Rafael Utrera Macías

En la etapa americana (1947–1963), el amplio epistolario cernudiano expone factores relativos tanto a su vida cotidiana como a la académica, con abundantes referencias a publicaciones recibidas o leídas, a la creación y edición de sus poemas; el comentario cinematográfico constituye tema habitual, mencionando el título visto y aconsejando o desaconsejando su visión. Tales referencias las repite el poeta, con idéntico contenido y semejante forma, a cada uno de sus habituales receptores, Concha de Albornoz, Sebastian Kerr y Mª Dolores Arana.

¿Qué es y qué representa para Luis Cernuda el cine en este periodo? Un espectáculo capaz de rellenar su ocio, una costumbre necesaria, un antídoto para la depresión: “Sin la diversión cinematográfica, ya supondrás que me falta bastante” (Cernuda 2003: 1073) le escribe a Arana.

Este Cernuda, espectador, ha modificado su interés por las cinematografías: la norteamericana ha dejado de ser su favorita (aunque se interese por la comedia sofisticada y el film de larga duración) mientras que la europea (francesa, griega, inglesa, alemana) se ha convertido en su predilecta; tales películas son  perseguidas y buscadas en las distintas salas estadounidenses o mejicanas; este cine, entre 1950 y 60, alterna entre el realismo clásico y la narrativa tradicional, Clair, Tati, Losey, Fellini, Visconti, Dassin, Autant-Lara, extensivo a cualquiera de los géneros, y los derroteros de las nuevas olas representados por Truffaut, Bolognini, Chabrol, Bourgignon, Vadim, etc., donde la oveja negra es, para nuestro poeta, Alain Resnais. De otra parte, dice guardarse siempre de las películas españolas y mejicanas, incluida la adaptación galdosiana dirigida por Buñuel, Nazarín, “que ahora pasan aquí” (Cernuda 2003: 772), según escribe a Kerr desde Coyoacán.

De entre más de cuarenta películas citadas, el nombre del director entendido como “autor” del film sólo circunstancialmente la registra el escritor; constituyen excepción Ingmar Bergman, Vittorio de Sica, Alfred Hitchcock y Roberto Rossellini, mencionados como directores / realizadores de Como en un espejo, Dos mujeres, Los pájaros y El general della Rovere

Los actores, y ahora las actrices, siguen siendo uno de los mayores atractivos del espectáculo y a ellos dedica Cernuda atención y, puntualmente, elogios: Charlton Heston, Rock Hudson, Paul Newman, Jean-Pierre Léaud, Vittorio de Sica, Cantinflas, Antonio (bailarín español), Hardy Krüger, Sofía Loren, Gina Lollobrigida, Vivien Leigh, Shirley MacLaine, Audrey Hepburn, Joanne Woodward, Ludmilla Tchèrina, Jeanne Moreau, etc. 

Los adjetivos se utilizan en función del trabajo interpretativo desempeñado o en el carácter de sus atractivos personales; Melina Mercouri siempre es catalogada de “excelente”, Jacques Tati de “encantador” y “prodigioso”, Micheline Presle le gusta “allure”, Elsa Martinelli y una desconocida Geneviève Page (princesa Urraca en El Cid), por sus encantos varios. De entre todos, Cernuda se admira con Warren Beatty, “el nuevo furor de Hollywood” y con Jean Sorel, “francés... muy atractivo”.

Los valores temáticos, cómicos, interpretativos, provocadores, permiten aconsejar a sus amigos títulos como Boccaccio'70, Fedra, Los domingos de la villa d'Avray, entre otras; por el contrario, son duramente criticadas El Cid: “latazo infinito”, Dos mujeres,“deprimente, sórdida...”, y El año pasado en Marienbad, “churro, pretencioso, pedantesco e increíblemente aburrido” perpetrado por el mismo director de aquel “increíble latazo de Hiroshima, mon amour.


Filmografía selecta del espectador Cernuda

Hemos seleccionado a continuación títulos vistos por Luis Cernuda con el fin de analizar ciertos aspectos temáticos y estilísticos que, posiblemente, le interesaron de ellos: Boccaccio’ 70 (Fellini, Visconti, De Sica, 1960), Los domingos de la Villa D´Avray (Serge de Bourguignon, 1961) y Lawrence de Arabia (David Lean, 1962). 


 


Boccaccio’ 70 (Fellini, Visconti, De Sica)

Boccaccio’ 70 (Fellini, Visconti, De Sica, 1960), con Romy Schneider, Sofía Loren y Anita Ekberg, fue calificada por nuestro poeta como “divertidísima”. Se compone de tres episodios en torno al modo italiano de resolver ciertas cuestiones relacionadas con el sexo:


En "Las tentaciones del doctor Antonio", Fellini presenta a un ciudadano romano obsesionado por la moralidad y su reacción cuando, ante su casa, instalan un enorme cartel publicitario donde una opulenta Anita Ekberg anima al consumo de leche; el carácter onírico del final conlleva un efecto de animación donde el personaje sale del anuncio para divertir a la concurrencia mientras el puritano Antonio se desespera con el escándalo que, para él, conlleva.  

En "La rifa", de Sica ofrece al ganador un premio: ni más ni menos que Sofía Loren; la feria popular y el ambiente pueblerino, el tono jocoso antes que lascivo, ofrece una historia donde la diversión viene de dentro y salpica al de fuera y en el que el humor vertebra la narración sin limitaciones. 

En "El trabajo", Visconti, basándose en un relato de Mauppassant (Al borde del lecho), ofrece las desventuras de un matrimonio aristócrata donde la continuada aventura prostibularia del marido se enfrenta a la habitual desolación y aburrimiento de la esposa; la posibilidad de ejercer un trabajo como paliativo a su posición y estado se resuelve actuando para su esposo como una prostituta más y, en consecuencia, cobrando sus servicios según corresponde; la rosa en una mano, el cheque en la otra. 

Fellini satiriza “la moral fascista residual de la época contemporánea, dirigida hacia una de sus manifestaciones más hipócritas: la censura” (Pedraza / López :122), aunque tampoco se priva de ciertas incursiones psicoanalíticas. De Sica, partiendo del más puro realismo, transforma en acerba poesía la alienación personal y la confronta con la actuación colectiva. Visconti, al mostrar la relación o “representación” de Ottavio y Pupe, incide en sus temas favoritos: la relación amorosa y sexual siempre está contaminada por elementos ajenos a la misma; a su vez, la descomposición de la pareja incide en la propia descomposición de la familia. 


Los domingos de la Villa D'Avray

La francesa Los domingos de la Villa D'Avray (Serge de Bourguignon, 1961), con Hardy Krüger, Nicole Courcel y Patricia Gozzi, fue, en palabras de Cernuda, “la película mejor que he visto en esta temporada”. Es la historia de un joven aviador y de una niña, Françoise (Cybéle), que ha sido abandonada por su padre en un internado; la relación entre el hombre y la muchacha se plantea dentro del afecto más puro y, al tiempo, en situación social difícilmente explicable porque no está basada en el amor, ni en la amistad propia de adultos, ni en la hipotética relación paterno-filial; es algo más y bien distinto de todo ello. Para Julián Marías, “esa relación incompleta, penúltima, deficiente en cada uno de los órdenes, explicada por ciertas anomalías de su situación y de la misma condición de las dos personas implicadas, hace que se desprenda y sustantive lo que es – lo que puede ser- un ingrediente esencial de todas esas relaciones y de otras muchas: la ilusión” (Marías 1970: I: 428). 

Acaso esa ilusión que Cernuda encontró en los hijos de los Altolaguirre (a quienes llevaba al cine y al colegio con frecuencia) y que expresó en los poemas a ellos dedicados: “Animula, blandula, glandula” (inspirado en una conversación con su tocayo, el pequeño Luis) y “Hablando con Manona” (poema para Paloma Ulacia) donde le pregunta “¿Está bien, te parece / Manona, Manonita, / Que el cariño no sea / Para toda la vida? / Y así / Tú estés ahí / Y yo esté aquí?” (Cernuda. Poesía: 498, 520).

Ilustración: Una imagen de Douglas Fairbanks.

Próximo capítulo: Generación del 27. Cernuda cinéfilo. Lawrence de Arabia. Divorcio a la italiana (VIII)