C I N E E N P L A T A F O R M A S
[Esta película forma parte de la Sección Oficial del ATLÀNTIDA MALLORCA FILM FEST’2026. Disponible durante tiempo limitado en FILMIN]
La película se inicia con un rótulo en inglés que dice “The working man is a sucker”, con una traducción debajo que indica “La clase obrera es desgraciada”, aunque parece que la traducción no es exacta, siendo más apropiada (según la Inteligencia Artificial, que de lenguas sabe un rato…) la de “El que trabaja es un pendejo”; dicho en español de España, “El que trabaja es un tonto”. La traducción que indica la película, lo de la “clase obrera es desgraciada”, parecería remitir a una cierta denuncia de ello, un marxismo caribeño aposentado en el Bronx, pero el original, más atinadamente, parece más bien dictado por Bartolo, aquel del dicho “es más vago que Bartolo”, o el creador de la expresión “tumbarse a la bartola”, porque efectivamente, nuestro protagonista no es que sea un desgraciado, sino directamente un flojo.
Bronx, en nuestro tiempo. Conocemos a Ricardo (“Ricaldo” le dice, deliciosamente, su madre, de origen dominicano), al que todos llaman Rico, un chico hispano de 19 años que vende cócteles (allí llamados “nutcruckers”, “cascanueces”, así que muy suaves no deben ser…) en la playa. Rico vive con su hermana Sally, de 16 años, a la que reprende porque sale mucho de fiesta, y con su madre, Andrea, que es la única que tiene un trabajo estable y los mantiene a los dos. Las trifulcas en casa son frecuentes, mayormente entre los dos hermanos. Un día, Rico les dice a las dos mujeres que va a ser padre, y que la madre, Destiny, es su novia, de 16 años; tras el estupor inicial de las dos, Rico se lleva a Destiny a su casa, al haber sido ésta expulsada de su propio hogar. Destiny no tiene claro si quiere tener el bebé, pero Rico se empeña en que sí, prometiéndole que cambiará; empieza a trabajar como empleado de limpieza de un restaurante de comida rápida, pero sus buenos propósitos pronto chocan con su flojera y empieza a llegar tarde al trabajo…
Joel Alfonso Vargas (Bronx, Nueva York, c.1990) es un cineasta emergente de orígenes dominicanos; sus inicios en cine fueron autodidactas, aunque luego se graduó en la Universidad del Sur de California y más tarde, con una beca, en la Universidad de las Artes de Londres. Está haciendo cine desde 2013, siempre en formato de cortometraje y de forma casi amateur; su anterior corto, May It Go Beautifully for You, Rico (2014) (algo así como “Que te vaya bien, Rico”), fue premiado en el prestigioso festival de Locarno, lo que le ha dado la oportunidad (con el concurso de hasta cinco pequeñas productoras) de estrenarse en el largometraje, éste de peculiar título en “spanglish”, Mad bills to pay (or Destiny, dile que no soy malo), cuya parte en inglés viene a decir algo así como “Un montón de facturas por pagar”.
La película sigue la trama iniciada por el corto anterior, el titulado May It Go Beautifully for You, Rico, imaginando qué sería de la vida de este “Ricaldo” si su novia quedaba embarazada y cómo su vida que hasta entonces se limitaba a vender sus explosivos cócteles a incautos bañistas se transformaba cuando se daba de bruces con la realidad: tener un bebé (en lo que él se empeña, aunque la novia no lo tiene tan claro ni mucho menos…) supone asumir una serie de responsabilidades, las que el muchacho consiente en asumir, aunque ya veremos que, como dice el refrán, “de buenas intenciones está empedrado el infierno”…
Pero la fuerza de voluntad no es la mayor de las cualidades de Rico, así que pronto veremos que lo que iba a ser un cambio de actitud, una maduración del que parecía ser eterno adolescente, se queda en nada. Un final ambiguamente feliz es, en el fondo, la confirmación de que, como decía un jefe mío, “el que nace lechón, muere cochino”…
Estamos ante un peculiar acercamiento a lo que podría ser un hogar típico de clase media-baja en el Bronx (donde el 55% de los habitantes son hispanoamericanos, en buena parte de origen dominicano), con la madre que es la razón y el cimiento sobre el que se mantiene la familia, tanto en lo laboral como en la sensatez; el hijo mayor, con muchos pájaros en la cabeza, que intenta madurar, sin mucho éxito, cuando va a convertirse en padre; una hija adolescente y, por tanto, rebelde, con las hormonas revueltas; y la recién llegada, la novia púber del prota, que se siente como gallina en corral ajeno. En este sentido, la película es, en buena medida, un acercamiento sensible y a ratos pudoroso hacia una modesta familia latina en Nueva York.
Vargas, el guionista y director, ha filmado su historia con fórmulas casi de documental, rodando en la calle sin permisos, en plan guerrilla y de manera casi clandestina, con lo que la gente que aparece no tiene ni idea de que van a formar parte de una película; en cuanto a las escenas en interiores, Vargas las filma siempre en largos planos secuencia con cámara estática, mientras sus actores (algunos no profesionales) improvisan sus diálogos sobre el tema que toque en la escena en cuestión, lo que confiere una inusual naturalidad a la película: y es que enteramente parece que estamos asistiendo a las broncas reales de una familia en el interior de su casa…
Esa forma de rodar otorga a la película un evidente tono realista, casi naturalista, que a ratos resulta incluso costumbrista; diríamos que en ocasiones demasiado costumbrista, como cuando vemos a Rico zamparse un bocadillo enterito en el autobús, sin que se nos ahorre ni un bocado… En ese sentido, al film le sobran perfectamente diez o quince minutos, sin los que hubiera sido más redondo, más compacto; esto es bastante común en los cortometrajistas cuando se estrenan en el largometraje, que no quieren que parezca un corto alargado… Ello hace que, especialmente hacia la mitad del rodaje, con la pareja de novietes intentando enderezar sus vidas, la película se haga un tanto pesada y redundante, sin apenas avanzar.
El film es, en buena medida, el retrato de un chico cuyas circunstancias sociales (es evidente que, pese a los esfuerzos maternos, no ha podido tener una buena formación) y, sobre todo, personales (su constante tendencia a la flojera), hacen que su porvenir no sea precisamente brillante… Si además nos encontramos con que el tipo tiene menos seso que un mosquito, se cree el ombligo del mundo (dicho literalmente por su novia, mucho más sensata que él, aunque sea más joven), desconsidera a las mujeres (“no sabéis de lo que habláis”, le espeta a su hermana y su novia cuando discuten) y encima de todo es antivacunas (si es terraplanista no se dice, aunque visto lo visto, no lo descartaríamos…), el perfil de este tarado es como para salir corriendo y no parar…
Retrato de una juventud sin horizonte (ni ganas de tenerlo)…, la película, que cae irremediablemente simpática, como decíamos, tiene un ambiguo final que aparenta ser feliz, pero en el que hay detalles que más bien hacen pensar lo contrario; los dos pánfilos estarán abocados a (sobre)vivir con la responsabilidad de un niño que ella no quería y que él se empeña en criar, en cuanto a la salud, contra las evidencias científicas: planazo…
Buena fotografía, muy definida, que saca partido de la luminosidad del Bronx en verano. Los intérpretes lo hacen bien, resultando muy creíbles. Lo que no parece demasiado creíble es que Destiny Checo, la actriz no profesional que interpreta a… Destiny (el director no se partió los cascos poniéndole nombre al personaje…), tenga en esta ficción 16 años, cuando en la realidad tiene… 26. Y no es que parezca aniñada, más bien al contrario, siendo corpulenta (como diría mi abuela, está “rototollúa”…) y, desde luego, muy lejos ya de la adolescencia que no es para ella sino un lejano recuerdo … En fin, lo que es tener que apañarse con lo que se puede… aunque es cierto que la chica lo hace bien. Pero de adolescente, nada de nada…
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