Pelicula:

C I N E   E N   S A L A S

El universo Star Wars parece tender, como el universo a secas, hacia la expansión infinita, o al menos indefinida, como el Big Bang. Tras su estreno en los años setenta de la primera entrega (que en el discurrir de la historia que se contaba realmente era la cuarta), titulada sandungueramente en España La guerra de las galaxias (1977), cuya recaudación multiplicó por 70 (sí, no hay errata: setenta…) su presupuesto, se sucedió una primera trilogía, cerrada en 1983, para retomar el tema con una segunda trilogía ya a finales del siglo XX, con La amenaza fantasma (1999), también con gran éxito comercial aunque inferior crítico. La tercera trilogía, iniciada por El despertar de la fuerza (2015), aceleró tanto las cuantiosas ganancias como el progresivo descrédito crítico de la saga. En ese sentido, no ayudaron los “spin-offs” cinematográficos, que menudearon en exceso, como Han Solo: Una historia de Star Wars.

Pero en cualquier caso es evidente que el universo Star Wars forma parte indisoluble desde hace casi medio siglo de la cultura popular; personajes como el mentado Han Solo, Luke Skywalker, la princesa Leia, los androides C3PO y R2D2, y no digamos el malo por antonomasia, Darth Vader (con aquella famosa frase que se ha incorporado al imaginario popular, mayormente en su vertiente guasona: “Yo… soy… tu padre…”), son conocidos por todo el mundo, en mayor o menor medida, aunque (caso improbable…) no se haya visto ni una sola de las pelis de las tres trilogías.

La franquicia pertenece a Disney desde que compró en 2012 Lucasfilm, la productora de George Lucas dueña de la saga. Desde entonces la Casa del Ratón ha buscado rentabilizar la muy importante inversión realizada en esa compraventa (más de 4.000 millones de dólares, que se dice pronto…), y algunas de sus iniciativas han salido peor, como la tercera trilogía y los “spin-offs” cinematográficos, pero otras se han saldado con éxito comercial y crítico, como la serie The mandalorian, situada cronológicamente unos años después de El retorno del Jedi, en la que el protagonismo recaía en un nuevo e interesante personaje, un cazarrecompensas, Mando, al que le encargan capturar a Grogu (de la estirpe de Yoda, para situarnos…), bebé de 50 años (en esa especie la infancia se prolonga quizá demasiado…), pero el supuesto mercenario decide salvarlo y lo adopta.

Aquella serie, que tuvo tres temporadas, desemboca ahora en este film para pantalla grande, The Mandalorian and Grogu, con la intención de trasladar ese nuevo microcosmos (perfectamente reconocible como perteneciente al universo Star Wars) al cine, y, de tener éxito, hacer una trilogía sobre estos dos sugestivos personajes, tanto el mandaloriano que, a pesar de ser un mercenario, se rige por un estricto código de honor que protege al desvalido en contra de los avasalladores poderosos, como el pequeño Grogu, que es como ver a Yoda con 500 años menos…

Vemos en la película como Mando, el mandaloriano, es contratado por la Nueva República para que ayude a los siniestros gemelos Hutt (que son como babosas de tamaño hipopótamo), dos déspotas que gobiernan con mano de hierro su reino, a rescatar a su sobrino, Rotta, al que secuestró Lord Janu, quien lo mantiene preso en otro planeta enfrentándolo a gladiadores a los que siempre vence, con la esperanza de quedar libre tras un último combate, según le ha prometido su captor. Pero cuando Mando llega hasta Rotta, éste se niega a ser rescatado argumentando que tras ese último combate quedará libre, sin saber que Janu le va a traicionar. Capturado por Janu, Mando se ve obligado a luchar en la arena del circo contra Rotta, pero, tras derrotarlo, no lo mata sino que se rinde, para que éste vea que él realmente está de su parte…

Jon Favreau, el director y productor del film, es un bragado cineasta (también actor) que tiene en su haber sobre todo películas de acción y ciencia ficción, como la trilogía iniciada con Iron Man (2008), quizá el más carismático de los Vengadores de Marvel. No es un cineasta exquisito ni estiloso: lo suyo es contar sus historias sin florituras, a veces también con cierto desaliño, pero suele hacer productos resultones que no insultan a la inteligencia del espectador. Aquí es cierto que hay algunos problemas con el movimiento digital no solo de Grogu, sino también de unos seres que parecen el resultado de un improbable cruce entre los Minions y los Gremlins, llamados Anzellans, una especie de mecánicos espaciales de tamaño bolsillo, cuyos movimientos también resultan bastante extraños, como si no hubieran sido bien animados, lo que en una producción de 165 millones de dólares (fuente: The-numbers.com) es bastante sorprendente. También hay algún problema de caída del ritmo narrativo y de metraje redundante, sobre todo en la parte de la selva, con Mando fuera de combate y Grogu a los mandos, en unas secuencias que se hacen eternas… 

Pero el conjunto funciona razonablemente bien, sin que sea para tirar cohetes (qué propio esta frase hecha, dada su adscripción al género de la ciencia ficción…). Hay un regreso al universo Star Wars, en uno de sus “spin-offs”, el de The mandalorian, más afortunados de los últimos tiempos, y hay también como un premeditado y agradable batiburrillo de escenas que remiten directamente a la cultura popular más asentada en el imaginario del público, desde la pelea en el “saloon” de los wésterns a las luchas de los gladiadores en el coliseo, o la figura del cazarrecompensas, clásica también en las pelis del Oeste, o las luchas entre los cazas espaciales de facciones enemigas, en este caso todo un clásico de la propia saga Star Wars. Hay también (y quizá esto sea un cierto defecto) demasiados muñequitos, como el propio Grogu y los mentados Anzellans, que confieren al film, a ratos, una apariencia como de vuelta a aquellos peluchitos, los Ewoks, que aparecieron por primera vez en El retorno del jedi (1983), y que llegaron a tener su propia película, La aventura de los Ewoks. Eso por no hablar de los numerosos monstruos, más bien poco amistosos, a los que nuestros protagonistas habrán de enfrentarse…

De todas formas, como decimos, la peli se deja ver con agrado, aunque le sobre un cuarto de hora; ese regreso a un universo que conocemos como la palma de la mano es siempre gratificante, y las ideas-fuerza que envía al espectador (entre otras, la defensa a ultranza del desvalido y la lucha a todo trance contra el mal, contra el Mal), llegan nítidamente a éste, sin interferencias ni coartadas exculpatorias de los malos, como tan frecuentemente ocurre en este siglo XXI.

La verdad es que Pedro Pascal tiene aquí mayormente trabajo de voz, porque lo que es la cara (y, consecuentemente, el cuerpo…) solo se le ve algo así como un minuto (y estamos exagerando…), por aquello de que los mandalorianos no deben dejar ver el rostro. Sigourney Weaver, en un papel corto pero bien resuelto, pone adecuadamente el tono de autoridad del alto mando de la Nueva República. Y Martin Scorsese le pone voz a un parlanchín y manoteante mono de cuatro brazos, no sé si en una metáfora de su incesante actividad como director y productor, a pesar de su provecta edad, 83 años cuando se escriben estas líneas.


The Mandalorian and Grogu - by , May 25, 2026
2 / 5 stars
Star Wars como el Big Bang