Serie: La casa de papel. Berlín y la dama del armiño

ESTRENO EN NETFLIX


El éxito creciente de las 5 temporadas de La casa de papel (2017-2021) (en lo sucesivo LCDP, para abreviar), que se convirtió en la segunda serie (en idioma distinto al inglés) más vista en toda la historia de Netflix, solo por detrás de El juego del calamar, catapultó a su creador, Álex Pina, a la cima del fenómeno series. Ello le ha supuesto, evidentemente, una libertad creativa de la que anteriormente no disponía, pero también ha conllevado que los posteriores productos de su compañía Vancouver Media tiendan, casi sin proponérselo, a reeditar aquel éxito inenarrable, con frecuencia poniendo en funcionamientos los mismos recursos que ya utilizó en su primera y triunfal serie. Y ello tiene la relativa ventaja de que el espectador sabe qué se le va a dar, pero también el inconveniente de que ya es difícil sorprenderlo, porque además se juega con parecidos giros de guion, y también con el manido recurso de, ante una situación desesperada, encontrar la solución en un "flashback" que, oportunamente, nos muestra cuál es la salida que la mente privilegiada de turno ya tenía preparada para resolver la situación.


Demasiado artificial, entonces, tanto el anterior “spin-off” de LCDP, titulado Berlín, como este que añade el remoquete de La dama del armiño, por ser esa, la famosa pintura de Leonardo, la obra de arte a robar (o no… esto parece un diálogo de gallegos…), sin que ello quiera decir que carezca absolutamente de cualidades, porque las tiene, aunque claramente por debajo de la original LCDP.


La historia se inicia en San Sebastián, donde Berlín y Damián, los jefes de la banda que dieron el golpe anterior en París, dan vueltas sobre cuál va a ser su próximo robo. Damián quiere robar cajas de seguridad de Marbella, pero a Berlín le parece muy prosaico… En una fiesta exclusiva (aquí todo es exclusivo…), Berlín se siente atraído por una misteriosa dama que resulta ser la duquesa de Málaga, con palacio- en Sevilla, quien le cita en su “cuchitril”; cuando Berlín acude pensando en una aventura erótica de las que tanto le gustan, se encuentra conque la duquesa le ha tendido una emboscada para que tenga que entrevistarse con su marido, quien, con dinero que le sale por las orejas, y conocedor de la fama que arrastra de ladrón de altos vuelos de botines imposibles, le encarga que robe para él la famosa Dama del armiño, el cuadro de Leonardo. Berlín acepta en principio, pero, contrariado por los modos fatuos del noble, decide que en realidad lo que va a hacer es robarle el dinero negro que intuye mantiene en una caja fuerte cuyo paradero desconoce… todavía…


La serie está compuesta de 8 episodios, y según el propio Pedro Alonso, que interpreta al carismático personaje de Berlín, será la última vez que lo haga delante de una cámara, por lo que, si cumple su palabra, Álex Pina y Esther Martínez Lobato, los creadores del audiovisual, tendrán que buscar otro “spin-off”… aunque lo cierto es que, ante la caída de interés de esta serie con respecto a la original LCDP, es casi lo mejor que le podía suceder…  


Berlín y la dama del armiño se ambienta casi monográficamente en Sevilla, y lo cierto es que consiguen transmitir la belleza de la ciudad, sacando partido de los numerosos puntos con encanto de la urbe, aunque también que con una utilización tan profusa de los monumentos de la ciudad a ratos se llega al uso y abuso… pero habrá que convenir que "no por mucho trigo es mal año", y que, acostumbrados a veces al regodeo en la fealdad, que una serie “abuse” de la belleza, hasta se lo agradecemos (sobre todo si tenemos la suerte de vivir en esa ciudad…). 


La serie juega, por supuesto, con sus cartas marcadas, como son el carismático personaje de Berlín, un seductor, con clase, un punto pícaro, siempre dispuesto a balancearse inverosímilmente en cualquier intriga que le resulte placentera y emocionante. También tendremos, como hemos comentado, algunas de las bazas habituales de LCDP y sus “spin-offs”, como los atracos inverosímiles, los “flashbacks” que explican cómo se sale de situaciones imposibles, y también algunas líneas argumentales amorosas, generalmente con los más jóvenes del grupo, aunque no solo con estos: también los más provectos tendrán ocasión de alegrarse las pajarillas…


Pero todo es como muy desmesurado, aquí el dinero se ve a espuertas, se aprecia que se ha gastado a manos llenas, deseosa Netflix, se entiende, de reeditar el bombazo de LCDP. Así, todo tiene que ser superlativo, como la fiesta de “no-boda” de Keila y Bruce, que parece casi una tomatina sin tomates, o la charla de apoyo psicológico que necesita tener Damián con Berlín, que normalmente se resolvería con unas cervezas en la barra de un bar, pero que aquí los dos se lo montan con un viaje, literalmente, alrededor del mundo, con localizaciones la mar de exóticas, y así todo… Parece como si la serie tuviera que dejar patente que se ha hecho con muchísimo dinero, y como todo nuevo rico, se jacta de ello con petulancia; esa no es forma de hacer un buen producto audiovisual, cuando constantemente están presumiendo de la mucha pasta que se han gastado en la serie…


Tampoco ayuda cierta tendencia, no excesiva, pero que está ahí, hacia los tópicos raciales sevillanos, con mucho rasgueo de guitarra, sobre todo cuando aparece el personaje de Candela, enteramente la tataranieta de Carmen, la de Merimée, pero que en vez de una faca en la liga lo que lleva es un bidón de gasolina para (casi) achicharrar al novio para que confiese que se acostó con su prima, en una escena sonrojante, con Berlín sonriendo arrobado ante un abyecto intento de asesinato con todos sus avíos, en un caso además donde el género, o el sexo (yo con estas cosas me lío…) es determinante: ¿imaginan la misma escena con el novio quemando la caravana de la novia para que confiese su infidelidad? Hoy día sería, afortunadamente, inimaginable, o al menos inimaginable que se aceptara con benevolencia, como hace aquí la serie. Pero cuando se invierten los términos, parece que la cosa ya no es tan evidente…


Por supuesto, aquí tendremos varios giros de guion, a veces incluso en el mismo capítulo, una de las marcas de la casa, pero que aquí se van haciendo ya bastante extravagantes y, sorprendentemente, a veces incluso previsibles. Tendremos también botines suculentos, y no solo el dinerario (que también: mantener el tren de vida que lleva esta gente no es barato…), sino también artístico, que para eso anda de por medio Berlín y sus “stendhalazos”, como dice Damián de su fascinación por la belleza artística: Rembrandt, Modigliani, Cezanne, Caravaggio, y rematado por Leonardo… vamos, todos de primero de taller de arte del distrito municipal…


El guion, que siempre había sido el fuerte de Pina y Martínez Lobato, aquí, a ratos, parece más bien una tormenta de ideas sin desbastar, tal cual se les ocurrieron. Las historias románticas funcionan más bien regular, con numerosas (y vacías…) digresiones sobre el amor, bastante falsas y artificiales, jugando con extravagancias y comportamientos erráticos, con frecuente recurrencia al “te quiero/no te quiero”, que es más antiguo que los balcones de palo, y teniendo estas líneas amorosas un peso específico superior al de anteriores series, a veces con una sensación como de relleno para cubrir los ocho capítulos pactados con Netflix. Pero, por supuesto, la serie tiene muy buena factura, con una puesta en escena elegante, incluso exquisita, de buen cine, aunque la historia que se nos cuente sea demasiado marciana.


Entre los aciertos habría que citar la curiosa secuencia de la aparición de Camille, el anterior amor de Berlín en París: al decirle él que aquel tiempo ya pasó, ella se lo recuerda con un sistema de lo más cultista, nada menos que con un cruasán recién hecho, como los comían ambos en la capital francesa, en una especie de guiño intelectual a la famosa magdalena de Proust, buscando, por la vía del placer del gusto, rememorar aquel tiempo en el que ambos fueron dichosos.


Pero el conjunto, ciertamente, decae con respecto a LCDP, e incluso al anterior “spin-off” sobre este personaje, y eso que el último capítulo, ciertamente, es notable, con varios “tour de force” con robos que se concatenan, yendo de esta forma el interés de menos a más. Los actores, en general, están bastante sobreactuados, exagerados, como casi todo en la serie, estando mejor los veteranos (Pedro Alonso, que le tiene pillado el punto a su Berlín, pero también Tristán Ulloa o Imma Cuesta) que los jóvenes, bastante menos solventes, quizá también porque sus personajes, con cuitas amorosas de lo más estrafalarias, no les permitían demasiado lucimiento.


(02/06/2026)


 


La casa de papel. Berlín y la dama del armiño - by , Jun 02, 2026
2 / 5 stars
Con alardes de nuevo rico