Pelicula:

C I N E   E N   S A L A S

La saga de Toy Story, aparte de una de las más fructíferas de Pixar artísticamente hablando, se ha convertido también en una especie de red de seguridad a la que la Casa del Flexo recurre cada vez que el estudio actualmente filial de Disney (cómo echamos de menos cuando volaba solo y era más creativo… ahora no es que no lo sea, pero menos…) pasa por una etapa de vacas flacas, lo que es el caso: de sus producciones en formato largometraje de los últimos años, solo ha funcionado, y muy bien, Del revés 2, pero el resto (Elio, Elemental, Luca, sobre todo Lightyear…) han sido fracasos comerciales en algunos casos estrepitosos.

Así que Pixar, llegado el caso, saca la artillería pesada y desempolva a los viejos y entrañables muñecos de la serie y así cuadra las cuentas… Y lo cierto es que, hasta ahora, cada vez que han tenido que tirar de Woody, Jessie, Buzz, etcétera, estos han funcionado excelentemente, no solo en taquilla, que ya se da más o menos por descontado (aunque en el cine de hoy casi nada debe darse por descontado…), sino, sobre todo, que es lo que más nos interesa, funciona como película, como obra artística a la vez autónoma pero también dependiente de lo que ya conocemos de esta divertida panda de artilugios analógicos, cuyo centro y eje de sus ¿vidas? gira en torno a los niños que juegan con ellos.

La saga, con buen criterio, se ha ido adaptando a los nuevos tiempos, y a la par que ha ido explorando situaciones emocionantes, como el momento en el que el infante pasa a adolescente y, con ello, arrumba el cajón de los juguetes, ahora pone en el campo de juego a otros nuevos actores jugueteros, como las tabletas o tablets, pero incluso a otros cachivaches tecnológicos hoy día ya bastante obsoletos, pero que aquí dan bastante juego.

La historia se ambienta en casa de Bonnie, la niña de 8 años que desde hace algunos es la dueña del grupito de muñecos que ya conocemos. La niña tiene problemas para socializar con otros chicos de su edad, y cuando vuelve a no conseguirlo con dos gemelos vecinos, se da cuenta de que todos los niños de los alrededores ya no juegan con muñecos, como ella, sino con dispositivos electrónicos. Sus padres, que se dan cuenta de ello, le compran una tableta, llamada Lillypad, o simplemente Lilly, y entonces los muñecos empiezan a ser desplazados por la maquinita, hasta el punto de que se plantea una situación de crisis a la que Jessie, quien ahora ejerce de jefa del clan, tendrá que enfrentarse, mientras Buzz Lightyear intenta sobreponerse a sus nervios para declararse a la bella vaquera, pero nunca lo consigue…

En Pixar no son tontos, como ya sabemos, y han encargado esta quinta entrega de la franquicia (bueno, sexta si contamos la fallida Lightyear, que funcionaba como una especie de “spin-off”) a uno de los veteranos de la compañía, Andrew Stanton, que ha sido director, solo o en comandita, de joyas de la Casa del Flexo como la casi antediluviana Bichos, Buscando a Nemo, WALL-E y Buscando a Dory, aunque últimamente este cineasta ha diversificado su campo de acción como realizador filmando algunos episodios de series tan conocidas como Stranger Things y El problema de 3 cuerpos. Pero Pixar también sabe que conviene conjugar la sabiduría de la veteranía con la creatividad de la juventud, y por eso aquí aparece como codirectora una de las jóvenes talentos de la casa, McKenna Harris. Ambos firman el guion, que es divertido y ciertamente la mar de movido, saliendo de la casa de Bonnie y, de hecho, teniendo como escenario con frecuencia las calles, las carreteras y hasta el campo.

Lo cierto es que nos parece que Toy Story 5 es algo inferior a las anteriores entregas de la saga, sobre todo porque en aquellas se dosificaba muy bien el tema de la emoción, del ternurismo, de la sentimentalidad entre juguetes y amos (amas, en este caso), haciéndose de forma muy sutil y de forma muy medida, lo que no ocurre aquí, donde quizá se recurre en demasía a esos sentimientos que, ciertamente, están muy bien, porque además van de suyo en la relación entre los críos y los juguetes que arrullan sus infancias, pero de lo que no conviene abusar, porque se puede perder el efecto de conmover al espectador, que es a lo que, en buena lid, se supone que aspira, en parte, la película.

Hay también un curioso (aunque probablemente previsible…) enfrentamiento entre los juguetes analógicos de toda la vida y los nuevos artilugios tecnológicos, aunque la moraleja del film viene a decir que todos son buenos si consiguen hacer que los niños sean y actúen como niños, jueguen y vivan su infancia a la par que se van transformando, casi sin darse cuenta, en los adultos que serán. Una síntesis entonces (aunque no parece que tenga que ver con los conceptos de tesis, antítesis y síntesis marxistas…), que vendría a decir que, en la edad infantil, en lo tocante al juego, todo vale si sirve para ir coadyuvando a una formación razonable, en la que la creatividad, la imaginación y la fantasía sean elementos esenciales.

Gusta mucho cómo resuelven Stanton y McKenna las imágenes en las que Bonnie, sola o ya acompañada por su nueva amiga, juegan con sus muñecos, dándonoslas los talentosos directores a los espectadores no mediante la animación digital que es consustancial a la franquicia (recordemos que la inicial Toy Story fue el primer largometraje de animación con esta entonces novísima tecnología), sino con lo que parece una animación en dos dimensiones, como los dibujos tradicionales, aunque obviamente hechos con tecnología digital, virando los colores para darles tonos y empastes muy infantiles, como correspondería a las historias que están inventando en ese momento las niñas.

Bien por el cambio estratégico en el protagonismo, que aquí recae en una fémina, la vaquera Jessie, quedando Woody y Buzz, anteriores protagonistas prácticamente absolutos, como secundarios, unos muy dignos secundarios.




Género

Nacionalidad

Duración

102'

Año de producción

Toy Story 5 - by , Jun 30, 2026
3 / 5 stars
Muñecos contra tabletas