Serie: Sherwood

ESTRENO EN FILMIN

A mediados de los años ochenta, el gobierno conservador de Margaret Thatcher, en un proceso de reconversión industrial masivo, cerró un buen número de minas que se consideraban no rentables, lo que llevó aparejado el despido de más de 20.000 personas. Los poderosos sindicatos británicos echaron un pulso a la llamada Dama de Hierro, pero no contaban con la dureza como de pedernal del gobierno Thatcher, que además se apoyó en los mineros cuyo puesto de trabajo no peligraba (y que siguieron acudiendo a sus puestos de trabajo, haciendo oídos sordos a la huelga) para “reventar” desde dentro a los combativos trabajadores.

En ese contexto, una de las comarcas más afectadas por aquella guerra minera, y en la que más incidencia tuvo las fricciones entre huelguistas y esquiroles, fue la de Nottingham, el famoso condado de las andanzas el tan famoso como históricamente inexistente Robin Hood. Ahí se ambienta esta serie de 2 temporadas de 6 capítulos cada uno, dando saltos entre la actualidad y los años ochenta. Vemos que en nuestro tiempo, en un barrio de Nottingham (aunque en realidad casi todo se rodó en Manchester), sigue existiendo, entre alguna gente ya mayor, una acre enemistad entre aquellos que siguieron la huelga y los que no lo hicieron. Iremos conociendo al vecindario, como el maduro pakistaní, viudo, cuyo hijo se va a casar con una política local de emergente carrera, o el jubilado y su mujer que no se hablan con su cuñada y hermana, respectivamente, que viven muy cerca, en una desavenencia familiar también provocada por los sucesos de cuatro décadas atrás. Una noche, ese jubilado, tras salir a pasear al perro, es encontrado asesinado con una flecha disparada con una ballesta. El superintendente (máximo jefe policial de la zona) Ian St. Clair se encargará de investigar el caso; pero St. Clair estuvo implicado, como joven policía recién ingresado en Scotland Yard, en los sucesos ocurridos en la zona cuarenta años atrás, cuando los antidisturbios llegados de Londres reprimieron con mano dura a los huelguistas…

El creador y guionista de la serie, James Chapman, nació en Nottingham en los años de las huelgas, por lo que conoce de primera mano el tema. Como guionista ha puesto su firma en algún episodio de The Crown, siendo el resto de sus créditos de menos relevancia. Con esta serie nos parece que ha dado la cara y la cruz: la cara, porque la primera temporada es entonada, juega bien sus cartas con el sordo rencor entre los participantes en aquellos sucesos de las huelgas de los años ochenta, incluidos los jóvenes policías locales que se vieron implicados, pero también con la especie de leyenda urbana que circula en la zona sobre un topo de la Policía de los ochenta que se quedó en Nottingham hasta nuestros días; la cruz la pone la segunda temporada, bastante inferior a la primera, centrada más en el conflicto entre dos clanes familiares que no tienen mucho que envidiar a los Manson, con la Policía de por medio sin saber muy bien qué hacer.

De la producción se encarga House Productions, filial de la BBC, o sea, que en el apartado formal presenta el habitual cuidado de la prestigiosa radiotelevisión británica. La serie se inspira, libremente, en dos asesinatos reales ocurridos en la zona, de un hombre y una mujer, en hechos delictivos perpetrados por separado, y que en alguna medida tuvieron relación con los enfrentamientos que tuvieron lugar décadas atrás. 

La primera temporada, como decimos, tiene mayor empaque que la segunda; el doble crimen cometido, su relación (en parte) con los rencores acumulados en el pueblo tantos años después de la lucha sindical que terminó como el rosario de la aurora (los mineros, tras un año de huelga, tuvieron que volver a las minas sin conseguir ni una sola de sus reivindicaciones), mantiene bien la intriga, adobada con interesantes líneas argumentales secundarias, como la cuestión de quién fue el topo policial que, 40 años después, sigue viviendo en la comunidad como un vecino más, o la enemistad entre las hermanas que, inopinadamente, se resquebraja tras el asesinato del marido de una de ellas. 

Estamos entonces ante un thriller con trasfondo social, bien contado y con personajes creíbles, un curioso thriller policíaco con el conflicto minero entre huelguistas y esquiroles de fondo, un conflicto aún vivo en la comunidad que, a veces, se superpone a la trama puramente policial del “quién-lo-hizo”, de descubrir y capturar a los asesinos. 

La característica más notoria de esta primera temporada es tratarse de un policíaco ambientado en un contexto muy concreto, una zona minera donde hace 40 años se desmanteló prácticamente todo el tejido industrial y laboral que existía en ese aspecto, con grandes huelgas que dividieron a las respectivas comunidades, unos sucesos que, sordamente, continúan condicionando a la comunidad cuatro décadas después.

En ese contexto hay que reconocer que los asesinatos son bastante más endebles que la trama que bucea en lo sucedido 40 años atrás con la intervención de un policía infiltrado que dio lugar a una tragedia que dejó marcado al barrio y a quienes participaron en ella. De hecho, se puede decir que la resolución de los crímenes resulta poco justificada, en un desenlace escasamente afortunado.

Hay, es cierto, una visión progresista de la serie, una denuncia de los manejos del gobierno Thatcher para acabar con el sector minero (que por otro lado estaba ya dando las boqueadas como energía supercontaminante…), utilizando estrategias tan sucias como la infiltración de agentes que se convertirían en uno más de la comunidad para conocer a los mineros rebeldes desde dentro y así poder manipularlos y torpedearlos.

En cuanto a la segunda temporada, una vez resueltos los dos crímenes de la primera, la historia se centra en la pugna no tan sorda entre dos clanes familiares que coquetean descaradamente con el delito; cuando se desata una espiral de violencia entre los dos grupos criminales, la Policía no sabrá demasiado bien qué hacer. Por supuesto, hay también un trasfondo social, con los problemas que acarreó la práctica desaparición de la industria minera: paro, droga, desestructuración social… un caldo de cultivo excelente para el delito, pero también para la aparición de cantos de sirena como una supuesta nueva explotación minera, que esconderá, como casi siempre, el deseo depredador del empresario sin escrúpulos de turno. 

Hay algunos nuevos personajes interesantes, como una chica con síndrome de Down y su hermano, un tarambana del que sus padres de adopción (con razón…) no se fían, y que se verán implicados (el chico y su hermana con Down) en varios rifirrafes con muertos de por medio. 

Esta segunda temporada nos parece inferior a la primera, más forzada, con personajes que actúan con frecuencia de forma incongruente, y en la que los representantes de la ley parecen muy endebles, no tienen autoridad ni aparentan la seguridad y la competencia que se les presupone: ¡y hablamos de Scotland Yard, el paradigma mundial de la Policía eficiente! Aquí, sin embargo, lo que se transmite es una sensación de impunidad generalizada, como si en vez de ser el Reino Unido fuera México u Honduras; de esta forma, los malos parecen más listos, más resolutivos, con más poder que las autoridades...

Tampoco ayudan algunas de las nuevas líneas argumentales, muy flojas, como la incipiente (e improbable: tienen menos química que el agua y el aceite…) relacion romántica entre el ahora exsuperintendente St. Clair y la viuda del jubilado asesinado en la primera parte, apoyándose en que ambos, cuatro décadas atrás, fueron medio novios… pues es posible, pero cuatro décadas después, no les vemos el menor atisbo de afinidad… 
 
Buena interpretación en general (tenemos escrito, y no lo retiramos, que los actores y actrices británicos son los mejores del mundo), aunque a algunos de ellos, como los siempre estupendos David Morrissey y Lesley Manville, les endilguen un romance que no se lo creen ni ellos…

(12/08/2026)


Sherwood - by , Aug 12, 2026
2 / 5 stars
Thriller con trasfondo social