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La serie histórica española por antonomasia de lo que va de siglo XXI nos parece que es Isabel (2011-2014), tres temporadas con un total de 39 episodios que nos contó muy atinadamente (por supuesto con sus licencias artísticas…) la vida y milagros de la Reina Isabel, llamada La Católica, encarnada por Michelle Jenner. Aquella serie estuvo pilotada como creador en su primera temporada por Javier Olivares, que después cedió la batuta a Jordi Frades. Es evidente que la serie marcó una senda, la de las buenas a la par que costeadas versiones de personajes históricos españoles relevantes. Casi el mismo equipo creativo y técnico haría poco después otra miniserie similar, Carlos, Rey Emperador, igualmente solvente, pero algo más endeble.
Esta Ena. La reina Victoria Eugenia parte, en buena medida, de aquel éxito, buscando poner en imágenes la vida de la aristócrata inglesa que se convertiría en reina de España tras casar con Alfonso XIII. La miniserie, de 6 capítulos, revisa la vida de la joven Ena, desde que era una segundona en la corte británica, hasta que, por diversas carambolas, resulta ser la elegida por el joven rey Borbón español de comienzos de siglo, aunque en realidad Alfonso fue rey incluso antes de nacer, al morir su padre Alfonso XII cuando su madre, la entonces ya reina regente María Cristina, estaba aún embarazada.
La serie, como decimos, abarca esencialmente cuarenta años, los que van desde 1906 a 1941, las fechas de la boda de los soberanos y la de la muerte de Alfonso XIII, respectivamente. Habrá también tiempo para algunas escenas anteriores, en las que conoceremos brevemente la juventud de la futura reina, y posteriores, para ver algunos momentos importantes en su vida tras la muerte de su marido, pero en esencia son esos treinta y cinco años los que pone en imágenes la miniserie, tomando como base la novela homónima de Pilar Eyre. Javier Olivares actúa como creador, habiendo sido guionista de series tan populares como Los hombres de Paco, Los Serrano y El ministerio del tiempo.
Lo cierto es que, efectivamente, en la historia de Ena, el nombre con el que era conocida en su entorno familiar, pero que reinaría como Victoria Eugenia (sus dos primeros nombres de pila), hay temas de interés que pueden resultar muy atractivos en un audiovisual como éste. Vemos así como su estreno como reina no pudo ser más trágico, cuando el anarquista Mateo Morral les lanzó una bomba cuando los soberanos marchaban entre sus súbditos por la calle tras contraer matrimonio. En aquel intento de magnicidio (del que los reyes, milagrosamente, salieron ilesos) murieron casi treinta personas y resultaron heridas más de cien, unas personas heridas a las que la reina se empeñó en visitar, en contra del criterio de todos, lo que supuso un primer paso para que la monarca se ganara el favor del pueblo. Otros hechos importantes en su reinado serían su implicación, durante la Primera Guerra Mundial (en la que España permaneció neutral), en la organización del cuerpo de Damas Enfermeras que formaron parte de la Cruz Roja, así como su oposición a la Dictadura de Primo de Rivera, posteriormente la salida de la familia real de España a raíz del triunfo de la II República tras las elecciones municipales de Abril de 1931, y, ya en el exilio, la sublevación militar de Franco del 18 de Julio de 1936 y la posterior Guerra Civil hasta 1939.
Todo ello está dado por Olivares y sus directoras, Anaïs Pareto Onghena y Estel Díaz, en una producción bien ambientada en todos los aspectos, como atrezzo, escenarios, vestuario… se han utilizado con profusión (que para eso produce RTVE, la televisión pública) escenarios reales de Patrimonio del Estado, como el Palacio Real, La Granja o el Palacio de la Magdalena, entre otros, lo que le da una magnificencia evidente. Estamos entonces ante una interesante serie, contada correctamente, de forma clásica, aunque son frecuentes los saltos en el tiempo, hacia atrás o hacia adelante, a pesar de lo cual se sigue razonablemente bien, sin muchas complicaciones.
Es curioso que buena parte del primer capítulo se dedique a la figura de Mateo Morral, el anarquista que intentó matar a los reyes (aunque a los que reventó fue a los soldados de la Guardia Real, a gente del pueblo y a algún aristócrata), un hombre de clase alta que, sin embargo, repudió esa cuna entre algodones y se entregó a la causa social, solo que, mal aconsejado, derivó hacia el uso de la violencia con usos políticos, como si eso pudiera ser la solución a los problemas del pueblo.
Hay personajes, al margen de la protagonista, bastante interesantes, como la reina madre, María Cristina, que durante toda su vida, incluso cuando su hijo ya era rey de pleno derecho, ejerció un gran ascendiente sobre Alfonso XIII, si bien en algunas cuestiones esenciales, como casarse con Ena, el monarca tomó sus propias decisiones, en contra del criterio de la que fuera regente. Una decisión de la que, según la serie, años más tarde se arrepentiría, al ver que, efectivamente, Ena era transmisora de la hemofilia, enfermedad que heredaron varios de sus hijos varones.
Ena es una serie que, al menos en sus primeros capítulos, es muy luminosa, busca con buen criterio transmitir el buen tono que en la pareja existió al menos durante los primeros años, aunque el rey, como buen Borbón, pronto empezó a tener amantes, de lo que la reina era consciente y lo toleraba porque, entre otras cosas, no le quedaba más remedio… En ese sentido, se plantea aquí un ficticio encuentro (porque en la realidad nunca llegó a suceder…) entre la reina y Carmen Moragas, la que durante muchos años fue la amante “oficial” del monarca, con el que tuvo dos hijos.
Uno de los “leit motivs” del film, sobre todo en los primeros capítulos, es el de la dificultad de la reina Victoria Eugenia para adaptarse a España, sobre todo por el desconocimiento del idioma español, teniendo que aprenderlo de forma autodidacta, porque nunca se le asignó un profesor para que lo hiciera de una forma ordenada. Esa dificultad para entender la lengua se añadió a la diferente idiosincrasia entre la corte inglesa, a la que pertenecía Ena por nacimiento, y la española, donde vivió en su edad adulta y era, en teoría, la mujer más poderosa, aunque la reina madre, según la serie, la mangoneó de forma importante al menos durante los primeros años de su reinado.
Se pone el acento también en la serie, como en el libro de Pilar Eyre, en la fuerte inclinación social de la reina, no solo por la creación del cuerpo de Damas Enfermeras (del que ella misma formaba parte), sino también por su persistente presión al rey para que creara una sanidad pública para la gente sin recursos.
En este sentido, es evidente que el retrato que hace la serie sobre Ena es siempre positivo, no hay apenas sombras en su vida, en una versión idealizada y un tanto edulcorada sobre la reina, un poco en la línea de otras monarcas consortes que sufrieron a sus suegras y a las estiradas cortes a las que llegaron desde el extranjero, como Sissi, Victoria y María Antonieta, todas ellas, por supuesto, repetidamente llevadas al cine y la televisión.
Nos parece que Ena es una serie muy correcta y agradable, pero ciertamente podría haber sido mejor. Hay en general un tono liviano, no pareciendo que busque ser ni muy sesuda ni muy trascendente, faltándole el intenso tono político de Isabel, probablemente la mejor de las ficciones televisivas que ha hecho Javier Olivares.
Buen trabajo actoral en general, con una Kimberley Tell convincente en el papel protagonista, tratándose de una actriz canaria aunque de padres anglo-daneses, cuya carrera viene transcurriendo casi en su totalidad en España. Entre los secundarios nos quedamos con la firmeza y el buen hacer de Elvira Mínguez como la reina madre, así como con Joan Amargós como Alfonso XIII, con el que tiene gran parecido, o un Mariano Peña que hace un convincente y extremadamente dominante general Primo de Rivera.
(23/05/2026)