C R I T I C A L I A C L Á S I C O S
Disponible en PRIME VIDEO, APPLE TV y RAKUTEN
Aunque estamos ante una producción norteamericana, con el independiente Hank Moonjean como responsable financiero, la distribución interna de esta cinta que comentamos corrió en EE.UU. a cargo de Lorimar, y la distribución mundial estuvo en manos de la Warner Bros. Y el hecho de que el británico Stephen Frears sea su director, fogueado ya con siete anteriores largos, algunos tan cáusticos e inteligentes como Mi hermosa lavandería, ya con Daniel-Day Lewis como actor estelar, también impulsó su éxito. Pero la base argumental también tiene una sinuosa trayectoria, con el dramaturgo Christopher Hampton como responsable del guión, que a su vez adapta su propia obra de teatro y (aún no terminamos) que se inspiraba en otro trabajo anterior, del siglo dieciocho, a cargo de Pierre Choderlos de Laclos.
Y en 1959 el director francés Roger Vadim llevó a la pantalla -con el mismo título- una primera versión, con Jeanne Moreau y Gérard Philipe en la pareja protagonista. Con estos antecedentes, y una treintena de años después, llega ¡¡ al fin !! nuestra película de hoy. En ella, y con una producción lujosa en reparto, decorados y dirección artística, asistimos a un juego vicioso y complicado de una nobleza que -en 1760- ni por asomo podía prever la no tan lejana Revolución Francesa de finales del siglo, que supondría la caída del Antiguo Régimen y la apertura de unos cauces políticos totalmente nuevos en la Europa de aquella época.
Las piezas del enredo tienen al vizconde de Valmont, a la marquesa de Merteuil, a la joven y virginal Cécile, a una exuberante esposa -Madame de Tourvel- y a un profesor de arpa, muy codiciado por las f&eac ...
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ESTRENO EN FILMIN
Mujeres al frente del poder en las naciones no habido muchas que digamos. En España solo ha habido dos reinas efectivas (al margen de las consortes), Isabel I e Isabel II, aparte de otra que lo fue “de iure” pero no “de facto”, la conocida como Juana la Loca. En los períodos democráticos tampoco ha habido ninguna presidenta del gobierno ni, cuando hubo república, presidenta de la ídem. En otros países la cosa tampoco es mucho mejor: es cierto que Reino Unido ha tenido varias reinas (además, de armas tomar, como Isabel I e Isabel II) y también varias primeras ministras (Thatcher, entre ellas, que mandaba mucho), y en otros países, excepcionalmente, han tenido mujeres al frente del estado o del gobierno (Golda Meir en Israel, Merkel en Alemania, Indira Ghandi en la muy machista India, incluso Tansu Çiller en Turquía, país que tampoco se queda atrás en el tema del machismo…).
Pero lo cierto es que suele ser la excepción, incluso en países de honda raíz democrática, como Islandia, país fundado como tal en 1944, pero que no tuvo al frente del estado a ninguna fémina hasta 1980, treinta y seis años después de su constitución como estado soberano. Esta serie, Vigdís, cuenta precisamente la historia de esta primera presidenta de la república, Vigdís Finnbogadóttir.
La miniserie, de 4 capítulos, se inicia en un plató televisivo, donde vemos a Vigdís durante la campaña electoral que, en ese 1980, la llevó a la primera magistratura del país. Desde ese punto vemos cómo Vigdís recuerda su vida, en un amplio flashback que durará casi toda la serie, aunque puntualmente retornaremos a esa primera escena. La vemos adolescente, con sus amigas, y conocemos a su hermano menor. Estamos alrededor de 1946, ya terminada la Segunda Guerra Mundial. A Vigdís le choca que sus padres le impidan ir a Reikiavik, la capital, pero sí dejen a su hermano, que e ...
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Federico García Lorca, en 1919, marchó de Granada a Madrid para ingresar en la "Residencia de Estudiantes". Desde esta atalaya cultural, primero, desde las actividades organizadas por la revista “La Gaceta Literaria”, después, se convirtió en atento espectador de la vanguardia cinematográfica y, ocasionalmente, en activo cineclubista. Tales hechos repercutirán en algunos aspectos de su obra, tomarán como tema personajes de la pantalla y se plasmarán, como lenguaje y expresión, en un guion con rasgos estéticos propios del cine mudo. A Lorca, como a tantos otros residentes, el "séptimo arte" le llegó de la mano de Luis Buñuel, adelantado español en la cinematografía francesa desde 1925 y, desde 1929 (con Un perro andaluz), el cineasta de la generación.
Federico, recitador en el Cine-club Español
El 15 de abril de 1929, en el madrileño cine Palacio de la Prensa, se celebró la quinta sesión del Cine-club Español con el título “Oriente y Occidente”, y en ella, tras la lectura del cuento popular chino "Nuwa", se exhibieron los documentales La rosa que muere y La rosa de Pu-chui. En el intermedio de las proyecciones, Federico García Lorca leyó sus poemas “Oda a Salvador Dalí” y “Romance de Tamar y Amnón”; a continuación, se proyectó La marcha de las máquinas, de Eugen Deslaw y el documental Cristalizaciones.
Parecería lógico que Lorca hubiera echado mano de su “Paseo de Buster Keaton”, publicado en el nº 2 de su revista granadina gallo, del que, al parecer, se sentía tan satisfecho; pero con ello, hubiera evidenciado el problema de crisis de identidad personal que en la breve pieza se pone de manifiesto; por el contrario, con los títulos leídos, se situaba en el ambiente de "oriente" y "occidente" que la sesión proponía, aunque fuera de forma vaga y distanciada; además, en momentos sentimentalmente duros para el poeta, el homenaje verbal a Dalí vendría a significar (dado el alejamiento que el pintor empezaba a mostrar para con Federico y la preferente amistad con Buñuel) la permanencia de los sen ...
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