Pelicula:

C I N E   E N   S A L A S

En el cine de terror moderno, el de este siglo XXI, se podrían establecer varias clasificaciones, pero hoy queremos hacer dos grandes grupos que, nos parece, simplifican razonablemente bien las dos tendencias generales. El primero de esos grupos sería el de las franquicias de terror, películas que han tenido un cierto (o más que cierto…) éxito y que por ello se prolongan en varias secuelas, en las que generalmente de lo que se trata es de dar más de lo mismo o, en el mejor (peor…) de los casos, rizar el rizo y hacer aún más extremosos los puntos más llamativos del producto inicial. Estamos hablando, por ejemplo, de la franquicia iniciada con Expediente Warren: The conjuring, que va ya por cuatro entregas, la que comenzó con Saw, que va ya por diez films, o aquella que empezó con The Purge: la noche de las bestias, que a día de hoy lleva ya seis entregas, además de una miniserie; hay otras muchas franquicias, pero tampoco es cosa de aburrir… 

Hay un segundo grupo, mucho más interesante a nuestro entender, que sería el de las películas que parten de premisas originales, que no buscan provocar el asco o la náusea en el público, ni tampoco el susto banal apoyado en el correspondiente leñazo musical, sino que busca crear atmósferas sutilmente siniestras, sugerir antes que mostrar, sabedores sus creadores que el terror más absoluto no es el que se ve sino el que se imagina en la mente de cada espectador. En este grupo encontraríamos films ciertamente notables, además en buen número: la reciente Weapons, la oscarizada Los pecadores (confirmando con ello que terror original y comercialidad no están reñidos), o las no menos interesantes It follows, Hereditary, Babadook, Déjame entrar (la versión escandinava, no la yanqui), Descansa en paz, Llega de noche, La llorona… la lista es larga y estimulante.

Pues nos tememos que esta Hokum que comentamos anda a caballo entre esas dos tendencias, la del cine original que busca la creación de atmósferas aterrorizantes, pero también, lamentablemente, la del que incurre, de vez en cuando, en los sustitos correspondientes para que el espectador bote en la butaca. 

La historia se ambienta en nuestro tiempo. Conocemos a Ohm Bauman, famoso escritor norteamericano que está buscando el final de una trilogía millonaria, sobre un conquistador acompañado de un niño en busca del correspondiente Eldorado… Pero tras creer haber visto el fantasma de su madre (que murió siendo él niño, al disparar el pequeño accidentalmente el arma de su padre), decide ir a esparcir las cenizas de sus progenitores al hotel donde ambos estuvieron en su luna de miel, en la Irlanda profunda, donde también intentará terminar su novela. Ya allí, se entera de que, en el hotel donde se aloja, la suite nupcial está cerrada desde hace muchos años, por orden del viejo y siniestro dueño del establecimiento, por, supuestamente, estar habitado por una bruja a la que el carcamal encerró décadas atrás. Conoce también a Fiona, una de las empleadas, que le habla del tema, y a Jerry, un vagabundo, que le alerta de que las setas de la zona son psicotrópicas, y su consumo abre la mente para ver lo que normalmente no se ve…

Damian McCarthy (County Cork, Irlanda, 1981) es un cineasta que se ha especializado desde sus inicios en el género del terror, al parecer al aficionarse al tema siendo niño en la tienda de alquiler de vídeos VHS que tenía su padre (no sé si esto se puede considerar una crianza precisamente ejemplar…). Empezó a rodar cortos muy pronto, con solo 22 añitos, con buen pie, recibiendo premios en diversos festivales. Dio el salto al largometraje hace relativamente poco tiempo, justo el año de la pandemia, con el personaje de un vagabundo amnésico como protagonista del film Caveat (2020), y posteriormente hizo Oddity (2024), sobre el tema de los muñecos que cobran vida, en una historia en la que una mujer medio ciega tendrá que averiguar por qué murió su hermana gemela. Ahora McCarthy vuelve al mismo universo que viene cultivando en sus largos, la Irlanda rural, para contarnos esta historia con temática “casa embrujada”, en su variedad “habitación embrujada”, con una suite a la que no se debe entrar, aunque (los espectadores lo sabemos desde el principio…) el prota entrará, y con ello asistiremos a los horrores de los que el público adicto tanto gusta… Hasta ahí bien, y es cierto que McCarthy, sobre todo en la parte final del film, da en la tecla en varias escenas, en las que crea una atmósfera de creciente terror, a base de elementos sutiles (por ejemplo, el velo translúcido que cubre los laterales de la cama en la que el prota se protege mediante un círculo de tiza, lo que hace que los horrores que quedan fuera aparezcan velados), que sugestivamente ponen al espectador el corazón en un puño. Pero no siempre brilla a igual altura, y sobre todo durante el planteamiento y el nudo, se incurre en el tópico error de los sustos inesperados, siempre con rostros monstruosos que aparecen donde se supone que no había nada, algo ya bastante viejo, tópico y sobado. 

Así las cosas, queda una película resultona, irregular, con cosas de interés y otras no tanto, con un guion en el quedan flecos por aclarar, hasta que el protagonista pueda redimirse de su trauma infantil, ya comentado, y, con ello, enderezar una vida torcida que, en su literatura, tendía hacia historias en las que la infancia era la víctima, obviamente como trasunto de su propia existencia, en una bastante obvia lectura psicologista. 

McCarthy, entonces, en nuestra opinión, presenta buenas cartas de presentación en el género, pero deberá aprender que es mucho mejor aterrorizar sin mostrar, como hace a ratos en su película, que intentando provocar un infarto a su público; menos mal que, al menos, no es de los que cree que el terror tiene algo que ver con provocar náuseas al espectador…

A la cabeza del reparto aparece Adam Scott, que se ha ganado un nombre como actor sobre todo en la exitosa serie Separación (Succession), un actor al que, sin barba (que aquí sí luce), le vemos cierto parecido físico con Tom Cruise, y un actor que aquí consigue hacer adecuadamente odioso a su personaje, un escritor tan amargado que, como suele ocurrir en estos casos, se ceba en los pobres diablos haciéndoles ver que lo son, y que, canallescamente, considera que humillar y vejar a los demás es, como cantaba Sara Montiel del fumar, “un placer genial, sensual…”.

(22/05/2026)


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107'

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Hokum - by , May 22, 2026
2 / 5 stars
Redención con sustitos