Enrique Colmena

03/06/2026


Nuestro descreído y con frecuencia confuso siglo XXI (al menos el cuarto de siglo largo que llevamos andado…) tratará el mito de Frankenstein que creó Mary Shelley cada vez con más desprejuiciamiento, cada vez de forma más libre (podría decirse incluso libertina…). Puede considerarse eso como algo positivo o negativo, claro, según se vea… Lo que sí parece evidente que, como es ya un lugar común, los clásicos, y más si son ya mitos como Frankenstein, lo aguantan absolutamente todo…


Como, por ejemplo, una versión rocanrolera de la historia más que bicentenaria (porque se escribió hace más de dos siglos), con el título de Rock 'n' Roll Frankenstein (1999), una producción norteamericana de la que seguramente se puede decir eso de que “se pasa tres pueblos”… A ver, la historia narra cómo un productor musical, harto de las tonterías de las mediocres estrellas actuales, decide construir el músico y cantante perfecto tomando partes de grandes astros del rock: de Elvis, la cabeza; de Jimi Hendrix, las manos; de Sid Vicious, el de Sex Pistols, los brazos; y de Jim Morrison… ejem, los genitales… Pero el encargado de hacer la recolecta de miembros (de nombre Iggy, como Iggy Pop…), un tipo más bien descerebrado, como no puede conseguir las partes pudendas de Morrison se lleva a cambio las de… Liberace, músico militantemente gay, así que el cachondeo está servido… Comedia abrumadoramente “queer”, con ninguna vergüenza, hubo festivales “indie” (que son el no va más de la liberalidad en los USA) que se negaron a proyectarla, con eso queda todo dicho … Dirigía Brian O’Hara, mientras que Craig Gugghenheim (sí, como el museo bilbaíno…) era el monstruo multiforme, y la propia existencia de una peli de estas características confirma no solo el aguante del mito, sino también su polimorfismo, su capacidad para mutar y, partiendo de la historia original del nuevo ser creado a partir de trozos de personas, hacer algo tan distinto, tan provocativo, como este monstruo con más pene que espalda…   


La sangre de Frankenstein (2002) tampoco se queda atrás, y además estos no van en plan de guasa… Se trata de una muy modesta producción argentina (aquí aparece precisamente por ese cierto exotismo...), con guion y dirección de Germán Magariños, en una película calificada por la crítica como un “gore” sin sentido en el que lo único que parece interesar es la provocación, en una historia con una secta liderada por un Dr. Frankenstein que resucita muertos, controla a la gente con la mente y otras lindezas más crudas que no vamos a reproducir, que hay niños (o asimilados/as…) leyendo… Del disparate puede dar idea el hecho de que aparezcan como personajes ficticios gente como Uri Geller y Marilyn Manson…


Bastante más normalita es Frankenstein (2004), miniserie germano-norteamericana (aunque rodada en Eslovaquia), de solo 2 capítulos, con dirección del veterano cineasta londinense Kevin Connor, aseado pero poco creativo experto en productos de serie B generalmente de corte fantástico, que aquí sin embargo contó con algunos nombres de relumbrón en papeles secundarios: Donald Sutherland, Julie Delpy, William Hurt, Jean Rochefort… mientras que los papeles protagonistas los encarnaron gente bastante menos conocida, como Luke Goss como la criatura y Alex Newman como el doctor Frankenstein, en una historia que se ajustaba bastante más al original shelleyano. 


Kornél Mundruczó es el nuevo (bueno, no tan nuevo, que ya tiene medio siglo a las espaldas) “enfant terrible” del cine húngaro, con una carrera plagada de excentricidades y también algunas cosas curiosas; pues entre estas últimas nos encontramos con la muy peculiar Semilla de maldad (2010), una producción vagamente inspirada en la historia de Mary Shelley, pero a la que citan expresamente en los créditos, así que no le llevaremos la contraria…; se trata de la historia de un hijo poco apreciado (por decir algo…) por su padre (sí, como el doctor respecto a su criatura), y cómo reaccionará éste cuando el hijo (o sea, el alegórico monstruo de Frankenstein, aunque tenga aspecto de adolescente imberbe…) cometa una barbaridad irreparable... 


En otra de las múltiples variantes que el cine ha imaginado sobre la base argumental de la historia de Mary Shelley nos encontramos con Frankenstein Army’s (2013), una producción entre Estados Unidos, Países Bajos y República Checa, filmada en este último país, que imagina una muy particular derivada sobre la historia, la posibilidad de que en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial el nazismo, al encontrar el diario del Dr. Frankenstein, ponga en ejecución sus instrucciones para crear un ejército a partir de los cachitos de sus camaradas ya fiambres… Dirigida por Richard Raaphorst, un director de arte que debutó aquí como director a secas, la película tuvo hasta premios, entre otros festivales en el de Sitges, elogiándose la calidad de sus efectos especiales, maquillaje, etcétera. Todo ello en un film cuajado de actores y actrices muy conocidos en su casa a la hora de comer…


Yo, Frankenstein (2014) tiene un comienzo que se acerca bastante al original shelleyano, pero después hace tabla rasa y se adentra por el terreno de la fantasía más exacerbada, haciendo intervenir al doctor Frankenstein en una lucha ancestral entre ángeles y demonios, en una suerte de pugna entre monstruos que en esa época tuvo bastante éxito comercial con franquicias como la iniciada por Underground. La película contó con guion y dirección de Steve Beattie, guionista de cierto predicamento (Piratas del Caribe, Australia, 30 días de oscuridad…), mientras que del papel protagonista, el doctor Frankenstein, se encargó el siempre apreciable Aaron Eckhart, con algún secundario de relumbrón como Billy Nighy.


Terminaremos este capítulo con una serie que ha gozado de justa fama, Penny Dreadful (2014-2016), tres temporadas con un total de 27 capítulos, que imagina un Londres finisecular (del siglo XX, se entiende…) en el que cuatro personajes, el explorador sir Malcolm Murray, el pistolero yanqui Ethan Chandler, la médium Vanessa Ives y nuestro Dr. Frankenstein unen sus esfuerzos para luchar contra las fuerzas del mal que asuelan la capital inglesa, en una costeada coproducción anglo-norteamericana que tuvo amplia repercusión de público y crítica, e incluso estuvo nominada a varios premios Primetime Emmy, y que también contaba entre sus personajes a otros famosos roles ficticios de la época, como Dorian Gray, el doctor Jeckyll, Van Helsing o Mina Harker. Como creador actuó John Logan, el guionista de películas como Gladiator (la primera, la buena), Skyfall, que quizá sea el mejor 007 en décadas, o alguna de las últimas aportaciones al universo iniciado por Alien (Covenant, en concreto), en una serie que, con un tono evidentemente fantasioso, jugaba en la liga del audiovisual adulto, incluso con toques eróticos de cierto voltaje, y con una estética que remitía en buena parte al universo del wéstern. Por supuesto, el personaje del doctor Frankenstein y su criatura, que ambos aparecen en la trama, se distancian considerablemente de la historia shelleyana, aunque mantienen la esencia del creador de vida “ex nihilo” (bueno, más o menos…), mientras que el ser creado, interpretado por el actor británico Rory Kinnear, aparece con una caracterización que huía del canon Karloff y, en realidad, de todo canon monstruoso, para presentar un personaje de aspecto casi (ojo al casi…) normal. El reparto era como para quitar el hipo: Eva Green, Josh Hartnett, Timothy Dalton, David Warner, el citado Kinnear… Y entre los directores que filmaron episodios de la serie encontramos a dos españoles, el catalán J.A. Bayona y el andaluz Paco Cabezas: ¡a eso se le llama hacer patria!


Ilustración: Potente cartel de la serie Penny Dreadful dedicado a la criatura de Frankenstein, encarnada por Rory Kinnear, distanciándose del canon creado por Boris Karloff.


Próximo capítulo: A 175 años de la muerte de Mary Shelley, la creadora de Frankenstein, un mito más cinematográfico que literario (2015-2026) (y VI)