Pelicula:

[El lector interesado en la relación de William Shakespeare con el cine puede consultar en Criticalia los artículos titulados genéricamente 1616-2016: 400 años. Los caballos de Shakespeare, de los que es autor el profesor Rafael Utrera Macías, pulsando en los siguientes enlaces: I, II y III

C I N E   E N   S A L A S

La obra de William Shakespeare, probablemente el escritor más influyente y popular que haya existido jamás, ha sido versionada por cine y televisión de una forma oceánica: la IMDb censa, a la fecha de estas líneas, casi 1.900 títulos inspirados de una u otra forma en la extensa obra del llamado Bardo o Cisne de Avon, e informa de que hay otros 46 proyectos en curso… Pero también su propia figura ha sido objeto de diversos acercamientos por parte del audiovisual, no solo por las muchas sombras que hay sobre su persona (y no digamos sobre la autoría de su obra), sino también porque, evidentemente, un hombre capaz de escribir un buen puñado de dramas, tragedias y comedias que han conformado un universo de arquetipos como seguramente nadie más ha hecho (ni lo hará…) es alguien extraordinariamente atractivo a la hora de imaginar cómo fue en realidad su vida, en qué condiciones forjó su obra.

El hecho de que se conozcan relativamente pocas cosas de la vida del Bardo, por supuesto, azuza la imaginación y la creatividad de otros autores; así, la escritora norirlandesa Maggie O’Farrell publicó en 2020 su novela Hamnet (en España editada por Libros del Asteroide), en la que fantasea sobre la posibilidad de que la muerte a los 11 años del hijo de Shakespeare y Agnes (o Anne) fuera la dolorosa génesis de su posterior tragedia Hamlet. La novela está vista desde la perspectiva de la mujer, no del genio, y por tanto es una mirada mucho más familiar, mucho más emocional, más cercana, alejándose del relato histórico sobre el mito para entrar más en el terreno de los sentimientos, en especial al centrarse en el trágico momento en el que Hamnet, el único hijo varón de Agnes y Will, muere de peste bubónica, aunque históricamente se desconoce si fue ésa realmente la enfermedad que lo mató.

La novela tuvo un gran éxito de ventas y de crítica, y Chloé Zhao la lleva ahora al cine, con el concurso de la propia O’Farrell como coguionista, en esta película que, ciertamente, no deja indiferente. 

La acción se inicia en el último cuarto del siglo XVI, en los años de juventud de Will y Agnes. Ambos se conocen y se enamoran casi de inmediato; ella tiene fama como de medio bruja, porque conoce muchos remedios naturales y disfruta profundamente de una fecunda comunión con la naturaleza. Vencen las iniciales reticencias de ambas familias, casan y tienen una primera hija, Susanna. Will, sin embargo, se siente como león enjaulado en el pueblo; pronto marcha a Londres, donde empieza a ser bien considerado como actor y dramaturgo de éxito. Entretanto Agnes queda embarazada de nuevo, pero ahora son dos mellizos, Hamnet, un niño, y Judith, una niña. Will sigue pasando largas temporadas fuera, pero cuando vuelve disfruta mucho de sus vástagos, en especial con Hamnet, que sueña en convertirse en actor como su padre…

Habrá que decir que los comienzos nos hicieron temer lo peor: las primeras andanzas de Will como maestro del pueblo y sus escarceos amorosos con Agnes, sin ser inanes, sí que resultaban un poco… ¿cómo decirlo? Vale, aburridos, para qué andarnos por las ramas. Es verdad que la película requiere un “tempo” lento, pero esos primeros treinta minutos, la verdad, resultan poco agradecidos para el espectador… Pero, claro está, hay que presentar el planteamiento para que podamos llegar al nudo y después al desenlace (qué propio esto, ya que hablamos de Shakespeare…), y es verdad que, en cuanto la peli afronta la almendra de su trama, la muerte de Hamnet y cómo ello incide devastadoramente sobre todo en Agnes (pero también, de otra forma, en Will), el film cambia apreciablemente, y de qué manera. Se suceden entonces las escenas formidables, como la que el pequeño Hamnet comparte con su hermana Judith, gravemente enferma de peste bubónica, en la que el niño intercambiará su vida por la de su hermana para salvarla, fiel al juramento que hizo a su padre, “seré valiente, padre, seré valiente”, prometiéndole cuidar de la familia en ausencia del progenitor. O la desgarradora escena de la muerte del niño, en la que hasta las piedras llorarían, hecha además con algunos recursos de purísima cinematografía, como esa especie de celosía a través de la que vemos al pequeño Hamnet cuando ya sabemos que está más cerca del mundo de los muertos que de los vivos, que se marcha ya sin remedio. 

Aún más, toda la secuencia final, en la que Shakespeare vuelca su inmenso dolor en la representación sobre las tablas de la tragedia de Hamlet, con la propia Agnes presente, resulta tan dolorosa como, a la postre, esperanzadora, suponiendo una intensísima catarsis, la poética, doliente, devastadora transfiguración del Hamnet muerto en este Hamlet inmortal, cuando el niño se convierte en alguien que no morirá nunca. 

Chloé Zhao, la directora chinoamericana, ya nos gustó crecientemente con sus anteriores The rider y, sobre todo, Nomadland, que ganó muy merecidamente 3 Oscars, entre ellos el de Mejor Película; menos nos interesó, claro, su abordaje al cine “mainstream” en la marveliana Eternals, pero aquello tenía difícil arreglo… Aquí vuelve por sus fueros, por el cine de verdad, no el de plástico, el que imagina, con las claves del arte, qué pudo ocurrir en aquel matrimonio de Will y Agnes cuando ambos sufrieron el mazazo de la muerte de su hijo aún prepúber, y fantasea, con todo el sentido del mundo, sobre la incidencia que un hecho de tal calibre emocional pudo tener en la obra del Bardo. 

El planteamiento es plausible, por más que sepamos que nunca sabremos, en realidad, si hay algo de cierto, o no, en ello. Pero, ¿a quién le importa tal cosa? Hace tiempo que aprendimos que las biografías pulcras enlosan las calderas de Pepe Botero, y que las que de verdad alicatan el Olimpo son aquellas que parten de la vida del sujeto (o de la sujeta, que también se puede decir…) para contarnos otra cosa, quizá con elementos reales de su vida, pero también cubriendo con el genio humano aquellos huecos a los que nos es imposible asomarnos. 

Gran trabajo interpretativo, en especial el de Jessie Buckley, cuyo personaje de madre estragada por la muerte de su único hijo varón, pleno de matices, posiblemente le lleven en volandas al Oscar a la Mejor Actriz; también nos ha gustado mucho el irlandés Paul Mescal, quien, a la chita callando, se está convirtiendo en uno de los mejores de su generación, demostrando hasta ahora una pasmosa versatilidad (Normal People, Aftersun, Desconocidos…). Y chapó para el pequeño Jacobi Jupe, que interpreta el personaje de Hamnet, ciertamente formidable, con lo joven que es; como curiosidad, su trasunto, el actor que hace de Hamlet en la representación de la obra teatral ante Agnes (y también ante un numeroso y entregado público) es su hermano mayor Noah, en un paralelismo fraternal plenamente logrado.

(28/01/2026)


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125'

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Hamnet - by , Jan 28, 2026
3 / 5 stars
La dolorosa génesis de una obra inmortal