Pelicula:

C I N E   E N   S A L A S

Jim Sheridan (Dublín, 1949), qué duda cabe, es historia viva del cine irlandés. Durante los años sesenta y setenta se labró un prestigio en el teatro, esencialmente como productor. A finales de los ochenta se pasa al cine, y lo hace dando la campanada con Mi pie izquierdo (1989), que conseguiría 2 Oscars para sus intérpretes. Durante los años noventa hizo varios films que dejaron huella, casi siempre en torno al conflicto entre las comunidades irlandesa e inglesa, o republicana y monárquica, o católica y protestante, que esas son (en general…) las irreconciliables divisiones existentes en, esencialmente, Irlanda del Norte, el irredento Ulster que por fin hoy día está en paz, aun con tensiones. En esa década se sucedieron los títulos estimables: El prado, En el nombre del padre, The boxer… Pero lo cierto es que, a partir del siglo XXI, su cine ha decaído en interés, hasta el punto de que hacía bastantes años que no llegaba ninguna nueva película a España, a pesar de haber rodado varias desde entonces.

Ahora nos llega con esta especie de experimento, Recreación de un asesinato, que imagina las deliberaciones de un hipotético jurado que, en Irlanda, hubiera juzgado a Ian Bailey, quien fue acusado a finales del siglo pasado del asesinato de Sophie Toscan du Plantier, una francesa que tenía en la zona su segunda residencia. Aquella historia verídica se saldó con un sobreseimiento de la causa en Irlanda, por falta de pruebas, y, veinte años después, una condena “en rebeldía” en Francia, donde sí juzgaron el caso, muchos años más tarde, teniendo en cuenta que la asesinada era ciudadana gala y que en el país donde ocurrieron los hechos no llegaron a juzgar a Bailey.  

Vemos, efectivamente, una sala de deliberaciones, de donde no sale prácticamente la acción, y el momento decisivo cuando esos 12 jurados (6 hombres y 6 mujeres) tienen que emitir un veredicto; hay 11 votos que consideran culpable al acusado, y uno, el de la jurado número 8, que lo considera no culpable, porque tiene dudas. A partir de ahí iremos viendo las discusiones de los miembros del jurado, con algunos momentos de tensión cuando se enfrentan posturas encontradas…

Por supuesto, es imposible no hablar de la evidente influencia que en este docu-ficción tiene el clásico del cine de deliberaciones del jurado por excelencia, la magnífica Doce hombres sin piedad (1957), la película con la que debutó en el cine (en televisión ya había echado los dientes…) Sidney Lumet, una deslumbrante obra que marcó las muchas que posteriormente se han hecho en torno al mismo tema. Pero de igual manera que aquella vieja y espléndida película de Lumet estaba recorrida por un aliento liberal, al plantear la necesidad de que la ley mantuviera siempre una mirada abierta y no despachara rutinariamente condenas que podían destrozar la vida de una persona (generalmente, además, de los estratos más bajos de la sociedad), la película de Sheridan (auxiliado para la ocasión por David Merriman) nos parece tramposa, falsa, buscando siempre una justificación que excede, con mucho, el planteamiento de Lumet. Porque no hay nada menos liberal, menos progresista, que la impunidad del malo, que el delincuente (cualquiera que sea el origen de su perfidia) sepa que, haga lo que haga, se irá de rositas. 

Porque la tesis de esta película se sintetiza en realidad en solo dos escenas, una casi al principio y otra casi al final; en la primera, el jurado número 8 (Vicky Krieps) expresa sus dudas no ya sobre si Bailey fue, o no, quien cometió el asesinato, sino sobre si es lícito mandar a alguien a prisión incluso aunque lo hubiera cometido; en la segunda, la trama se va manipulando aviesamente por los guionistas (que son también los codirectores) para pastorear al público hasta que la misma jurado mangonee descaradamente al jurado rebelde que lo creía culpable para desactivar las últimas resistencias y verbalice expresamente el perdón para ese jurado por cierto asunto del pasado en el que actuó vengativamente, para exonerar con ello, en (in)justo paralelismo, a Bailey, y dar por bueno que todos debemos ser perdonados por lo que hagamos, lo que quiera que sea.

Pero, claro, esa tesis equivaldría, literalmente, a la ley de la selva y a la ley del más fuerte, dos leyes que, desde luego, nada tienen que ver con el perdón y el vamos a llevarnos bien, sino con la barbarie y el caos absoluto. Si las cárceles y las penas de pérdida de libertad se eliminan, ¿cuál es la alternativa? Porque aquí se apuesta por esa eliminación de las penas de presidio, pero no se da una solución sobre cómo afrontar la inevitable (y tan justificada) reprensión y corrección de los delitos por parte de los estados, por parte de la sociedad en la que vivimos.

Aparte de ese metafórico “ancha es Castilla” que propone Sheridan aquí (que mejor que se lo hubiera ahorrado, o al menos nos hubiera propuesto algo en positivo), no hay nada distinto a lo habitual en este tipo de pelis en las que sabemos, porque así lo estableció el canon-Lumet en Doce hombres sin piedad, que al final todos acabarán cediendo, y desde luego, no está aquí hecho de tal manera que nos olvidemos de aquel canon, que era infinitamente mejor en su exposición, planteamiento y desenlace. En este caso, desde luego, las pruebas eran bastante circunstanciales, por lo que se indica aquí, y la investigación fue tirando a desastrosa.

No es este el buen cine de Sheridan que queremos volver a ver. Ciertamente, parece que el por lo demás talentoso cineasta últimamente anda bastante despistado, y esta nueva, y endeble, aportación a su filmografía no le va a sacar de ese marasmo, nos tememos.

Los actores y actrices, correctos, sin alharacas. Krieps, convertida ya en una estrella del cine europeo, rodando sin problemas en varios idiomas, aquí lo hace en dos, inglés y, en una escena, también en francés. El propio Sheridan asume el papel de presidente del jurado, también con corrección. Aparece al principio en una escena, casi un momento, Aidan Gillen, el famoso “Meñique” de Juego de tronos, pero da la impresión de que solo para ponerlo en las carteleras al frente del reparto, porque su papel es prácticamente un cameo.



Género

Nacionalidad

Duración

89'

Año de producción

Recreación de un asesinato - by , May 14, 2026
1 / 5 stars
6 hombres y 6 mujeres sin piedad