Enrique Colmena

29/06/2026


Si en la primera parte de este díptico hablábmos de cómo habían tratado la temática LGTBI en España y resto de Europa, lo haremos ahora en el resto del mundo, confirmando, como veremos, que la principal novedad de estos últimos 12 meses es la tremenda variedad temática que (al margen de contar historias en las que están involucrados personajes de gais, lesbianas, etcétera) se aprecia en la cosecha de este año.


ESTADOS UNIDOS

En el país ahora gobernado por ese adolescente caprichoso de 110 kilos (y casi igual número de años…) y con tupé de panocha, pero que sigue siendo un gran país, a pesar de Donald Trump, este año hemos seleccionado tres películas insertas en esta temática y, como veremos, con asuntos de lo más diverso.

Así, The man I love (lógicamente sería “El hombre que amo”) nos trae de nuevo a un cineasta especializado en la temática, Ira Sachs, del que ya se han visto interesantes aportaciones como Keep the lights on o El amor es extraño; su nueva película se ambienta en los años ochenta en Nueva York, cuando el sida empieza a cabalgar como un caballo apocalíptico, cebándose especialmente en la comunidad gay, centrándose en un actor de teatro que, sabiéndose infectado, afrontará una última “performance” teatral a la vez que intenta lidiar con sus amores y su familia. Con el oscarizado Rami Malek, que fuera inolvidable Freddy Mercury en Bohemian Rhapsody.

Muy distinta es la historia planteada en Incógnito, dirigida por Carmen Emmi, que resulta ser un thriller policial con aromas de A la caza (Cruising) (1980), aquella vieja y buena película de William Friedkin que puso en la pantalla comercial, por primera vez, el peculiar ambiente de la cañera comunidad gay neoyorquina, con un Al Pacino como siempre formidable. Aquí la historia se ambienta en los años noventa, cuando todavía era delito buscar sexo homosexual anónimo en Estados Unidos, por lo que la Policía infiltra agentes encubiertos en los lugares de encuentro gay para arrestar a los que lo intenten; pero cuando el agente encubierto se enamore de uno de los que tiene que arrestar, como dice el clásico, “Houston, tenemos un problema…”. 

Y en las antípodas, El beso de la mujer araña es la nueva versión del clásico de Héctor Babenco de 1985, a su vez basado en la famosa novela de Manuel Puig. La novedad en este “remake”, que ha dirigido Bill Condon, es su carácter de musical, lo que sin duda confiere una nueva perspectiva a la historia original, la de dos presos encarcelados en una prisión de la típica y (lamentablemente) tópica dictadura latinoamericana del pasado siglo XX: uno es un preso político, otro un preso por “conducta inapropiada” (como llamaban eufemísticamente en Cuba a las personas que realizaban prácticas homosexuales), y cómo la fantasía exacerbada del segundo hará más llevadera las penalidades de los dos. Con un Diego Luna que toca todos los palos, el tío, y la estrella emergente, latina y gay, Tonatiuh.


LATINOAMÉRICA

En el gran subcontinente americano que habla español o portugués, las temáticas LGTBI generalmente están todavía bajo el síndrome de la reivindicación; en algunos de estos países, ya sea gubernamental o socialmente, hay todavía una fuerte resistencia a la normalización, así que no es extraño que haya pelis que busquen precisamente luchar contra esa discriminación. 

De México hemos seleccionado cuatro films, lo cual no deja de ser curioso en un país que siempre ha tenido fama de muy machista. Lejos de ese tópico, el cine mexicano moderno abunda en films sobre temáticas LGTBI, como en el caso de la peli de peculiar título, Seis meses en el edificio rosa con azul, dirigido por el debutante Bruno Santamaría, de corte criptoautobiográfico, ambientado en el México de los años noventa, donde un preadolescente se sentirá sentimentalmente concernido con un amigo de su edad, a la par que la epidemia del sida (como vemos, la mirada atrás hacia la pandemia maldita aparece con frecuencia en la cosecha de este año) cabalga alrededor de su familia. Muy distinta será En el camino, “road movie” dirigida por David Pablos, con un joven vagabundo que viaja por el país mientras se acuesta ocasionalmente con camioneros, y cuya vida cambiará radicalmente cuando encuentre a un callado y enigmático hombre que lo introduce en el complicado mundo del transporte de larga distancia.

Soy Mario presenta otro bandazo argumental notable: un taxista trans, en trance de pasar de mujer a hombre, se queda embarazado; entonces se encuentra con un dilema, porque desea ser padre (pero no madre), así que a ver qué hacemos… Dirigida por la también actriz mexicana Sharon Kleinberg, plantea temas de enjundia, como la paternidad, o la maternidad, o cómo ambas circunstancias, con sus obvias diferencias, no dejan de ser, además de la única forma que tenemos los humanos de reproducirnos, también, y sobre todo, quizá la mejor forma de amar sin condiciones que hemos inventado.

La divina tragedia ya te gana por el título: parafrasear la obra gigante del Dante ya es un punto a su favor… La peli, dirigida por Sergio Tovar Velarde, de ya larga trayectoria en el cine “queer”, presenta la historia, en clave de comedia, de un exquisito gay abandonado por su marido, y cómo afrontar (con humor) esa circunstancia cuando se tiene que ir a vivir con su alocado hermanastro, buscando, obviamente, el humor “de opuestos”, entre el elegante homosexual de refinada cultura y el hermanastro que vive en ambientes digamos más bastos (por llamarlo de alguna forma…). 

De Brasil hemos seleccionado Ato noturno (obviamente, “Acto nocturno”), dirigida por Filipe Matzembacher y Marcio Reolon (algún día habrá que estudiar esta nueva y creciente tendencia de los últimos años de codirigir películas…), ambientada en el Brasil actual, en el ambiente teatral, donde un joven intenta hacerse una carrera como actor, hasta que conoce a un misterioso hombre que resulta ser un político emergente… amor homo y política, una fórmula ya explorada por el cine (recuérdese, por ejemplo, El diputado, de Eloy de la Iglesia), en una historia que juega con las relaciones disímiles, pero también con el sexo arriesgado en lugares públicos, lo que, al menos para el político, solo le traerá problemas, lógicamente…

Chile tiene una cierta tradición de cine LGTBI (a vuela pluma podemos recordar títulos como Una mujer fantástica, Rara, Azul y no tan rosa…), así que no es extraño que produzca títulos de interés, como La misteriosa mirada del flamenco, con dirección de Diego Cespedes, ambientada en los años ochenta, en una peculiar (y obviamente marginada) familia “queer”, a la que la ignorancia del populacho atribuye una extraña epidemia surgida en el entorno, todo ello visto a través de la mirada de una niña de esa comunidad, en una película que ha obtenido un generalizado apoyo crítico y ha sido premiada en Cannes y San Sebastián, que son palabras mayores…

Por último dentro de Latinoamérica, nos gusta mucho traer una peli producida en Haití, el país más pobre de toda América, un país al que parece que lo ha mirado un tuerto (pobreza absoluta, permanente incuria y corrupción de sus gobiernos, zona sísmica muy inestable…), un lugar, entonces, donde hacer cine es algo insólito, y hacer cine con temática LGTBI ya colinda con el milagro… La película es Marie Madeleine, dirigida por Gessica Geneus, en la que la chica del título, prostituta en un burdel, se amistará con el hijo del pastor de una iglesia evangélica instalada cerca del lupanar, cuando al chico resulta que le gustan los hombres, aunque por supuesto no se atreve a salir del armario…


ASIA

El continente más poblado de la Tierra, y también el más extenso, es casi un planeta en sí mismo, con sociedades tan diversas como las culturalmente occidentales Japón y Corea del Norte, por una parte, y las cuasi socialmente medievales Irán o Afganistán, por otra, así que no hay una unidad de enfoque en lo tocante a lo LGTBI en el cine (bueno, en realidad, en lo tocante a nada…). 

En los países de religión y cultura musulmana hay, como sabemos, diversas percepciones y también diferentes maneras de tolerar (porque de aceptar ni hablamos…) la homosexualidad y resto de orientaciones genéricamente denominadas con el acrónimo LGTBI. Indonesia, país islámico, no es precisamente un paraíso para esas opciones, con una creciente persecución por parte de las autoridades, de ahí que tengan más valor las pocas pelis que se pueden hacer dentro de esa temática, como Midnight in Bali, con dirección de Razka Robby Ertanto, ambientada en los clubs nocturnos especializados en espectáculos de transformismo, centrándose en el personaje de una mujer trans que triunfa (a su escala…) en su vida artística, pero cuya vida personal es un desastre.

Pero lo que no esperábamos era encontrar, procedente del Irán de los circunspectos (por no decirles canallas…) ayatolás, una peli con temática LGTBI (los milagros existen, está claro…). Su título internacional es Between dreams and hope (literalmente, “Entre los sueños y la esperanza”), está dirigida por Farnoosh Samadi, planteando una historia peculiar: en el Teherán actual, en el que (sorprendentemente…) el cambio de género está legalmente permitido (aunque con duras restricciones, incluida la firma del padre para ello, aunque la persona sea mayor de edad), un hombre trans intenta conseguir la venia del gobierno para casarse con su novia de toda la vida, pero tendrá que ir al remoto pueblo donde viven sus padres, donde, como parece evidente, las cosas no serán nada fáciles…

Tampoco es que en la India, aunque no sean islámicos, sino de religión hinduista, sean muy “gayfriendly” que digamos, en este caso por tratarse de una sociedad muy tradicional, social y sexualmente muy conservadora… Sin embargo, en una industria que rueda anualmente casi 2000 títulos, es evidente que se cuelan crecientemente films de este corte, y sobre todo ahora con el auge de las plataformas. De esta nacionalidad hemos seleccionado Amar bajo los espinos, film del debutante Rohan Kanawade, que plantea su historia entre la urbe y el campo, cuando un hombre que vive en la gran ciudad se ve obligado a vivir unos días en la zona rural donde vivía su padre, conociendo a otro varón con el que iniciará cierta amistad que irá a más…

Filipinas tampoco es que sea los Países Bajos en lo tocante a libertad sexual, como es evidente, pero sí ha tenido históricamente un cine militante y combativo en cuanto a lo LGTBI. En los últimos tiempos se mantiene esa característica, y este año ha llamado la atención su film titulado Ojalá me lo hubieras dicho, de la directora debutante Shaila Advincula, que plantea su historia a partir de un religioso filipino que, tras la muerte de su padre, encuentra una serie de cartas que indican que éste mantuvo relaciones amorosas con un hombre en España, por lo que viajará hasta allí (o sea, hasta aquí…) para conocer esa parte desconocida de la vida de su progenitor.

Corea del Sur, obviamente, no suele tener problemas relacionados con la identidad LGTBI, así que su cine no tiene que ser necesariamente reivindicativo. Otra cosa es que se ambiente en el pasado, como ocurre con My name, que se sitúa cronológicamente a finales de los ochenta, cuando el pueblo consiguió derribar, con su tenaz presión, a la dictadura, en una metáfora sobre cómo las libertades civiles trajeron también las libertades sexuales, en una historia con una chica que no está conforme con su identidad de género, y cómo lidiar con tal cosa.


ÁFRICA

Ya decíamos que el llamado Continente Negro (aunque realmente no todos sus habitantes sean de raza negra, ni mucho menos…) no es zona muy propicia para el cine con temática LGTBI, tanto por la creciente intolerancia de las religiones dominantes (la musulmana, sí, pero tampoco la cristiana es allí demasiado condescendiente…), como por la ambiental homofobia social.


Así, Túnez no es de los países más liberales a ese respecto, aunque tampoco de los peores. No tiene un cine potente, así que las muestras de relatos LGTBI son escasas. Este año han tenido un film percutante, Tres mujeres, dirigido por Leyla Bouzid, que incluso se ha estrenado comercialmente en España, con una mujer franco-tunecina (como la directora…) que vuelve a su país al funeral de su tío, para descubrir secretos y mentiras en torno a este familiar difunto y resto del clan, y tendrá también problemas para actuar como la mujer lesbiana que es.

En Sudáfrica la cosa está mucho mejor, al ser un país con una legislación muy “gayfriendly”. De allí hemos seleccionado Black Burns Fast, ambientada en un instituto de secundaria del país, donde una brillante alumna sentirá su mundo convulsionar cuando llegue una nueva compañera de estudios por la que empieza a sentir sentimientos desconocidos para ella… 


OCEANÍA

Del país de los canguros, Australia, país obviamente con estándares occidentales en este aspecto, hemos seleccionado un film con una variante sobre el tema de lo más peculiar, titulado Leviticus, dirigido por Adrian Chiarella, que plantea una historia romántica entre dos chicos, pero en cuya pareja se inmiscuye una entidad terrorífica que… adopta la forma de uno de los dos, así que la puede liar parda… 

Ilustración: Una imagen de la película El beso de la mujer araña (2025), de Bill Condon.