02/09/2026
Los hechos
Aunque nominal y oficialmente se distingue la Guerra de Texas de la Guerra Norteamericano-mexicana, en puridad se podría decir que forman una unidad, aunque separada por 9 años, por cuanto ambas tuvieron como objetivo más o menos reconocido seguir ampliando el territorio norteamericano para llevarlo hasta el Pacífico por el Oeste y lo más al sur posible, como así fue.
La Guerra de Texas, también conocida como la Revolución de Texas, fue un conflicto político-militar que tuvo lugar entre octubre de 1835 y abril de 1836. En el mismo se enfrentaron los soldados mexicanos contra los colonos angloamericanos asentados en la provincia de Texas, que en aquel entonces formaba parte de México. Las razones de ese conflicto hay que encontrarlas, entre otras, en el choque cultural de la creciente colonia angloparlante que se estableció en Texas, que muy pronto superaron en número a los hispanos, y su negativa a adaptarse a la idiosincrasia del país, así como problemas de índole económica, por cuanto los mexicanos eran abolicionistas de la esclavitud, todo lo contrario que los tejanos, que eran sureños y, por tanto, partidarios de mantener esa lacra como base de su economía. Algunos de los hitos relevantes de esta guerra de Texas serían la batalla de Gonzales (sic), en 1835, y, sobre todo, el asedio y arrasamiento de la misión de El Álamo, en 1836, en el que murieron los defensores del enclave, como James Bowie y David Crockett, convirtiéndose en todo un símbolo para los tejanos pero también, por elevación, para todos los norteamericanos, haciéndose mítica la consigna de “Recordad El Álamo”, gritada a pleno pulmón en situaciones bélicas en las que se hacía necesario plantar cara en condiciones muy inferiores al enemigo. También, por supuesto, la determinante batalla de San Jacinto, en la que el general Sam Houston venció a Santa Anna y dio por finiquitada la conflagración bélica. El conflicto concluyó con la segregación de ese territorio y la consiguiente creación de la República de Texas.
Nueve años más tarde, ya independiente, la República de Texas se adhirió a los Estados Unidos de América, lo que hizo que México declarara la guerra al país del Tío Sam, en lo que se conoce como Guerra México-Estados Unidos o Intervención Estadounidense en México, que tuvo lugar entre 1846 y 1848, en la que la nación de las enchiladas perdió el 55% de su territorio, en concreto los estados de California, Nevada, Utah, Nuevo México, Arizona y partes de Colorado y Wyoming. El “leit motiv” más próximo fue la disputa por la frontera natural entre los dos estados, el Río Nueces para los mexicanos, el Río Bravo para los yanquis, lo que provocó escaramuzas y la excusa perfecta para los norteamericanos para invadir México. Los hitos principales fueron la Campaña del Norte, entre 1846 y 1847, en la que el general norteamericano Taylor avanzó desde Texas derrotando al general azteca Santa Anna en batallas como las de Monterrey y Angostura; también fue importante, al menos desde un punto de vista simbólico, el Sitio de Chapultepec, en 1847, que podría considerarse el equivalente azteca de El Álamo, donde una guarnición escasa (en parte compuesta por cadetes adolescentes) resistió numantinamente el asalto de una fuerza muy superior, muriendo todos en combate.
Las películas y las series
La Guerra de Texas es, de lejos, el conflicto bélico que más ha sido llevado a la pantalla, en su inmensa mayoría girando en torno al asedio de El Álamo. De hecho, encontramos ya una representación de aquella gesta en fecha tan temprana como 1915, en Martyrs of The Alamo, largometraje lógicamente mudo dirigido por Christy Cabanne, con estrellas de la época hoy olvidadas, aunque también con un actor que trascendió y llega hasta nuestros días, el gran Douglas Fairbanks, aunque aquí tenía un papel muy secundario, al estar al comienzo de su carrera. Producía D.W. Griffith, que además de prolífico director, produjo películas a otros cineastas a través de su compañía Fine Arts. Como era de prever, estando de por medio Griffith, la película resultaba frecuentemente racista contra los mexicanos, a la par que se exaltaba el nacionalismo norteamericano.
Curiosamente, tendrían que pasar varias décadas hasta que Hollywood desempolvara el tema, y además lo hace de forma controvertida en El desertor de El Álamo (1953), modesto film de Bud Boetticher, experto en wésterns tan humildes como sólidos; el film, con la estrella Glenn Ford al frente, planteaba una historia peculiar: el protagonista es mandatado por la jefatura de El Álamo para que proteja a las familias de los asediados, pero, tras la caída de la famosa misión, se difunde la idea de que en realidad huyó de allí para no morir, por lo que el protagonista tendrá que intentar redimirse ante todos…
Dos años más tarde, en La última orden (1955), con dirección del veterano Frank Lloyd, tendremos una perspectiva distinta: aquí asistimos al proceso evolutivo que sufrió Jim Bowie, uno de los héroes de El Álamo, desde sus posiciones promexicanas (estaba casado con una mujer azteca y tenía mucha amistad con el general Santa Anna) hasta convertirse en un crítico contra la gobernanza mexicana y llegar a ser un adalid de la independencia de Texas; la película termina con el asalto a El Álamo y el sacrificio de los que resistían allí, Bowie incluido, que estaba interpretado por Sterling Hayden, con un papel secundario para el gran Ernest Borgnine.
Pero la película por antonomasia sobre el asedio a la misión es, por supuesto, El Álamo (1960), dirigida, producida e interpretada por John Wayne, que llevaba años interesado en este proyecto y para lo que llegó a hipotecar su patrimonio. Fue una mirada ultranacionalista, de exaltación del heroísmo de los que murieron en la misión asediada, presentando a los míticos defensores como Bowie o David Crockett, papel que asumió el propio Wayne. Muy espectacular, sin embargo la crítica consideró que el sesgo ideológico era tan evidente y la mitificación tan excesiva que la película no se podía considerar una representación realista de los hechos que acontecieron en aquel hito histórico.
Bajo los auspicios de la NBC Television, se grabó en 1987 la TV-movie Álamo: Trece días para la gloria, con dirección de Burt Kennedy, un veterano perito en cine del Oeste, con algunos conocidos actores norteamericanos, como Alec Baldwin y Brian Keith, además de otros de origen hispano, como Raúl Julia e Isela Vega, en una película que buscaba reproducir los hechos que acontecieron en aquellos 13 días de asedio que duró el asalto a El Álamo.
Ya en el siglo XXI nos encontramos con El Álamo: la leyenda (2004), film dirigido por John Lee Hancock, que buscaba hacer una versión más realista, más desmitificadora del hecho histórico, con un apañado reparto en el que destacaba Billy Bob Thornton, en aquel entonces muy de moda, más Dennis Quaid, Patrick Wilson y nuestro Jordi Mollà, al comienzo de su carrera internacional, que aún dura… Quizá por hacer una visión tan realista y obviando los mitos heroicos, la película fue un rotundo fracaso en taquilla.
La última vez en la que, hasta ahora, aparece este hecho histórico en pantalla sería en la miniserie de docu-ficción The men who built America: Frontiersmen (2018), con dirección de John Ealer y Johnny Saint-Ours, realizando una dramatización del asedio a El Álamo en su cuarto episodio.
Otros productos que no se centraron en El Álamo y que reflejaron otros momentos históricos de la Guerra de Texas fueron La independencia de Texas (1986), TV-movie dirigida por Peter Levin, bajo los auspicios de CBS Television, con el entonces muy popular (por la serie La rosa amarilla) Sam Elliott, que interpretaba al general Sam Houston, que lideró la contienda bélica contra los mexicanos.
La miniserie La jornada del muerto (1996), con dirección de Yves Simoneau, con un reparto de lo más entonado (F. Murray Abraham, Keith Carradine, Brian Dennehy, Edward James Olmos, Harry Dean Stanton…), planteaba su historia en el período de entreguerras que transcurrió entre el final de la Guerra de Texas y el comienzo de la Guerra México-Estados Unidos, buscando reflejar un tiempo caótico en el que la frontera de la entonces Republica de Texas con México era un lugar sin ley.
Por su parte, la también miniserie Texas rising (2015) se ambienta aún en la Guerra de Texas, poco después de la masacre de El Álamo, centrándose en la figura del general Houston, que ya hemos comentado en otros audiovisuales, mientras organizaba al ejército para hacerlo más eficiente, así como la consolidación del ya preexistente cuerpo de los Texas Rangers. La miniserie, con dirección del británico Roland Joffé (el famoso director de La misión), contaba con buen reparto: Bill Paxton, Ray Liotta, Brendan Fraser, el francés Olivier Martinez (que interpretaba al general mexicano Santa Anna), pero resultó muy maniquea y con frecuencia alejada de la realidad histórica. Terminaba con la famosa batalla de San Jacinto, en la que México perdió la guerra y fue obligada a capitular.
En cuanto a la Guerra entre México y Estados Unidos, que tuvo lugar entre 1846 y 1848, es llamativa la notable escasez de títulos que la han llevado a la pantalla en clave de ficción, y lo es aún más si tenemos en cuenta que el único título norteamericano relevante es, curiosamente, opuesto a las tesis nacionalistas (el Destino Manifiesto, etc.) que llevó al gobierno de los Estados Unidos a desplegar la Conquista del Oeste, expulsando o sometiendo a los indios o iniciando hostilidades con el vecino México para hacerse con buena parte de su territorio. Ese film es Héroes sin patria (1999), una coproducción entre Estados Unidos, México y España, con dirección de Lance Hool, y un reparto compuesto por gente ya veterana y fiable, como Tom Berenger, Patrick Bergin y el portugués Joaquim de Almeida, en una historia que contaba la verídica historia del llamado Batallón de San Patricio, una unidad militar al mando de John Riley, compuesto por irlandeses y alemanes, que se formó bajo pabellón azteca por motivos religiosos (eran católicos, mientras que los yanquis eran en su mayoría protestantes), siendo por ello motivo de discriminaciones y abusos. Tuvieron un final horrible: cuando fueron derrotados en la Batalla de Churubusco, fueron azotados y marcados en la mejilla con la D de desertor (los que se marcharon antes de estallar la guerra) o ahorcados (los que se fueron después de ese comienzo).
A la temática de la guerra entre México y Estados Unidos, el cine azteca aporta dos películas sobre su propio “El Álamo”, al que antes hemos aludido, el Sitio de Chapultepec, en 1847, donde un grupo de cadetes adolescentes desoyeron la orden de sus mandos de retirarse y se unieron al escaso grupo de defensores del castillo del mismo nombre, que sería arrasado por una fuerza militar muy superior. Esa gesta fue llevada al cine con el título El cementerio de las águilas (1937), con dirección de Luis Lezama, que partía de una imposible historia romántica (bella adinerada pretendida por cadete sin posibles, rechazado por el padre por tal razón), para después presentar al cadete y otros colegas uniéndose a aquella defensa sin esperanza, en un film obviamente henchido de fervor nacionalista y que ensalza el sacrificio absoluto por la patria. Entre los protagonistas estaba un jovencísimo Jorge Negrete, antes de hacerse muy popular en toda la América hispana e incluso en España, donde llegó a rodar una película.
Y el otro film que recoge este hito histórico es mucho más reciente, se titula Héroes (2023), y está dirigido por Ricardo Arnáiz, en una producción de muy corto presupuesto, que ponía en imágenes una versión distinta del asedio, planteando que los llamados Niños Héroes utilizaran su conocimiento del Castillo de Chapultepec como ventaja para intentar ganar a los invasores, buscando una visión menos mitificadora y más en clave de suspense sobre aquel grupo de chavales que se sacrificaron por su patria.
Ilustración: Cartel de la película El Álamo (1960), de John Wayne.
Próximo capítulo: Estados Unidos cumple un cuarto de milenio: los USA en la pantalla. La Conquista del Oeste: El ferrocarril. La fiebre del oro (IX)