Tras el fracaso de público de su anterior Atormentada (1949), tanto por el cambio de tono del film (no era un thriller puro, sino una historia romántica con algunas –pocas...- gotas de suspense) como por el hecho de que se descubriera la infidelidad adúltera (que en aquella época era auténtico veneno para la taquilla...) de su protagonista Ingrid Bergman al irse a vivir con Roberto Rossellini, abandonando a su esposo, Hitchcock volvió al género, el thriller, que más satisfacciones le deparó, con este Pánico en la escena, sobre la novela de Selwyn Jepson, que adaptaron Whitfield Cook y la esposa de Hitch, Alma Reville, siempre la genio detrás del genio...
La película se abre con un telón de teatro que asciende; detrás está la ciudad... por supuesto, es una forma de decirnos que todo lo que vamos a ver es teatro, puro teatro... Vemos seguidamente a Eve y su amigo Cooper, que marchan, demudados, en un coche que conduce ella. El hombre le cuenta lo que le ha pasado: a su casa ha llegado una actriz, Charlotte, con la que mantenía una relación en secreto, quien le confiesa que ha matado a su marido en el curso de una discusión; con una crisis de ansiedad, le dice que no puede ir a trabajar al teatro con el vestido manchado de sangre, así que el hombre (que está colado por ella) se ofrece a ir al piso a por otro vestido limpio. Pero cuando Cooper llega a la casa, tras coger el nuevo vestido, es descubierto por la mujer de la limpieza que ha llegado a hacer su trabajo. El hombre huye en busca de Eve (actriz en la Real Academia de Arte Británico, la prestigiosa RADA), pidiéndole que le ayude a huir de la Policía que le pisa los talones...
Lo más curioso de esta película es sin duda el engaño que realizó Hithcock al público al darle un flashback mentiroso: lo que se cuenta en cierta secuencia no es verdad, sino un embuste por parte de uno de los personajes, lo que evidentemente condiciona la visión de la peli por parte del público, que tiende a identificarse, claro está, con los “buenos”. Pero el astuto Hitch, siempre buscando la forma de sorprender al espectador, optó aquí por esta fórmula que podríamos llamar “una intriga criminal con trampa”, que ciertamente no tuvo posteriormente mucho seguimiento, entre otras cosas porque al llamado “respetable” no le gusta demasiado que le tomen el pelo...
Las escenas de suspense están bien dosificadas a lo largo de la trama, con frecuencia articulándose a través de hechos cotidianos, como la necesidad por parte de la protagonista, Eve (que se ha hecho pasar por la nueva ayudante de Charlotte, para intentar averiguar lo que ha pasado realmente), de impedir que el policía que ha conocido recientemente (y del que está secretamente enamorada, siendo correspondido por éste) la descubra en ese papel impostado que está llevando a cabo para ayudar a su amigo Cooper; o, ya en la feria en la que tiene lugar la penúltima escena del film, cuando la prota se encuentre también en una encrucijada con varios frentes abiertos, que habrá de afrontar con creciente ansiedad: la sospechosa Charlotte, su amado policía que investiga, la ayudante de la diva teatral que la chantajea...
Todo ello con la habitual elegante puesta en escena hitchcockiana, una puesta en escena siempre con intención, en la que no faltarán, por supuesto, algunos rasgos del fino humor del cineasta londinense, así como una sutil e interesante utilización del trávelin como forma de dar intensidad al suspense.
La película, rodada en bonito y contrastado blanco y negro del director de fotografía Wilkie Cooper, utiliza ese juego de luces y sombras con inteligencia, en especial en la escena cumbre, casi al final, cuando la cámara se fija en primerísimo plano en los rostros de ambos protagonistas, y en concreto en sus ojos, bañados por un rayo de luz que resaltará vivamente el miedo de una, la insania del otro.
Temáticamente, Hitch juega aquí con algunos mitos universales, como el de la mujer que domina al hombre a su antojo (de tan célebres antecedentes literarios como La femme et le pantin, de Pierre Louÿs, o cinematográficos, como El ángel azul, de Von Sternberg), aunque con una sutil diferencia que no debe ser revelada, lógicamente, al afectar al intríngulis del criminal. El personaje de Charlotte, con Marlene Dietrich (ya que hablábamos de El ángel azul, que ella protagonizaba...) responde paladinamente al arquetipo de la mujer dominante, fría y calculadora, la arpía que pastorea a su amante como le place, aunque nos parece que Dietrich, en este papel, está un tanto sobreactuada, un poco en plan diva... Jane Wyman, por aquel entonces recién divorciada del que en el futuro sería el presidente Ronald Reagan, está correcta en su papel, como también los actores principales, Richard Todd (Cooper) y Michael Wilding (el policía enamorado).
(16-02-2025)
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