C R I T I C A L I A C L Á S I C O S
Disponible en FILMIN
Una de las cosas incuestionablemente positivas que tenía el llamado “studio system” o sistema de estudios en el Hollywood clásico fue, sin duda, el hecho de que el nivel de profesionalización era tan alto que era muy raro que una película no tuviera interés; después estaban las excelsas, por supuesto, generalmente dirigidas por cineastas que están en el Olimpo del cine (a riesgo de resultar obvio: Ford, Wyler, Hawks, Cukor, Hitchcock, Lang, Ray, Preminger, Minnelli…), pero también había otras muchas en las que la dirección era encomendada a solventes artesanos que eran capaces de rodar cualquier tipo de película, en cualquier género, y hacerlo bien.
Ese es el caso de Henry Koster (nacido Hermann Kosterlitz; Berlín, 1905 – Camarillo, California, 1988), un cineasta alemán y judío, mala combinación en los años treinta, sobre todo cuando Hitler accedió al poder en 1933. El joven Hermann, que ya había dirigido varios largos, tuvo que huir de Berlín con lo puesto, emigrando a París, donde lo fichó Hollywood. Allí desarrolló una provechosa carrera, que se prolongó durante tres decenios, trabajando para estudios como la Fox, la Metro y la Universal, y tocando casi todos los géneros, generalmente con solvencia y buen hacer. Sobre todo hizo musicales, comedias, films históricos y romances, y en general siempre se desempeñó bien, con títulos que tuvieron éxito como La mujer del obispo, Prometidas sin novio y esta divertida El invisible Harvey ...
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ESTRENO EN MOVISTAR+
Javier Cercas se ha convertido en uno de los grandes escritores españoles del último cuarto de siglo. En general ha tenido suerte con las adaptaciones de sus obras al cine y la televisión: así, tras la interesante versión que hizo David Trueba de Soldados de Salamina, que fue su primera novela llevada a la pantalla, le han seguido otras igualmente entonadas, como El móvil, de Martín Cuenca, Las leyes de la frontera, de Daniel Monzón, Marco, de los Moriarti, y no digamos la estupenda miniserie Anatomía de un instante, del sevillano Alberto Rodríguez. Sin embargo, nos parece que con esta adaptación de Terra Alta, aún teniendo algunas virtudes, no ha tenido tanta suerte. Queda por saber si las otras dos novelas de la trilogía de Melchor Marín, tituladas Independencia y El castillo de Barbazul, serán también versionadas al audiovisual, aunque hay algunos indicios al respecto.
Grabada en Barcelona y Tenerife, la miniserie consta de 6 capítulos de algo más de 40 minutos cada uno. La acción se desarrolla en nuestro tiempo, en la comarca de Terra Alta, en Cataluña, donde se descubre un horrible crimen, al aparecer en su mansión, bárbaramente asesinados y con señas de haber sido torturados, el anciano matrimonio Mas Adell, influyentes propietarios de la zona. De la investigación se encargan los “mossos d’esquadra” (policías autonómicos catalanes) Melchor Marín y Blasi. La historia se centra en Marín, del que nos enteramos, mediante los oportunos flashbacks, que ha tenido una infancia y juventud azarosa: hijo de una ...
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14/04/2026
Como decíamos en el capítulo primero de esta serie sobre la vigencia de Frankenstein, el mito inventado hace más de dos siglos por Mary Shelley (a la que recordamos en el 175 aniversario de su muerte), la IMDb censa más de 120 largos, cortos, series o miniseries basadas de forma rigurosa, libérrima o mediopensionista, sobre la novela publicada por la escritora británica en 1818, con la que revolucionó el panorama literario de la época (aún más cuando, más tarde, se supo que su autor era una mujer…), creó el concepto del género de la ciencia ficción, y que, 200 años largos después, sigue inspirando películas de gran presupuesto como las recientes Frankenstein de Guillermo del Toro o ¡La novia! de Maggie Gyllenhaal.
En este capítulo veremos cómo en el plazo que vamos a analizar (1910-1963) se establece la iconografía sobre el monstruo que se convertirá en el canon con el que será representado durante muchos años, pero también cómo el mito excede el ámbito del terror para aparecer también en géneros que podrían estar tan alejados como la comedia o fórmulas de filmación tan concretas como la animación específicamente dirigida a los niños.
La primera vez que el mito shelleyano aparece en pantalla como tal será en fecha tan temprana como 1910 (ojo, solo habían pasado 15 años desde la invención del cine…), en el cortometraje titulado Frankenstein, bajo los auspicios de la productora del famoso Thomas Edison, con dirección de uno de sus empleados, J. Searle Dowley, en una versión más o menos libre, en la que lo más llamativo eran algunos trucos visuales que, en su momento, debieron impactar profundamente en el espectador, como el que hacía parecer que se creaba, “ex nihilo”, y partiendo de un caldero o gigantesco matraz, un ser animado donde antes no había nada, viéndolo crecer ante nuestros ojo ...
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