Enrique Colmena

16/03/2026

Pues en la ceremonia de entrega de los nonagésimo octavos Premios Oscar, que tuvo lugar ayer domingo día 15 por la tarde/noche en Los Ángeles (madrugada del lunes 16 en España) nos parece que Hollywood, como industria, le ha dado una bofetada sin manos al niño caprichoso, matón de discoteca y narciso irredento que es, en conjunto, ese señor con tupe de zanahoria que ocupa el Despacho Oval de la Casa Blanca y que responde al nombre de Donald J. Trump.

Porque no veo de qué otra forma se puede entender el mensaje que le ha enviado el siempre liberal (en el buen sentido, no en el de “neoliberal”) Hollywood al individuo que rige, para mal de los humanos, la potencia más poderosa que hay actualmente sobre la Tierra. Veamos: la película ganadora, por número de estatuillas, 6, pero también por peso específico de ellas, en términos de importancia, ha sido claramente Una batalla tras otra, que no es otra cosa que una mirada más que benévola sobre la ultraizquierda que, durante los años sesenta y setenta del siglo XX, mantuvo un duro pulso contra el gobierno norteamericano, incluso con episodios de lucha armada, a la que esta extrema izquierda no hacía ascos (bueno, como la europea: véase IRA, ETA, Baader-Meinhof, Brigadas Rojas…). Sobre la novela Vineland, de Thomas Pynchon, el director y guionista Paul Thomas Anderson presentaba una mirada bastante bonancible sobre aquellos terroristas que creyeron poder torcer el pulso al gobierno yanqui de turno, con personajes como el de Perfidia, a cuyo lado la temible etarra en España conocida como “la Tigresa” era una candorosa ovejita… Pero también con personajes demediados como el que hacía Sean Penn (que le ha valido su tercer Oscar, que no recogió “in person”), tan abyecto supremacista blanco como fascinado por el sexo con negras (vaya combinación…). Así que, si esto no es una bofetada sin manos a quien está intentando laminar el pensamiento de izquierdas en Estados Unidos (que para él es cualquiera que no diga “sí, bwana” a sus ocurrencias…), que venga Dios y lo vea… Por cierto, dando la barrila política se me olvidaba citar cuáles han sido los Oscars que se ha llevado Una batalla tras otra: Película, Dirección, Guion Adaptado, Actor de Reparto (para el citado Sean Penn), Montaje y la nueva categoría de Casting. 

Pero es que la segunda película en número de Oscars, Los pecadores, con cuatro estatuillas, tampoco se puede decir que sea neutral políticamente hablando. Porque el film de Ryan Coogler, en teoría una historia de vampiros, en realidad es bastante más que eso, es también (y, quizá, sobre todo…) una acre crítica antirracista, con sus afroamericanos asediados por vampiros… blancos, en una visión de evidente corte político y poderoso compromiso social contra la mirada execrablemente racista que supone, por ejemplo, la actividad que el llamado ICE (qué propio que este acrónimo sea, en inglés, “hielo”…) está ejecutando sin piedad ni humanidad alguna en varios estados USA, para deportar a todo aquel que huela a hispano. Por cierto, ahora que nadie nos oye: me gusta bastante más esta Los pecadores (aunque es verdad que tarda en entrar en materia…) que la ganadora Una batalla tras otra (de la que un crítico, con muy mala uva, dijo que debería llamarse mejor “Un bostezo tras otro”…). Los Oscars para Los pecadores han sido: Actor Protagonista (Michael B. Jordan, dejando sin estatuilla a Timothée Chalamet, castigando con ello su idiotez al decir un desafortunado comentario sobre ópera y ballet, confirmando que la (in)cultura de la cancelación ha llegado para quedarse: peste de nueva Inquisición…), Guion Original, Fotografía y Banda Sonora.

La tercera peli en el podio metafórico de la noche, el Frankenstein de Guillermo del Toro, no se puede decir que tenga un mensaje político claro, pero el mero hecho de estar producido y dirigido por Guillermo del Toro, mexicano y con una muy clara línea progresista, es también una evidencia de que los Oscar para los amiguitos de Trump en Hollywood (Stallone et alii) ni están ni se les espera… Los 3 Oscars de esta peli han sido para Diseño de Vestuario, Maquillaje y Peluquería, y Diseño de Producción.

Del resto nos quedamos, sobre todo, con el Oscar a la Mejor Actriz de Reparto, para la gran Amy Madigan, que hace toda una creación de su personaje de bruja moderna en la escalofriante Weapons. También habrá que citar, porque nos parece totalmente merecido, el que se ha llevado Jessie Buckley a la Mejor Actriz Protagonista por su sentido, intensísimo personaje de la esposa de Shakespeare en Hamnet, un Oscar que estaba bastante cantado… El resto ha sido ya una “pedrea”: F1, la peli sobre la Fórmula 1 producida e interpretada por Brad Pitt se ha llevado el Oscar al Mejor Sonido (dejando lamentablemente a nuestra Sirat, con sus tres sonidistas mujeres, sin premio…); Valor sentimental, la película escandinava de reminiscencias bergmanianas de Joachim Trier se ha llevado, como parecía también cantado, el Oscar a la Mejor Película Internacional (dejando también a Oliver Laxe, de nuevo por Sirat, sin estatuilla); y Avatar: Fuego y ceniza, como era obvio, se llevó el Oscar a los Mejores Efectos Especiales por sus deslumbrantes F/X digitales.

En la ceremonia, presentada por segundo año consecutivo por el cómico norteamericano (de ancestros irlandeses) Conan O’Brien, hubo también varios pronunciamientos contra la guerra de Irán y contra el genocidio que se sigue perpetrando en Gaza, tanto en algunos de los agradecimientos de los premiados como en símbolos visuales como chapitas, pins y similares.

Qué bueno que el cine, incluso el cine industrial que hoy día domina Hollywood, donde los licenciados en Económicas mandan mucho más que los creativos, envíe mensajes políticos inequívocos contra un presidente que, sin duda, tiene toda la legitimidad democrática que le otorga haber sido votado mayoritariamente por sus ciudadanos, pero cuya ejecutoria en la más alta magistratura de poder en el mundo está siendo deleznable, abyecta, execrable, terrorífica (eso siendo benévolos…).   

Ilustración: Leonardo DiCaprio, en una escena de Una batalla tras otra, la película de Paul Thomas Anderson que se ha alzado con 6 estatuillas en los 98 Premios Oscar.