En La Gaceta Literaria pueden encontrarse referencias al tipo de Lloyd generalmente en contextos plurales vinculados a otros cómicos y en contraste con ellos. Acaso por esto, el extenso poema de Alberti llame más la atención al ser esta revista y su correspondiente Cine-club donde se publicó y recitó el texto cinematográfico.
Hacia Broadway
Por si no fueran suficientes las referencias de Arconada, echemos un vistazo a cierta filmografía de Lloyd donde el asunto sobre la policía y los policías queda vinculado a otras situaciones cómicas en las que se refleja bien la personalidad de “Gafitas”. Así, en Hacia Broadway (Bumping into Broadway, 1919) interpreta a un escritor de comedias musicales que no gana ni para pagar la pensión; su vieja máquina de escribir, a la que se le atascan las letras si es que no le falta alguna, es arrojada, en gesto desesperado, por la ventana; alcanza a una vecina asomada a la suya y, en su trayectoria, alcanza a... un policía quien, por efecto del golpe, sacude a un ciudadano y, como ilógico resultado, se lo lleva detenido.
En secuencia posterior, nuestro personaje entra en una sala de juego y, de forma casual, apuesta y gana tres veces jugando al 13; la banca llama a la policía y, pura escena de “slapstick”, se suceden atropelladamente las carreras y encontronazos; Harold no sólo sortea admirablemente a los agentes sino que les toma el pelo de diversas maneras y a la par muestra su ignorancia de cuestiones elementales; en un momento, se coloca detrás de un policía en la persecución y otro se coloca a su vez detrás de él; cuando éste se da cuenta levanta la porra para darle el golpe pero... Lloyd se quita de en medio tan oportunamente que quien sale tocado es el primer policía.
De la mano a la boca
Del mismo modo, en De la mano a la boca (From Hand to Mouth, 1919), la policía tiene una activa actuación, lo que no impide cuestionarla en su incompetencia o ignorancia. Un hombre recoge una billetera del suelo y Harold lo persigue con un madero en la mano; al llegar junto a un policía, Lloyd le sacude y larga el madero a su perseguido; la ignorancia del policía hace que detenga a éste mientras el perseguidor se hace con la billetera. Será seguido por otros “polis” mientras recurre a diversos agujeros situados en el acerado de la esquina de un edificio para esconderse; aparece y desaparece por cada uno de los dos huecos; la astucia de Harold y la incompetencia de los guardias le permite escapar por agujero bien distinto a los utilizados por los agentes según su engaño anterior.
Aún más, cuando el joven quiere rescatar a su amiga secuestrada, no se le ocurre mejor idea que avisar a la policía. El primer agente no quiere saber nada de nada; el segundo al que recurre, está hablando por teléfono y se desentiende de la situación; el tercero, que conversa con una dama, se hace el desentendido; en el colmo de la irritación, propina la patada en el trasero a uno, en la espinilla a otro, un ladrillazo al tercero. Insatisfecho todavía se lanza contra la comisaría y rompe los cristales del ventanal, lo que aprovecha para enzarzarse contra la nariz de un oficial. Los agentes burlados y la cuadrilla de refuerzo se lanzan en su persecución, pero su ineficacia y atolondramiento les hace pasar de largo por donde se encuentra Harold indicándoles el camino. Los polis ignoran algo más que la astronomía y la composición de un soneto. Escenas semejantes pueden encontrarse en Salgan y entren (Get out and get under, 1920) donde Harold, con su flamante automóvil, marea a una motorizada policía cuya competencia y lucidez brilla por su ausencia sea en el campo o en la ciudad. Ni las averías del vehículo, ni los mirones que le acosan, niños o perros, ni los patosos agentes sobre dos ruedas, impiden que “Gafitas” llegue a tiempo para representar la obra en el teatro principal.
El Tenorio tímido
Otros elementos de las películas de Lloyd nos llevan a situaciones, personajes, objetos, animales, inmersos en el mundo poético de Yo era un tonto... En El Tenorio tímido (Girl Shy, 1924), Harold trabaja en la tienda de su tío como aprendiz de sastre; como es tartamudo, cuando se atranca, hay que tocar un silbato (el del cartero, el del tren) para que siga hablando. Al solicitar una conferencia telefónica, la locutora no entiende a Lloyd, por lo que le comenta su compañera: “La línea de Little Bend borbotea como una lancha a motor”. Ahora, montado en una moto, en alocada carrera, lleva una gallina en el hombro y otra en el manillar (excelente imagen para construir entre los Residentes un par de anaglifos donde la gallina ya estaba presente); el pequeño vendedor de periódicos le saluda con un “¡Adelante bujía de encendido!”.
Más tranquilo ya, “Gafitas” se sienta con la chica en la orilla del río; de pronto, su asiento se desplaza, se desplaza, se desplaza, ¡y es que se ha sentado sobre una gran tortuga! El título castellano del film combina un sustantivo de marcada significación con un adjetivo que se contrapone y lo reduce. Y es que Harold es escritor de historias amorosas donde Donjuanes y Tenorios son héroes admirados en franca contraposición a la timidez de su autor. En la editorial no se toman en serio su libro, por lo que deciden publicarlo como un libro de humor bajo el sugerente título de “Diario de un bobo”. Todavía más, si se trata de medir el tiempo, nada mejor que un reloj; el mueble existente en la sastrería de su tío dispone de uno, magnífico a cuya esfera… ¡le faltan las agujas! Difícil modo de saber la hora.
Coda
Alberti acaso halló allí, en la literatura, o acá, en la pantalla, algunos motivos para sus “ángeles” o sus “tontos”. Queremos señalar con ello que, más allá del paralelismo entre películas/poemas, es de una cierta cosmovisión y de un determinado clima personal de donde el poeta portuense se nutrió a la hora de dar rienda suelta a su imaginación; así, estableció una escritura poética cuyos personajes y situaciones procedían de una heterogénea filmografía vinculada al régimen de lo cómico.
Bibliografía consultada o citada
Alberti, Rafael, Poesía, Ed. L. Gª Montero, J. Siles, J. Mª Balcells, Aguilar Seix Barral
Alberti, Rafael, La arboleda perdida, Alianza Ed.
Alberti, Rafael, Prosas encontradas, Ed. Robert Marrast, Seix Barral
Alberti, Rafael, Sobre los ángeles. Yo era un tonto y lo que…, Cátedra. Ed. C.B. Morris
Arconada, César M., Tres cómicos del cine, Castellote Editor
Carroll, Lewis, Alicia en el País de las Maravillas. A través del Espejo. Ed. de Manuel Garrido, Cátedra
La Gaceta Literaria (1927 /1932), Edición facsímil. Ed. Topos Verlag / Turner
Morris, C.B. La acogedora oscuridad: el cine y los escritores españoles. 1920-1936. Filmoteca de Andalucía.
Pérez Merinero, Carlos y David (Ed.), En pos del cinema, Cuadernos Anagrama
Utrera Macías, Rafael, Literatura cinematográfica, cinematografía literaria, Alfar
Utrera Macías, Rafael, Poética cinematográfica de Rafael Alberti, Fundación el Monte.
Ilustración: Harold Lloyd, momentos antes de arrojar, desesperado, la máquina de escribir por la ventana, en Hacia Broadway (1919), de Hal Roach.