31/07/2026
Ha muerto, tan de improviso, tan prematuramente, a los 62 años, Manolo Solo, nombre artístico de Manuel Jesús Fernández Serrano (Algeciras, 1964), criado en Sevilla, licenciado en Educación, carrera que nunca ejerció, músico, bajista y vocalista de varios grupos, actor teatral formado en el Instituto del Teatro sevillano, pero sobre todo actor total, profesión en la que se desempeñó ferazmente a lo largo de cuatro décadas, en las que fue creciendo paulatinamente en la importancia de sus papeles, pero también madurando un talento natural que, sobre todo en los últimos tres lustros, le hizo explotar como uno de los grandes de la interpretación en España.
Sus inicios fueron, por supuesto, en pequeños papelitos, en modestas a la par que esforzadas películas como Carlos contra el mundo, Cuando todo esté en orden o Astronautas, pero también en algunos episodios de series que tuvieron en su momento repercusión popular, como Un paso adelante o El comisario. También estuvo en algunas de las cintas que, durante los primeros años del siglo XXI, pugnaron por hacer un cine andaluz y a la vez universal, como 15 días contigo, de Jesús Ponce, o, singularmente, 7 vírgenes, la explosión como reconocido director de Alberto Rodríguez, que supo descubrir en aquel actor de aspecto físicamente endeble el gigante que en realidad era.
Estuvo (todavía en papeles episódicos) en algunos proyectos ambiciosos, como El laberinto del fauno, de Guillermo del Toro, pero en general su presencia era requerida para películas de corte más intimista. Por fin, la década de los años diez de este siglo XXI será la de su definitiva consagración, con papeles de reparto que cada vez tenían más “carne” (la que él le ponía, por supuesto), como el director de la prisión de Celda 211, uno de los grandes éxitos del cine español de esos años, convirtiéndose desde entonces en uno de los más firmes y seguros valores de la interpretación en España.
A partir de ahí se suceden los personajes memorables, en una serie de películas que le encumbrarán como uno de los actores más interesantes de nuestro panorama. Hemos seleccionado diez obras escogidas, en las que Manolo Solo hizo auténticas creaciones, como veremos.
En La isla mínima (2014), de nuevo a las órdenes del sevillano Alberto Rodríguez, interpretó un personaje no demasiado extenso pero sí crucial, el periodista de El caso (a los que peinan canas no hay que explicarles esto; a los que no, era un periódico dedicado exclusivamente a la crónica de sucesos -cuanto más morbosos mejor…-, de extraordinario éxito en su momento) que tira del hilo que permitirá desenredar el embrollo de los asesinatos que se suceden en el peculiarísimo paisaje de las marismas del Guadalquivir.
Para Tarde para la ira (2016) Manolo compondrá un personaje inolvidable, El Triana, un pobre diablo al que el algecireño dotó de una voz como de tiple, y de una personalidad extrañísima y a la vez reconocible, y permitió la filmación de una de esas escenas de las que uno no se olvida fácilmente, consiguiendo con ello su segunda nominación al Goya (la primera había sido el año anterior, con B, la película), premio que además consiguió, compitiendo con pesos pesados como Javier Gutiérrez y Karra Elejalde.
Alberto Rodríguez, siempre atento a su calidad actoral, lo reclama para su serie La peste (2017), para Movistar+, costeada y magnífica producción ambientada en la Sevilla de finales del siglo XVI, en la que Solo será el plenipotenciario y melifluo Inquisidor General de la ciudad, un personaje taimado y de suaves maneras, pero en el fondo un fementido hideputa (perdónennos el cultismo, ya que estamos en el Siglo de Oro…), un personaje decisivo por la forma en la que forzará al protagonista (un estupendo Pablo Molinero) a actuar a guisa (ya que estamos…) de detective de época.
La vis cómica de Manolo Solo, que la tenía, y a espuertas, aparecerá en Sevillanas de Brooklyn (2021), la comedia de Vicente Villanueva en la que el actor de Algeciras interpretaba al muy peculiar paterfamilias de un clan de clase media-baja, que fantaseaba con salir de su “tiesura” económica a base de engatusar a un estudiante yanqui haciéndole creer que su desastroso hogar era poco menos que un casoplón de alto “standing”.
En El buen patrón (2021) vuelve Manolo a los personajes dramáticos, en este caso el gerente del “patrón” del título (un inmenso Javier Bardem), un hombre que atraviesa por una dura crisis matrimonial que amenaza con los planes del empresario, un personaje atormentado que, como siempre en Solo, él llenaba de matices y de verdad. Esta película le procuraría su tercera nominación a los Goya.
En Girasoles silvestres (2022), del siempre exquisito Jaime Rosales, Solo estrena su primer personaje de abuelo, un abuelo entrañable, que será el punto de apoyo emocional sobre el que la protagonista, Anna Castillo, podrá descansar en sus complicadas tribulaciones sentimentales.
Con Cerrar los ojos (2023), el regreso de Víctor Erice a la dirección de cine (treinta años después de su anterior película…), Manolo Solo afronta su primer protagonista absoluto, un personaje fascinante, en alguna medida un “alter ego” del propio director, en un papel lleno de detalles, que Solo bordó como solía hacerlo, “hacia adentro”, y que le depararía su cuarta nominación del Goya, en este caso, por primera vez, en la categoría de protagonista.
En la miniserie para Movistar+ Celeste (2024), cuyo creador es el guionista vasco Diego San José (uno de los responsables del libreto de Ocho apellidos vascos, para situarnos…), a Manolo le tocó hacer de paparazzi, un paparazzi muy singular, un tipo con una filosofía vital extraña, cínico a su manera, y sin embargo humanísimo, con una estupenda química con la protagonista, Carmen Machi, una inspectora de Hacienda de armas (fiscales) tomar.
En Una quinta portuguesa (2025) conseguiría, en nuestra opinión, una de sus grandes cumbres, la historia de un hombre zarandeado por la vida que, inopinadamente, encontrará una razón para vivir en otro país, con otra identidad, con otra existencia, en una sutilísima película de la cineasta valenciana Avelina Prat, que gustó muchísimo, rodada a caballo entre España y Portugal, y que le valdría su quinta y, a la postre, última nominación al Goya, también en la categoría de protagonista.
Cerraremos esta apresurado resumen sobre lo más granado de la filmografía de Solo con otra de sus cumbres, el personaje del teniente general y vicepresidente del gobierno Manuel Gutiérrez Mellado, en la miniserie de (otra vez) Alberto Rodríguez para Movistar+, Anatomía de un instante, espléndida versión de la novela homónima de Javier Cercas, en la que de nuevo Solo hacía un papel inolvidable, aquel menudo general de inicuo pasado franquista pero con un presente (el de la Transición) en el que se convirtió absoluta, entregadamente a la causa de la democracia y la libertad, que hubieran sido mucho más difíciles de lograr sin su decidido concurso.
Manolo Solo, solo Manolo, gran artista, músico, bajista, cantante, doblador de animes, actor teatral, de cine y televisión, extraordinario componedor de personajes inolvidables… te recordaremos siempre por tu talento artístico, pero también por tu humanidad sin límites…
Ilustración: Manolo Solo, caracterizado como el vicepresidente del gobierno Manuel Gutiérrez Mellado, en la miniserie de Alberto Rodríguez Anatomía de un instante (2025).