[Esta película forma parte de la Sección Oficial del 22 Festival de Cine Europeo de Sevilla (SEFF’2025)]
Macedonia del Norte (así denominada oficialmente por la oposición de Grecia a que se llame solo Macedonia, para evitar conflictos con su propia región así conocida) es una de las repúblicas nacidas de la traumática implosión de Yugoslavia en los años noventa, tras morir el mariscal Tito, cuyo férreo régimen mantuvo unidos lo que eran pueblos muy diversos y sin muchos puntos en común, ni siquiera la lengua. No llega el país a los dos millones de habitantes (vamos, como los que viven en la provincia de Sevilla…) y su PIB lo sitúa en el puesto 130 del ranking mundial, al nivel de Burkina Faso o Zimbabue. Quiere decirse que es un país pobre, el más pobre de Europa, y el cine, consecuentemente, no parece ser una de sus prioridades. Desde su independencia en 1991 la IMDb censa como producidos allí solo unos 750 títulos, entre largos, cortos, documentales y series. De vez en cuando, no obstante, nos llega a Occidente alguna muestra de su cine, y lo cierto es que, cuando menos, es llamativo.
De aquella procedencia recordamos una curiosa película de hace unos años, de título más que peculiar, Dios es mujer y se llama Petrunya (2019), dirigida por una mujer, Teona Strugar Mitevska, lo que teniendo en cuenta que se trata de un país de cultura y religión musulmana (aunque de corte moderado), resulta sorprendente. Ahora nos llega esta otra peli también bastante curiosa, DJ Ahmet, situada en una remota zona rural al norte del país, una zona muy conservadora; se inicia con un plano general, en el que solo hay un árbol y una reunión de mujeres macedonias ataviadas con sus vistosas y coloridas ropas tradicionales, que se cuentan entre ellas la historia de Ahmet: sabemos entonces que es un adolescente, quizá en torno a los 17 años, al que su padre saca de la escuela para que se encargue de las ovejas de la familia. La madre ha muerto algún tiempo atrás, y Ahmet tiene un hermanito pequeño, Naim, que desde que murió la madre no ha hablado. El padre, agobiado por la pena, la descarga sobre su hijo mayor, castigándolo no solo con dejarlo sin estudios, sino también cuando no cumple con sus tareas ovejunas, dado que el chaval está obsesionado primero con la música y después con una joven vecina, Aya, de la que se enamora como un becerro (aquí diríamos mejor un cordero, por aquello de que es pastor de ovejas…), cuando la chica está prometida con un muchacho rico de la zona, aunque lo que a ella le gusta realmente es montar sandungueras coreografías para subirlas a Tik Tok…
Georgi M. Unkovski (Nueva York, 1988) es un cineasta macedonio, a pesar de su nacimiento en los USA, formado en Inglaterra y, tras ello, afincado en la Macedonia de sus ancestros, donde se dedica al cine publicitario y desde hace unos años también al cine comercial; hasta ahora solo había hecho varios cortos, alguno tan laureado como Sticker, que consiguió más de treinta premios en festivales de todo el mundo. Ahora salta al largo con esta curiosa dramedia en clave de “coming age” romántica, de maduración y enamoramiento, con la peculiaridad de transcurrir la historia en el irredento y muy tradicional norte de Macedonia, en un lugar donde todo se hace como antiguamente, con lo que las moderneces de Tik Tok lo llevan más bien mal...
La peli adquiere a ratos tonos como de realismo mágico, como esa fiesta en plan “rave” o similar que aparece como por arte de magia en medio del bosque, allí en el culo del mundo, o esa oveja pintada de rosa fucsia que le provocará más de un dolor de cabeza al protagonista. El film navega con soltura entre los ritos más tradicionales del lugar, con las costumbres ancestrales de las bodas y sus preparativos, y la modernidad, que en la zona está representada por las músicas urbanas que escucha Ahmet (lo que propiciará que le llamen DJ) y su enamorada Aya, que está dispuesta a boicotear el matrimonio que no quiere contraer bailando una coreografía en el festival del pueblo que pone los pelos de punta a la carcunda población local, su padre incluido.
Bien filmada, es cierto que toda la primera parte resulta un tanto morosa, mientras nos vamos enterando de las circunstancias de la familia protagonista y después del enamoramiento hasta las trancas del pastor pinchadiscos, pero toda la parte final tiene un ritmo frenético, como convenía ciertamente a esta peculiar historia de enamorados macedonios en un lugar geográfico que no ayuda, precisamente, a su amor.
La peli tiene toques de comedia, como ese divertido muecín que coloca altavoces en el minarete de la mezquita para que sus rezos lleguen a todo el pueblo, pero donde se le cuela de todo, no solo las plegarias… El conjunto es agradable, y permite una mirada entre lo cómplice y la denuncia “sotto voce” sobre una sociedad demasiado enraizada en su pasado, incapaz de evolucionar y de dar autonomía a sus miembros, en especial a las mujeres, determinadas todavía allí a cumplir un papel subsidiario en la comunidad.
Los protagonistas jóvenes son todos actores no profesionales; en especial nos gusta Arik Jakup, que hace del Ahmet del título, un joven ciertamente dotado de una frescura muy interesante, resultando muy natural y creíble ante la cámara.
(10/11/2025)
99'