Pelicula:

C I N E   E N   S A L A S 

El cine “feel good”, el cine “para sentirse bien”, tiene siempre buena acogida, y tal y como están los tiempos, más todavía... No importa que antes de sentirse bien uno lo pase fatal, porque lo que cuenta sobre todo es el final, aunque hay que reconocer que, a veces, en casos como esta peli, el camino hasta ese final reconfortante y esperanzador es cualquier cosa menos un camino de rosas… 

La película se basa en la novela Charlie and Me: 421 miles from home, original del británico Mark Lowery, publicada en 2018 por Piccadilly Press, que se constituyó muy pronto en un notable éxito de la literatura juvenil inglesa, una trama que, en líneas generales, se mantiene en la película, aunque con algunos cambios no sustanciales. La historia, narrada en off por el adolescente Finn, como de 16 años, nos muestra inicialmente los difíciles inicios en la vida de su hermano Charlie, quien nació cuatro meses antes de tiempo, lo que le hará ser un niño enfermizo y vulnerable, a pesar de lo cual es (como decimos en mi tierra) un rabillo de lagartija, una explosión de vitalidad en un cuerpo paradójicamente bastante perjudicado… Poco a poco, dando saltos atrás y adelante, iremos conociendo la historia de la familia, compuesta por los hermanos Finn y Charlie (este como de 8 años), sus padres y sus abuelos. Pronto veremos que la abuela empieza con problemas seniles y es ingresada en una residencia. Pero también enseguida veremos que algún tipo de tragedia de la que no se nos informa ha azotado al grupo familiar, produciendo graves desajustes (por decirlo finamente…), de tal manera que los esposos se van a separar (y Finn se entera de ello, sabiendo además que lo van a separar de Charlie), y además la madre ha roto totalmente las relaciones con su padre, el abuelo, al que culpa de esa tragedia. Así las cosas, Finn decide huir con su hermano desde Manchester, donde vive con sus progenitores, hasta Dingle, en la costa suroeste de Irlanda, a más de 500 millas (de ahí el título), donde vive su abuelo. El trayecto, teniendo en cuenta la escasa edad de los viajeros, su clandestinidad, y sus mínimos recursos económicos, será toda una odisea…

El libro de Lowery planteaba una edad menor en los niños protagonistas, especialmente el mayor, que tenía 13 años, lo que hacía más difícil hacer creíble ese viaje de más de 800 kilómetros (para que nos hagamos una idea cabal los que nos manejamos en el sistema métrico decimal). También hay un cambio no fundamental en las localidades de origen y destino, siendo en la novela un viaje desde el norte de Inglaterra hasta Cornualles, al sur del país, mientras que aquí es de Manchester a la costa oeste irlandesa, cambio probablemente motivado por la participación de Irlanda en la producción. Pero por lo demás la película se mantiene bastante próxima a la peripecia de la novela.

En la película, como en la novela, hay un sorprendente giro de guion, ya en su último tercio, que da una perspectiva absolutamente diferente a lo que hasta entonces hemos visto, un giro de guion sobre el que nada debe decirse (esto de no poder incurrir en “spoilers” no deja de ser un latazo…), pero que desde luego cambia las cosas radicalmente en la trama. Curiosamente, se puede decir que ésta es una de esas películas a la que se puede denominar con varios de los términos en inglés que últimamente proliferan y que (al margen de la fatuidad de algunos en su uso) sirven para entendernos con pocas palabras y ya conocidas: así, dado que buena parte de su metraje se desarrolla durante un viaje (ferrocarril, autocar, ferry, furgoneta, hasta a lomos de un caballo…), podemos calificarla como “road movie”, una película de carretera; pero como también es una peli para sentirse bien (aunque antes lo hayamos pasado fatal…), sería también una “feel good”; y como además resulta que ese viaje iniciático no deja de ser un proceso de maduración juvenil, estamos también ante una peli de “coming age”, de crecimiento personal y llegada a la edad adulta (mental, se entiende, no física, que esa llega cuando toca…). 

El director, Morgan Matthews, es un veterano productor y director británico; como realizador se ha desempeñado más en el formato documental, donde ha ganado cuatro premios BAFTA (los Goyas ingleses). Aquí se ajusta a la historia, sin querer dárselas de autor, lo que hubiera estado de más, evidentemente, puesto que aquí lo que se tiene que lucir es la historia propiamente dicha, la tragedia atroz que azota a esta familia, que era razonablemente feliz, y que pasó de la noche a la mañana al estragamiento personal, al hundimiento familiar, a romper lazos que parecían inmarchitables. El viaje cual Odisea homérica que se marcan los pequeños (lato sensu…) actuará primero como nueva y gravísima preocupación para sus mayores, pero también, a la larga, será el lenitivo, el paso necesario para procesar esa tragedia que los mantiene a todos (pero sobre todo al adolescente Finn) absolutamente atenazados.

La línea narrativa, con buen criterio, va alternando los tiempos pasados, cuando todos eran felices, con los momentos presentes, cuando ya ha pasado la tragedia y la vida de todos ha virado hacia la tristeza, la depresión, incluso la tentación del suicidio. Esos dos planos temporales se van sucediendo con más rapidez, lo que otorga al film una cierta velocidad que no está reñida con el tono en general sereno de la peli, incluso en el tiempo actual en el que se desarrolla la escapada infantil. Rodada con tiento y buen tono, la película demuestra un buen gusto para el encuadre; la seguramente inevitable visión panorámica de los paisajes por los que transcurre el viaje no cae en la tentación de la postalita, salvo en el último tramo, ya en Irlanda, donde se hace difícil no extasiarse con los verdes, bucólicos campos irlandeses. 

A lo largo de ese viaje veremos que (como ya sabíamos, por lo demás), siempre hay gente abierta y dispuesta a echar una mano, al igual que hay otra que goza jodiendo al prójimo, incluso aunque este no sea siquiera mayor de edad, en lo que podría considerarse una visión no precisamente optimista sobre los individuos que componemos la sociedad actual, la de las redes llenas de “haters” que, por supuesto, también pululan por la vida real, no solo en el ciberespacio…

En la interpretación brillan sobre todo los niños, Roman Griffin Davis, al que ya admiramos más joven todavía en Jojo Rabbit, y el muy precoz Dexter Sol Ansell, que hace un Charlie deslumbrante en su vitalidad sin embargo enfermiza. El viejo y bueno Bill Nighy está excelente, como acostumbra, y Clare Dunne y Michael Socha son unos padres convincentes y adecuados. Hay, además, algunos interesantes personajes secundarios, como la viajera que toca el ukelele (estupenda Maisie Williams, lejos ya de su personaje de Arya de Juego de tronos) y la zumbona vecina del abuelo.



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102'

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A 500 millas de casa - by , Jul 09, 2026
3 / 5 stars
Un viaje sanador tras una tragedia atroz