ESTRENO EN FILMIN
Dolores Redondo es una escritora española que saltó a la fama por la Trilogía del Baztán, una serie de novelas ambientadas en el navarro valle del Baztán, que combinaba acertadamente la intriga policíaca con los traumas personales de la inspectora protagonista, en un sugestivo entorno natural en el que lo mágico, lo telúrico, tenía singular importancia, una trilogía que fue llevada a la pantalla por Fernando González Molina. Posteriormente Redondo ganó el Premio Planeta con su novela Todo esto te daré, que cambiaba el entorno boscoso de la Navarra ancestral por la comarca gallega de la Ribeira Sacra, de reconocido prestigio enológico. Curiosamente, esa novela ha sido adaptada al formato serie no en España, sino en Francia, a través de la empresa pública France Télévisions en compañía de otras productoras del sector privado.
La serie, de 6 capítulos, traslada la acción desde la Ribeira Sacra original a la Provenza francesa, donde conocemos a Manuel Ortigosa, escritor de obvio origen español pero afincado en el país galo, donde ha ganado el prestigioso Premio Goncourt. Manuel está casado desde hace 12 años con Aymeric Fabre de Castelmore; cuando le comunican que su esposo ha muerto en accidente de tráfico en la Provenza, le llega también otra noticia que le conmociona: Aymeric le había ocultado durante todos esos años que se había hecho cargo de los negocios de su familia, un aristocrático clan muy influyente en la zona. Cuando Manuel acude a la mansión de los parientes de su esposo se encuentra con un ambiente gélido: ellos tampoco sabían de su existencia ni de su vínculo sentimental y legal con Aymeric. Pero cuando el notario abre el testamento y da a conocer que Manuel es el único heredero de sus bienes (que son, en esencia, los de la familia), la gelidez da paso a la incredulidad y a la furia. Manuel, en principio, quiere renunciar a la herencia, pero le llegan noticias fundadas de que la muerte de su marido pudo no ser accidental, así que se lo piensa mejor, al menos hasta que averigüe qué ocurrió realmente en ese supuesto accidente...
Pascal Fontanille, Françoise Charpiat y Karine Lollichon se han encargado de escribir los guiones de los 6 capítulos, actuando como creadores de la miniserie, siendo Nicolas Guicheteau quien los ha dirigido. Los creadores son ya veteranos guionistas que a veces trabajan juntos y otras por separado, prácticamente siempre en el universo televisivo y con frecuencia en miniseries como ésta. Guicheteau, por su parte, tiene también ya una amplia carrera como realizador, aunque, al igual que los creadores, tampoco ha hecho ningún título especialmente relevante. A la vista de este nuevo audiovisual, Todo esto te daré, nos parece que tampoco en este caso van a dar la campanada como autores.
Porque la miniserie, que ciertamente se deja ver, porque está hecha con cierto empaque, no aporta nada nuevo ni es nada más que una adaptación, pulcra, sin aristas ni alma, de la novela de Redondo, un trabajo profesional pero rutinario que, desde luego, no es de lo mejor que ha hecho France Télévisions, que no es que sea la BBC, pero ciertamente debería cuidar un poco la solvencia de sus producciones.
Presenta la serie, ciertamente, una filmación correcta y podría decirse incluso que vistosa, aunque también bastante impersonal y anodina. Juega casi desde el primer instante con el desprecio homófobo de la familia del difunto hacia el marido del protagonista, incluso acentuando el rechazo visceral que les produce la idea de que su hijo estuviera casado con otro hombre, que será el receptor de tanto odio por parte de los familiares del fallecido, y aún más cuando se descubre que el viudo de su hijo muerto será el dueño y señor de todos los bienes del ancestral clan familiar.
La miniserie busca, sin disimularlo, poner en imágenes la ya típica, incluso tópica historia de ricos muy malos en un ambiente exquisito pero decadente, con preciosos paisajes, casoplones espectaculares, lujo a espuertas, etcétera, jugando la baza que siempre suele funcionar (aunque ya está un tanto manida) de los personajes que se ajustan a estereotipos ya testados: la matriarca, una arpía rígida, impía y egoísta, a la que lo único que le importa es su familia, despreciando a todos lo demás, una auténtica hideputa a la que, cuando le llega su hora, más de un espectador (y de un millón…) se siente íntimamente reconfortado por tal hecho, un personaje abominable de esos de los que solemos decir que, si su madre hubiera abortado, el mundo sería un poco mejor… Tampoco el único hijo sobreviviente (antes de Aymeric, murió, de supuesta sobredosis, el hermano que llevaba la gestión de los negocios) es precisamente un santo, no faltándole un perejil en lo tocante a vicios y defectos: arrogante, soberbio, desagradable, irascible, pagado de sí mismo, trata a patadas a los demás (especialmente a los que considera socialmente inferiores), y además es cocainómano y engaña sexualmente a su mujer con otras personas; vamos, que solo le falta votar a Marine LePen, aunque eso no nos consta…
Pero la miniserie carece de sutileza, es bastante de brocha gorda; sin que se pueda decir que es un mal producto, lo cierto es que no tiene mucho nivel; está correctamente hecha, formalmente más o menos cuidada, pero carece de alma, no hay tensión humana real en ella. En el fondo, tiene la apariencia de ser una miniserie estándar, hecha por encargo, con la exclusiva intención de facturar de forma aseada y poco más.
Aparte de los muy maniqueos personajes del clan de los aristócratas, hay algún personaje externo a ellos con cierto interés, como el policía recién jubilado que ayudará a Manuel en el esclarecimiento del (supuesto) accidente de tráfico que le costó la vida a su marido y del resto del embrollo que se va desenrollando cuando empiezan a tirar del hilo; ese exinspector, un tipo chapado a la antigua, al principio bastante groseramente (también sociológicamente) homófobo, irá modulando su postura al respecto, evolucionando gracias al conocimiento personal del protagonista, a la par que irá también intentando redimirse del grave hecho que dinamitó su propia convivencia conyugal y familiar.
En el aspecto interpretativo lo cierto es que no vemos a actores y actrices especialmente motivados… llama la atención sobre todo la poca convicción con la que el protagonista, el actor greco-francés David Kommenos, encarna a su personaje, este Manuel que supuestamente había sido premio Goncourt pero del que no nos creemos nada, y mucho menos en las escenas más o menos íntimas que, en flashback, vemos compartir con el marido, con el que tiene menos feeling que Milei con Pablo Iglesias…
(14/03/2026)