22/07/2026
La esclavitud, esa abominable lacra, supuso para Estados Unidos (como para otros países, pero el cine USA lo puso más en evidencia) uno de los factores más importantes, también más lacerantes, de su Historia. De hecho, un cuarto de milenio después, aunque afortunadamente erradicada la esclavitud, quedan aún sangrantes rescoldos de aquella absurda y abyecta discriminación hacia las personas de raza negra. El cine y la televisión se ha ocupado de forma muy amplia sobre esta aberrante temática, y sobre el hecho fundacional (casi a la par que la Declaración de Independencia de 1776) de la abolición de la esclavitud, cuya mera perspectiva supondría la espoleta que propició el estallido de la Guerra de Secesión.
Pero esa es otra historia…
Los hechos
Aunque con anterioridad a la constitución de los Estados Unidos, en las llamadas 13 colonias del Reino Unido en América, existía ya un comercio activo de esclavos, hombres y mujeres capturados en África y vendidos en América, solo cabe atribuir esta lacra al país desde su fundación en 1776 (antes los marrajos eran los británicos…). En ese tiempo ya la esclavitud estaba fuertemente arraigada sobre todo en los estados sureños, donde formaban parte de las economías locales, siendo un elemento esencial en las extensas plantaciones de cultivos tales como el algodón. Se calcula que, entre las 13 colonias y su sucesor, los Estados Unidos de América, recibieron a casi 400.000 personas, en su mayor parte originarios de África, en régimen de esclavitud, que se vendían al mejor postor en los mercados creados “ad hoc”. Afortunadamente, desde el principio hubo norteamericanos a los que vender a semejantes como si una persona pudiera ser propiedad de otra les asqueó, y existió un creciente movimiento abolicionista que fue cuajando en los estados del Norte, de tal manera que a principios del siglo XIX todos los estados septentrionales habían acabado con la esclavitud, no así los del Sur. La elección de Abraham Lincoln como presidente en 1861, favorable a acabar con la esclavitud en todo el país, sería el catalizador que desencadenaría la Guerra de Secesión entre Norte y Sur.
Las películas y las series
Como siempre, hemos seleccionado un amplio muestrario de films y series televisivas, de variado espectro, en los que la esclavitud y su abolición han sido su tema principal. Veremos también cómo la visión de ambos asuntos irá variando a lo largo del tiempo.
La primera película que traemos a colación tiene dos características bien distintas: en El nacimiento de una nación (1915) se da el haz y el envés, el alfa y la omega. Y eso es así porque cinematográficamente la película es una maravilla, estableciendo con autoridad las reglas ortográficas de un lenguaje, el fílmico, que hasta entonces no había sido sino poco más que un balbuceo sin demasiado orden ni concierto; pero Griffith inventó aquí el uso reglado de recursos tales como el flashback, el montaje paralelo y la profundidad de campo. Sin embargo, era un film temáticamente execrable, presentando un asqueante retrato de los negros, a los que se les culpaba de todo, y una visión enaltecedora del Ku Klux Klan. Así que resultó ser una película formalmente brillantísima, pero a la vez en cuanto a su contenido absolutamente rechazable.
La visión paternalista sobre las personas de raza negra será una constante que también se dará a lo largo de la Historia del Cine, en especial en aquellas primeras décadas del siglo XX, como ocurría en La cabaña del Tío Tom (1927), la adaptación que Harry A. Pollard realizó de la famosa novela homónima de Harriet Beecher Stowe, tan bienintencionada como, en el fondo, discriminatoria. El comercio marítimo de esclavos aparecerá en Almas en el mar (1937), dirigida por Henry Hathaway, con un jovencísimo Gary Cooper al frente del reparto, aunque la realidad es que la historia se centra más en dos blanquitos que viajan en el barco e intentan salvar sus pálidos culos que en el infeliz cargamento de africanos que la nave porta con aciago destino.
En Camino de Santa Fe (1940), con el gran Michael Curtiz a los mandos, nos encontramos con dos oficiales en West Point que se oponen al abolicionismo de John Brown, un activista que no desdeñaba (más bien al contrario) el uso de la violencia para obtener la libertad de los esclavos. Por cierto que uno de los dos oficiales era… George Custer, de infausto recuerdo, un supuesto héroe nacional al que el tiempo ha puesto en su lugar (y no es bueno, no…). Por cierto también que a Custer lo interpretaba Ronald Reagan, quien cuarenta años después se convertiría en presidente de los Estados Unidos: las vueltas que da la vida…
Damos un salto y nos vamos ya a la segunda mitad de los años cincuenta del pasado siglo para encontrarnos con otro título relevante, La esclava libre (1957), de Raoul Walsh, con una pareja la mar de apañada, Clark Gable e Ivonne de Carlo, que cuenta la historia de una rica joven en el irredento sur, que se desarrolla antes y durante la Guerra de Secesión, y en la que esta chica será acusada (no sé cómo se puede acusar a alguien de ser de una determinada raza…) de ser hija de una esclava negra y, por tanto, la despojan de todos sus bienes. Por supuesto, por allí aparece Gable para salvarla…
Ya a finales de los años sesenta, en una época muy distinta (Martin Luther King y otros activistas, como Malcolm X, ya han dejado su semilla antirracista), nos encontramos con una película, Slaves (1969), con un mensaje bien distinto, un nítido mensaje de denuncia antiesclavista. Dirigida por Herbert J. Biberman, uno de los famosos Diez de Hollywood, que fueron represaliados en los años cincuenta por su pertenencia al Partido Comunista Americano, la peli se ambientaba a mediados del siglo XIX en los estados sureños, y se centraba en una pareja de esclavos vendidos al sádico propietario de una plantación, con las previsibles consecuencias… aunque contó con un reparto de lo más apañado (la poderosa Dionne Warwick, Ossie Davis, Stephen Boyd…), la crítica (blanca, of course…) de la época le dio fuerte y flojo…
Desengrasaremos un poco con el siguiente título a comentar, nada menos que Black Snake (1973), literalmente “serpiente negra”, dirigida por el muy rijoso Russ Meyer, aquel director obsesionado con los pechos femeninos, cada vez más grandes en sus sucesivas películas, en una suerte de “soft-core”, de blandiporno, que ciertamente era risible hasta decir basta. Esta peli fue un intento de Meyer de incurrir en el fenómeno conocido como “blaxploitation”, un cine específicamente hecho para negros durante los años setenta, con una historia protagonizada por la sádica dueña de una plantación y las sevicias a las que somete a sus esclavos, en un film que, por supuesto, resulta más una caricatura (como todo el cine de Meyer) que una obra de corte realista, y como tal debe entenderse.
El tema de la fascinación erótica de la hembra blanca por el semental negro aparece en una fecha en la que estos temas ya se pueden tratar, en los setenta. La peli es Mandingo (1975), dirigida por uno de los grandes directores yanquis de los años cincuenta, sesenta y setenta, Richard Fleischer, aunque ya a estas alturas su creatividad iba languideciendo. La historia contaba cómo el campeón de los esclavos en la disciplina de lucha es seducido por la sobrina del dueño de la plantación, un como siempre estupendo James Mason. El éxito comercial del film hizo que se rodara enseguida una secuela, Drum (1976), que incidía en el tema de la (entonces) vidriosa relación entre blancas y negros, con dirección de Steve Carver y con el campeón mundial de boxeo Ken Norton al frente del reparto.
Poco tiempo después se produce un fenómeno de masas muy curioso: la serie Raíces (1977), producida por la Warner, es un gran éxito de público no solo en Estados Unidos, sino también en el resto del mundo, centrado en un personaje, Kunta Kinte, un adolescente africano arrancado de su tierra para ser vendido en Estados Unidos, aunque mantendrá una sorda resistencia a su nuevo estatus (por llamarlo de alguna manera…), plasmado en no aceptar su nombre de esclavo sino mantener a todo trance el suyo original. Con dirección del experto cineasta televisivo Marvin Chomsky, el audiovisual descubrió que había toda una veta por explorar en la inicua explotación que la sociedad norteamericana ejecutó durante muchos años sobre su población de origen africano.
Sin embargo, es llamativo que haya que dar un salto de dos décadas para encontrar otro título significativo dentro del tema esclavitud/abolición, lo que parece indicar que lo que se hizo durante ese período no alcanzó un mínimo de interés. Y conste que el título que citaremos, Amistad (1997), no es precisamente una de las mejores pelis de Spielberg, pero sí otra de sus aportaciones al tema de la esclavitud y del antirracismo, como años atrás haría con El color púrpura. Amistad se centra en el comercio marítimo de esclavos, relatando un suceso real, el motín de un grupo de esclavos que se rebelaron en 1839 contra la tripulación que les conducía a Estados Unidos, aunque con escaso éxito, todo ello con un repartazo: entre los negros, Morgan Freeman, Djimon Hounsou y Chiwetel Ejiofor, y entre los blancos, Anthony Hopkins, Matthew McConaughey y Stellan Skarsgard.
Ya en el siglo XXI, Lincoln (2012), también de Spielberg, quiso ser el biopic definitivo sobre el famoso presidente (un Daniel Day-Lewis muy aparente para el personaje), aunque le salió un poco plasta, con demasiado diálogo. En cualquier caso, se centraba en los entresijos de la enmienda que debía abolir la esclavitud, ya casi al final de la Guerra de Secesión, con las idas y venidas en el Congreso para intentar conseguir los votos necesarios (por cierto, los demócratas se oponían…). Por su parte, 12 años de esclavitud (2013), del afrobritánico Steve McQueen (nada que ver con el actor clásico), fue “la película” sobre la esclavitud por excelencia de la década, planteando la historia real de un hombre negro libre, capturado en Nueva York para ser vendido en los estados del sur como esclavo, una producción que consiguió 3 Oscars, entre ellos el de Mejor Película, aunque paradójicamente no el de Mejor Actor para Chiwetel Ejiofor, cuando era el alma del film (habría que llamar a esto “microrracismo”: ¿a que lo patento?).
Un siglo más tarde del título de Griffith que comentábamos al principio de este artículo, el actor y director afroamericano Nate Parker rueda una peli homónima, El nacimiento de una nación (2016), que no sigue (afortunadamente…) los pasos en cuando a contenido de la peli de Griffith, presentando una historia peculiar en la que un esclavo aleccionado para confortar a los suyos en las penalidades en las que están sumidos por sus amos blancos, se percata de la abyección que supone que una persona sea propiedad de otra, en una historia que recuerda, aunque vagamente, la de otro esclavo rebelde, Espartaco.
Harriet, en busca de la libertad (2019) es un largometraje de la actriz y directora afroamericana Kasi Lemmons, sobre la mítica, pero tan real, figura de la abolicionista Harriet Tubman, una mujer que, en la muy inhóspita (para las mujeres, y más si eran negras) mitad del siglo XIX, no solo se liberó a sí misma, sino que consiguió emancipar a muchos esclavos, siendo uno de los nombres heroicos norteamericanos, con Cynthia Erivo (la bruja mala/buena de Wicked) como el personaje histórico.
Otro de los nombres señeros del abolicionismo, que ya hemos citado anteriormente, es sobre el que gira la miniserie El pájaro carpintero (2020), con Ethan Hawke como creador y protagonista, asumiendo el rol de John Brown, aquel abolicionista que no dudaba en utilizar la violencia para conseguir la liberación de los esclavos. Otra miniserie, El ferrocarril subterráneo (2021), presenta la fuga de dos jóvenes esclavos, chico y chica, que se embarcarán en un tren subterráneo que supuestamente recorría bajo tierra todo el país, en realidad la plasmación física de algo que sí existió, una red clandestina de casas, refugios y rutas secretas que utilizaban los esclavos que conseguían escapar de sus amos sureños para huir hacia el norte, bien a los estados septentrionales, donde no existía ya la esclavitud, bien a Canadá. Con dirección del oscarizado Barry Jenkins (por su estupenda Moonlight) y producida por, entre otros, Brad Pitt, la miniserie obtuvo un buen número de premios, entre ellos el Globo de Oro y el BAFTA (los Goyas británicos).
La última película que glosaremos en este apartado de esclavitud y abolición será Hacia la libertad (2022), film de Antoine Fuqua con la estrella Will Smith al frente del reparto, que también la coproduce, en una historia inspirada en hechos reales, la historia de un esclavo que, arrancado de su familia en los Estados Unidos, tras muchos sufrimientos pero con gran fuerza de voluntad para aguantarlo todo, finalmente huye, siendo perseguido a muerte por un feroz cazarrecompensas.
Ilustración: Una imagen de Chiwetel Ejiofor en la película 12 años de esclavitud (2013), de Steven McQueen.
Próximo capitulo: Estados Unidos cumple un cuarto de milenio: los USA en la pantalla. La Guerra de Secesión (IV)