Pelicula:

C I N E   E N   S A L A S

La serie Aida (que se generó como “spin-off” de otra famosa serie, 7 vidas) fue uno de los grandes éxitos televisivos de las primeras dos décadas del siglo XXI en España, una serie que a lo largo de los nueve años y pico (2005-2014) que duró tuvo altísimas audiencias. La serie, creada por Nacho G. Velilla, fue emitida en su momento por Telecinco, y de hecho sus diez temporadas se pueden seguir viendo hoy día en la plataforma Prime Video.

En 2009 Carmen Machi, la Aída del título, se despidió de la serie, cansada de ésta y deseosa de acometer otros proyectos, aunque después volvió episódicamente a grabar algunos capítulos. Finalmente, en 2014, también por la presión de algunos otros actores principales que querían salir, como Paco León, y también por el agotamiento de la fórmula, Telecinco da carpetazo a la serie, que se despidió, de todas formas, con altísimas audiencias.

Ese final de la serie es, en buena medida, el motor de esta secuela en formato cinematográfico, Aída y vuelta, que fantasea con la posibilidad de que Machi no se hubiera ido de la serie y ésta, en 2018, todavía se estuviera grabando, aunque la protagonista, con problemas físicos, psíquicos y psicosomáticos, esté deseando marcharse de la serie de una vez por todas.

Con ese planteamiento, Paco León y su habitual coguionista Fer Pérez han enjaretado un curioso guion que, como cabría suponer, está plagado de autorreferencias, en una especie de metaficción (ahora tan de moda) en la que todos los actores y actrices que interpretaban los personajes de Aída aparecen en pantalla, siendo y no siendo ellos a la vez, en una suerte de escisión actoral cuando menos llamativa. 

No teníamos demasiadas expectativas en cuanto al experimento, por cuanto recientes intentos de prolongar en cine, con un capítulo XXL y en formato fílmico, series antiguas que tuvieron gran repercusión, como por ejemplo Camera café. La película (2022), se saldaron con sonoros fracasos; comercialmente esta Aída y vuelta parece haber empezado con mejor pie, ocupando la primera posición en la taquilla española durante la semana de estreno, así que, al menos, en el aspecto recaudatorio la cosa ha ido razonablemente bien.

Seguramente la idea-fuerza de la que el guion parte sea la evidencia de que una serie como Aída hoy día sería imposible, impensable y todos los adjetivos que empiecen por im- y terminen por -ible o -able. Porque la serie (de la que nunca fui fan, que quede claro…), hija de su tiempo, era una auténtica antología de humor políticamente (y socialmente, y humanamente…) incorrecto, de tal manera que en nuestro rígido tiempo serían (y nos parece lógico) totalmente inaceptables los chistes racistas de Mauricio con su empleado hispanoamericano, al que llamaba Machu Pichu, o el humor borde, machista y garrulo que se gastaban casi todos los personajes, por solo citar un par de ejemplos más que obvios. ¿Es eso bueno, que hoy día ya no se pueda hacer ese tipo de humor? Pues, como en todo, según se mire. Es evidente que la serie tenía una comicidad muy de “cuñao”, muy de chistes de Arévalo (los lectores de más de cuarenta años entienden esto perfectamente…), y ese humor está, por fortuna, definitivamente periclitado: reírse de los que tienen algún tipo de tara física o mental, o son de otro color, o de otra orientación sexual, o de otra comunidad, o simplemente por ser mujer, no es precisamente el colmo de la decencia (tal como la define el DRAE en su tercera acepción: “Dignidad en los actos y en las palabras, conforme al estado o calidad de las personas”). Otra cosa es que, con el pie forzado de la “corrección política”, y no digamos de la (in)cultura de la cancelación, se haya llegado al extremo contrario, en el que todo acto que contenga apenas una brizna de incorrección, o de heterodoxia, sea condenado a los infiernos… Porque nuestro tiempo está lleno de “ofendiditos”, reales o no, y ahora hacer humor es como caminar por un campo de minas…

Hay otros temas, desde luego, en este “reboot” fílmico de Aída, como el movimiento #MeToo, que es también posterior al final (real) de la serie, pero anterior a este final (postizo) que plantea la película, por lo que es normal que aparezca, y que, en el contexto que se nos presenta, sea no solo lógico, sino imperativo que se denuncien modos y formas absolutamente inaceptables, ahora y hace décadas. 

Aparecen otros asuntos quizá en tono menor, como el hastío por la repetición de lo mismo y, sobre todo, las ganas de acabar con lo que parece inacabable (aunque sea porque se está “muriendo de éxito…”), algo que para gente como Carmen Machi, pero también para el propio Paco León, con carreras interesantes y todo un mundo artístico por acometer, se hacía evidentemente insufrible. 

Menos gusta el hartazgo que León y su coguionista Pérez plantean sobre la popularidad y su inevitable derivada, las molestias a los famosos por parte de la gente de a pie, como si esa popularidad, que la dan la gente que ve la serie masivamente, no estuviera intrínsecamente unida precisamente a esa gente sin la que ni León, ni Machi, ni ninguno de los muy populares intérpretes de la serie, serían nadie… Así que, hijos míos, si os jode haceros un selfi, dedicaros a poner ladrillos, que está la cosa muy faltita de peones… 

Llama la atención, y poderosamente, el hecho de que la cadena propietaria de la serie, Telecinco, no salga demasiado bien parada en la película, apareciendo como la empresa sin alma que, primero, intenta hacer del personaje de Aída una especie de ente digital a la que poner la cara de Carmen Machi y vámonos que nos vamos, para estirar la serie hasta que se les antoje; y, posteriormente, apretándole las clavijas a Machi para alargar “ad nauseam” la serie, con ella en efigie, vivita y coleando, utilizando una argucia legalista, la típica cláusula de los contratos en las que, como decía el otro, se pacta que “la compañía tiene razón en todo, y tú, en nada”… Y lo curioso es que la propia Mediaset, dueña de Telecinco, produce la película: autocrítica, se llama la figura… 

Nos han gustado mucho algunos detalles de buen director, como algunas sugestivas conexiones/desconexiones de los actores con sus personajes, como la escena en la que Paco León y Canco Rodríguez entran y salen una y otra vez de sus roles de Luisma y Barajas mientras hablan como ellos mismos sobre sus cosas, mientras se graba y se deja de grabar una escena, presentando un muy peculiar (y divertido) distanciamiento brechtiano.

Hay otras cosas que no funcionan tan bien, como la “performance” de la copla Encrucijada por parte de Machi, bien cantada por ella (aunque, evidentemente, no sea ese ciclón artístico que fue Marifé de Triana), pero que nos parece fuera del tono del film, no tiene relación con el resto, y parece más un excurso que quizá le apetecía hacer a León, como director, meter en la peli una copla aunque fuera con calzador.

El conjunto, entonces, es irregular, con cosas curiosas, interesantes y hasta en ocasiones brillantes, pero también otras bastante menos sugestivas. Quizá se confirma con ello lo que parece una maldición para los “reboots” cinematográficos de series populares, porque además de la citada Camera café. La película, hay otros casos anteriores, como Águila roja. La película, evidente continuación de la famosa serie de aventuras homónima, y No te fallaré, secuela fílmica de la muy popular serie de principios de este siglo XXI, Compañeros, que fueron fracasos comerciales y (lo que era de prever…) artísticos. 

Los actores y actrices, bien: todos se conocen al dedillo sus personajes, y los recrean con convicción, aunque haya pasado ya más de una década desde la última vez que los interpretaron.


(13/02/2026)


 


Aída y vuelta - by , Feb 13, 2026
2 / 5 stars
Una mirada atrás hacia un humor imposible