Pelicula:

Roald Dahl, como bien sabe el lector, fue un escritor británico especializado en literatura infantil que se distanció del habitual tono ñoño de ese tipo de libros para realizar un acercamiento más inteligente, más adulto, más esquinado, al mundo de los niños. Su obra ha inspirado o ha sido versionada para cine y televisión en multitud de ocasiones: cuando se escriben estas líneas la IMDb censa casi un centenar de audiovisuales generados, en mayor o menor medida, a partir de sus textos. Entre esa enorme cantidad de adaptaciones o inspiraciones cabría citar algunas de ellas, mayormente las que han tenido a Tim Burton detrás, bien como director, en Charlie y la fábrica de chocolate (2005), bien como productor y auténtico autor en la sombra, en James y el melocotón gigante (1996), de Henry Selick, si bien no sería justo dejar de mencionar la estupenda Matilda (1996) que dirigió Danny DeVito.

Paul King es un director de cine británico (aunque nacido circunstancialmente en Chicago) que se dio a conocer hace unos años con Paddington (2014), historia fantástica sobre un peculiar oso peruano, de corte antropomórfico, adoptado por una familia británica, film que tuvo notable repercusión comercial e incluso crítica, lo que le valió la realización de una segunda parte, Paddington 2 (2014), igualmente bien recibida. Ahora afronta esta Wonka, precuela de, precisamente, Charlie y la fábrica de chocolate, de Dahl, inspirándose en sus personajes, pero sin que las trapisondas a las que se verá sometido el pobrecito Willy Wonka fueran imaginadas por Dahl sino por King y su coguionista Simon Farnaby, que tiene apellido como de novela de Dickens.

La película se inicia con Willy Wonka llegando a la ciudad; no sabemos cuál es, pero por el paisaje y el paisanaje se podría convenir en que es Londres... Wonka llega con grandes ilusiones: es un experto chocolatero que aspira a convertirse en el especialista por excelencia de tan dulce materia en la urbe. Pero pronto es torpedeado por tres ricachones que se dedican precisamente al negocio del chocolate; sin un soberano (la moneda de curso legal en esa Inglaterra que no es Inglaterra pero en el fondo sí que lo es...), Willy se aloja en una pensión que, por la vía de las argucias legales y la letra pequeña, lo condenará a lavar sábanas de por vida... Pero allí, en las entrañas de la pensión, encontrará amigos, como Noodle, huérfana, o Abacus Crunch, contable, todos ellos engañados como él por la dueña del establecimiento hotelero, la pérfida señora Scrubbit y su adláter el pícaro Bleacher.

Es curioso, porque nos parece que esta precuela del clásico chocolatero por excelencia tiene más de Dickens que de Dahl: ahí están sus villanos pobres, la dueña de la pensión y su amigo/compinche/amante (a veces las tres cosas a la vez...), que parecen enteramente la reencarnación, por la vía de la geminación, del odioso Fagin de Oliver Twist; los tres ricos chocolateros, con su avaricia rampante y su absoluta falta de escrúpulos, parecen unos primos carnales del codicioso Scrooge de Cuento de Navidad, mientras que el propio Willy, con su absoluta ingenuidad, recuerda poderosamente a algunos de los héroes dickensianos infantiles o juveniles, como los de David Copperfield, La pequeña Dorrit y Grandes esperanzas. El diseño de producción aborda también la película desde una perspectiva dickensiana, con una imaginativa representación del Londres victoriano pasado por el tamiz de la fantasía.

El conjunto es agradable, aunque toda la parte musical, con bonitos números bien cantados y coreografiados, sin incurrir en las habituales desmesuras del género en nuestros días, nos parece superior a la puramente dramática, con diálogos no siempre estupendos y situaciones que suenan a veces a déjà vu, como esa pobreza de diseño de los apresados en la pensión por su mala cabeza (y, sí, por no haber leído la letra pequeña también...).

Paul King confirma que tiene buenas mano como director, tarea en la que, sin ser un estilista, sí que resulta correcto y con cierta frecuencia incluso creativo... Los intérpretes, en general, bien: Timothée Chalamet añade un personaje nuevo y distinto a su ya muy variada colección de roles, con lo joven que es, confirmándose probablemente como el más versátil de los actores de su generación; de los secundarios subrayaríamos el papel de Olivia Colman, la oscarizada actriz que interpretó a dos reinas en La favorita y The crown, pero que aquí encarna a una codiciosa posadera con vocación de carcelera de sus incautos huéspedes; también citaremos a Paterson Joseph, el líder de los villanos ricachones, que hace toda una creación, un carismático malo-malísimo en la mejor estela de Disney (sin ser este un producto de la Casa del Ratón, lo que tiene más mérito...). Hugh Grant hace de Oompa-Loompa, reducido a medio metro de altura gracias a la tecnología digital, un enanito con bastantes malas pulgas y un grado de empatía colindando con el cero.

(08-12-2023)


Wonka - by , Dec 08, 2023
2 / 5 stars
Más Dickens que Dahl