Serie: Terra Alta

ESTRENO EN MOVISTAR+

Javier Cercas se ha convertido en uno de los grandes escritores españoles del último cuarto de siglo. En general ha tenido suerte con las adaptaciones de sus obras al cine y la televisión: así, tras la interesante versión que hizo David Trueba de Soldados de Salamina, que fue su primera novela llevada a la pantalla, le han seguido otras igualmente entonadas, como El móvil, de Martín Cuenca, Las leyes de la frontera, de Daniel Monzón, Marco, de los Moriarti, y no digamos la estupenda miniserie Anatomía de un instante, del sevillano Alberto Rodríguez. Sin embargo, nos parece que con esta adaptación de Terra Alta, aún teniendo algunas virtudes, no ha tenido tanta suerte. Queda por saber si las otras dos novelas de la trilogía de Melchor Marín, tituladas Independencia y El castillo de Barbazul, serán también versionadas al audiovisual, aunque hay algunos indicios al respecto. 

Grabada en Barcelona y Tenerife, la miniserie consta de 6 capítulos de algo más de 40 minutos cada uno. La acción se desarrolla en nuestro tiempo, en la comarca de Terra Alta, en Cataluña, donde se descubre un horrible crimen, al aparecer en su mansión, bárbaramente asesinados y con señas de haber sido torturados, el anciano matrimonio Mas Adell, influyentes propietarios de la zona. De la investigación se encargan los “mossos d’esquadra” (policías autonómicos catalanes) Melchor Marín y Blasi. La historia se centra en Marín, del que nos enteramos, mediante los oportunos flashbacks, que ha tenido una infancia y juventud azarosa: hijo de una prostituta, ésta apareció un día asesinada, sin que se sepa quién ha sido el o los criminales. Melchor ya estaba entonces en la cárcel, donde la lectura de Los miserables, con el personaje de Jean Valjean, le dio la esperanza de poder redimirse, y el del inspector Javert la obsesión por vengarse de los asesinos de su madre. Un abogado maduro, que Melchor sospecha es su padre, y que se presenta como amigo de su madre, le ayudará, incluso (en lo que debe ser una licencia artística tamaño XXL…) le consigue un certificado de penales en el que está limpio de polvo y paja; con ello Marín consigue entrar en los Mossos. Vemos también como años después se verá implicado en el enfrentamiento policial contra los terroristas que atentaron en Cataluña en 2016, con decenas de muertos en Las Ramblas y varios más en Cambrils, donde fueron abatidos por un “mosso”… que Cercas hace que sea nuestro Melchor Marín, lo que también tendrá su relevancia en el desarrollo de la historia…

Como creador de la serie figura el guionista Eligio R. Montero, que tiene entre sus créditos algunos títulos de interés, como la animación Buñuel en el laberinto de las tortugas, pero también otros audiovisuales claramente inferiores, de corte alimenticio, productos de mero entretenimiento como las series Gran Hotel y Gran Reserva. Aquí parece que ha predominado esa parte suya más comercial, menos estimulante. De la puesta en escena se ha encargado el director Eduard Cortés, cineasta tan veterano como correcto artesano, pero poco más. El resultado es más bien regularcito, un audiovisual rodado con profesionalidad pero de forma impersonal, con frecuencia rutinaria, hecha con oficio pero sin alma, no pareciéndonos que recoja para nada el espíritu de la novela de Cercas, quedándose en la cáscara, en la peripecia de intriga y el “whodonit”, el mero “quién lo hizo”, en una adaptación pulcra pero sin brillo.

Hay algunos apuntes de interés, como la denuncia del diferente trato que la sociedad da a los ricos y pobres incluso en la muerte, con el muy distinto tratamiento de las exequias de los dos ricos asesinados y de la igualmente masacrada criada rumana (matada alevosamente en el mismo acto porque estaba allí y no podían dejar testigos…), una víctima que a estos efectos resulta invisible, como si no la hubieran asesinado de forma igualmente bárbara, pero ese tipo de apuntes apreciables escasean. 

Hay errores de concepto que son de bulto, como la más bien marciana idea de poner en marcha una “operación jaula” diez horas después de haber sucedido los asesinatos, con lo que los matarifes podrían estar ya a mil kilómetros, por lo menos… También resulta chocante (aunque esto ya aparecía en la novela de Cercas, y era bastante cuestionable…) que un chico que ha estado en la cárcel pueda entrar en los Mossos d’Esquadra como si nada, con un certificado de penales más falso que Judas. Según esto, en las oficinas de los Mossos, ¿trabajan todavía con manguitos y máquinas de escribir Underwood? 

Tiene la miniserie errores garrafales, como de producto apresurado y rutinario, como varios seguimientos que hace el protagonista de distintos sospechosos, en coche y como a quince metros, a veces por medio del campo, como si no fuera más que evidente ese acecho para el vigilado, sin que éste se entere de nada… Tampoco ayuda el hecho de que las escenas de acción estén hechas con muy poca convicción, no se ven reales, ni tampoco la abundancia de subrayados ramplones, como poner en primer plano un móvil y al fondo a la mujer engañada, que ya sabemos que, lógicamente, va a cogerlo y espiarlo. 

Todo resulta entonces elemental, en una miniserie con correcta factura pero rutinaria exposición de una historia interesante, pero que carece de introspección, desaprovechando la profundidad dramática de la novela; aquí todo gira en torno a quién lo hizo, pasándose como de puntillas por la vida anterior de Melchor, que marca su vida actual. Parece una historia contada con desgana, en la que faltan las claves humanas esenciales del texto literario; y es que es una versión muy reduccionista, no hay profundidad en los personajes ni en la trama; en lo tocante a los actores, el protagonista, Miguel Bernardeau, nos parece un error de casting de libro, haría falta alguien con más enjundia para este personaje que, recordemos, ha tenido un pasado penitenciario y ha sido el policía que se enfrentó (y los abatió) a los terroristas de Cambrils. Pues Bernardeau, que por lo demás ha demostrado que es buen actor (véase la miniserie Querer, donde estaba estupendo), nos parece un poco papafrita para este rol que no es cualquier rol… Pero no solo él falla; al resto (salvo, quizá, Pere Ponce, que ha envejecido estupendamente) le falta convicción, que se crean lo que nos están contando. Tampoco ayuda que en la pareja sentimental que supuestamente componen Bernardeau y Marta Etura no haya química alguna, y no por la diferencia de edad: sencillamente, no nos creemos que sean pareja, porque en ningún momento transmiten esa sensación.

(08/04/2026) 


Terra Alta - by , Apr 08, 2026
1 / 5 stars
Entre Jean Valjean y el inspector Javert