente existente Centro Nacional de Inteligencia (CNI), sucesor, ya en democracia, de lo que fue su antecesor el SECED (creado por el presidente Carrero Blanco contra la oposición democrática al franquismo) y el CESID (transformación natural del anterior, ya en democracia, estando en activo con ese nombre entre 1977 y 2002), para convertirse a partir de entonces en el CNI, siempre bajo control judicial y parlamentario.
Esta serie, El Centro, consta de 6 capítulos, llevando cada uno el nombre de un personaje, por centrarse ese episodio en el rol en cuestión: Crespo, Elsa, Adaro, Marqués, Telmo y Hackman. El creador, David Moreno, tiene una larga trayectoria como guionista de series, con títulos como Fariña, Nacho y El inmortal. De l ...
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09/05/2026
Aunque ya en décadas anteriores el mito de Frankenstein, en cine, había empezado a dar muestras de que servía igual para un roto que para un descosido, en los años sesenta y setenta eso se hizo aún más evidente, conviviendo las versiones más o menos clásicas de la novela con otras que buscaban, sobre todo, la comicidad, pero también (glup…) la lubricidad...
Con el primero de esos tonos, el humor, es con el que se acometió la serie televisiva La familia Monster (1964-66), producida por la poderosa CBS, que presentaba un peculiar clan familiar formado por un abuelo de apariencia vampírica, un padre con toda la pinta de Boris Karloff caracterizado como el monstruo de Frankenstein, una madre que parecía una vampiresa de los terrores de la Universal de los años treinta, un niño de 7 años con aspecto como de hombre-lobo (bueno, de niño-lobo…), y una adolescente rubia con pinta normal (ésta debía ser adoptada…), en una serie que ciertamente hizo historia, muy divertida en su contraposición de la peculiar idiosincrasia de este clan disfuncional y el entorno digamos más o menos normal de los Estados Unidos de los años sesenta, una serie que se vio en España a través de Televisión Española (la única que había entonces), con gran éxito de público.
Japón ya era en los años sesenta toda una potencia en la animación, habiendo sido el país creador del anime, esa singular fórmula que combinaba en la forma la animación (tradicional, entonces no existía aún el 3D en el “cartoon”, ni se le esperaba hasta varias décadas después) con, temáticamente, los traumas, conscientes o subconscientes, de la nación nipona de esa época (Hiroshima, sobre todo). En ese contexto nos encontramos con la coproducción japo-norteamericana Furankenshutain tai Baragon (1965), literalmente “Frankenstein contra Baragon”, un largometraje hecho para cin ...
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