C I N E E N S A L A S
Eva Victor (París, 1994) es una actriz franco-norteamericana cuya familia se mudó a Estados Unidos (a San Francisco, por más señas) en su infancia, por lo que su formación es eminentemente USA, aunque sus estudios básicos los realizó en una institución bilingüe (francés e inglés), por lo que no ha perdido sus raíces francófonas. Estudió actuación y dramaturgia en una universidad privada de Illinois, y pronto comenzó a actuar en websites, y también a escribir en revistas, siempre dentro del espectro del activismo feminista. Como actriz ha estado en algunas series que han tenido repercusión, como Billions (disponible en Movistar+), y como guionista y directora se ha estrenado ahora, bajo los auspicios de Barry Jenkins (y otros 21 coproductores más: aquí hay más gente produciendo que actuando…), el prestigioso director de la oscarizada Moonlight.
La película se ambienta en nuestro tiempo, en localizaciones del estado de Massachusetts, en el noreste de Estados Unidos. Se segmenta en varias “partes”, como “El año con el bebé”, “El año que ocurrió lo malo” y “El año del buen bocadillo”, entre otros. Conocemos a Agnes (“cordero de Dios”, como le recuerda el que será su follamigo, Gavin, recordando la etimología latina del nombre, el “agnus Dei” cristiano), una mujer en torno a la treintena, docente en una universidad de la zona, que está terminando su tesis, dirigida por su tutor, Decker. Conocemos de su estupenda relación con su amiga Lydie, quien le dice que está embarazada, en el contexto de una relación lésbica. Más tarde nos enteraremos de la agres ...
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ESTRENO EN FILMIN
George Sand (nacida Amantine Aurore Lucile Dupin; París, 1804 – Nohant, 1876) fue una de las más singulares escritoras europeas del siglo XIX. Mientras que sus coetáneas (en cuanto al siglo) Jane Austen, las hermanas Brontë o Mary Shelley, entre otras, fueron escritoras aplastadas por las rígidas convenciones de su tiempo, que hicieron imposible el desarrollo de una carrera normal como autoras, como hacían los hombres, en el caso de George Sand (gracias, por su puesto, a su enorme coraje y determinación) se puede decir que se ganó a pulso ser una mujer libre (dentro de lo que cabe en aquel tiempo, se entiende…), y así poder disfrutar de una fama, de un reconocimiento, del que sus colegas inglesas citadas no pudieron gozar, como hubieran merecido.
Sobre la figura controvertida de esta mujer que se convirtió en el epítome de la mujer libre (en todos los sentidos: profesional, sentimental, sexual, social…) de su época, varias productoras francesas y belgas han unido sus fuerzas para realizar una miniserie de 4 episodios que se centra en los años jóvenes de Sand, a partir de 1831, que es cuando Aurore parece que tomó definitivamente conciencia de lo injusto de su situación (como de todas las mujeres en aquella época), literalmente atada a las decisiones que tomara su marido, por absurdas o restrictivas que fueran. Vemos a Aurore escribiendo, cuando llega el marido; ella bloquea la puerta para evitar que entre en su habitación e interrumpa su tarea. El marido, el barón Casimir de Dudevant, consigue entrar e intenta forzarla. Poco después veremos como la mujer se introduce en un lago, totalmente vestida, se sumerge, y al salir grita su frustración y su rabia… Más tarde veremos también cómo llega su amigo Gustave, quien le presenta al joven Jules Sandeau, un aspirante a escritor, de la que Aurore queda prendada, y que, sin él saberlo, será el pistoletazo de salida a su rebeldía ante su esposo y el punto de arranque de su nueva vida en lib ...
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Harold, estudiante a la fuerza
Ya los peces no cantan en el Nilo / ni la luna se pone para las dalias del Ganges
Otro término multisilábico, Nabucodonosor, el rey de Babilonia, en la imaginación del estudiante “se convirtió en mulo”. Nada tiene de extraño en una mente con buena dosis de imaginación una mutación tan violenta como la de transformar a la persona en animal, más allá de la consideración que el personaje pudiera tener no sólo desde el punto de vista histórico sino humano. Menos aún pueden extrañar dichas transformaciones, en este contexto, donde cualquier cineasta, Méliès el primero, convertía, por arte de magia cinematográfica, un objeto en otro, como antes lo había hecho el mago en el circo. “Nadie más tonto que yo, convertido de pronto en algún animal desconocido”, dice el propio Alberti en La arboleda perdida.
Harold, estudiante a la fuerza, divaga en su pereza académica en beneficio de dosis imaginativas que hacen de la mosca, ruiseñor; de Nabucodonosor, mulo; de su alma y de la de Alicia, aves reales del Paraíso; de las lámparas, flor de acetileno y golondrina de gas. Como ahora se dirá, Lewis Carroll abundaba en su imag ...
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