Pelicula:

Entre 2005 y 2009 Telecinco emitió en el “access prime time” una tira cómica titulada Camera Café, consistente en “sketches” en torno a 5 minutos de duración, agrupados en capítulos de una media hora de duración, siempre grabados desde una única perspectiva, como si una cámara oculta dentro de la máquina de café nos permitiera acceder a los diálogos, siempre jocosos, de un grupo de oficinistas con, en general, notable tendencia al escaqueo. Esa serie, muy popular en su momento, procedía de un formato similar francés que ha sido adaptado a multitud de países. A través de la cadena de Berlusconi en España se emitieron más de 500 capítulos, compuestos en su conjunto por más de 1400 “sketches”, constituyéndose en un gran éxito de público, pero también de crítica, con numerosos premios

Ahora, 13 años después de su cancelación, llega esta Camera Café. La película, con un evidente deseo de reverdecer aquellos laureles. Con producción mayoritaria de Pólvora Films, la productora de Arturo Valls, estaba cantado que éste, que era uno más en la serie televisiva, tendría ahora un papel principalísimo en la película, como así ha sido. Habrá que decir que no es mala idea, en principio, pues su personaje, Jesús Quesada, era de los más curiosos y peculiares, un “escaqueador” de libro, un tipo más flojo que un muelle, con menos ganas de trabajar que Bartolo, el as de los vagos creado por Palop.

También con buen criterio, nos parece, se ha optado por “airear” el escenario único de la serie televisiva, pues hora y media de una monográfica situación ante la máquina de café podría haber sido demasiado, aunque con ello se pierde la gracia inicial de que todo esté reflejado a partir de esa supuesta cámara oculta que nos desvela todos los disparates de este grupo de personajillos fácilmente reconocibles entre la fauna que pulula cualquier oficina. La historia en la película se desarrolla, como decimos, en torno a Jesús Quesada, el rey del penco arte de no dar un palo al agua, cuando conocemos que está viviendo desde hace años en una autocaravana, tras ser pillado por su mujer con otra en la cama. Años después lo visita su hija, ya adulta, que vuelve a España donde la han destinado en su trabajo. A partir de ahí, nos enteramos que la presidencia de la empresa de Quesada ha decidido nombrarlo director de la oficina de España, mientras que Victoria de la Vega, antigua directora de marketing y otrora encarnizada enemiga de Quesada, es nombrada directora de la sucursal de Portugal; las dos oficinas son obligadas a competir en ventas durante quince días. La que pierda en esa competición será cerrada, así que la lucha es a muerte...

Lo cierto es que, aunque tiene algunos aciertos, como hemos comentado, Camera Café. La película parte de un problema de difícil solución: su éxito radicaba en la inmediatez de sus gags, en la cortedad de sus propuestas, siempre sobre un tema concreto al que los guionistas, y el entonces director, Luis Guridi, sacaban divertida punta en apenas unos minutos, gracias a chispeantes diálogos trufados de un humor con frecuencia absurdo y surrealista. Conseguir esa misma sensación a lo largo de hora y media se revela pronto como un imposible, por más que se haya optado por salir del estrecho margen de la sala de la máquina de café, con su omnipresente ascensor al fondo. Porque en el cine y la televisión, en el audiovisual en general, el “tempo” lo es todo: no es lo mismo el “tempo” de un drama que el de un thriller, ni el de una de terror que el de un musical. Pues aquí, lo que en los episodios de 5 ó 6 minutos era un evanescente garabato en el aire, una gracia divertida a fuer de fugaz, en la película se torna a ratos monótona e incluso aburrida, el gran pecado mortal de cualquier comedia que se precie.

Y es que incluso se repiten gags, como el del bucle temporal o el de la tarta lisérgica... Pero, hombre de Dios, ¿a quién se le ocurre contar dos veces el mismo chiste? Eso solo se lo permitía Chiquito de la Calzada, y porque era un genio de la “performance” y nos reíamos aunque lo que contara fuera un decreto del BOE. Así las cosas, la película funciona a ratos, con algunos gags divertidos y otros claramente deficientes, con un humor que busca constantemente la referencia de la tira cómica original, tanto por personajes como por situaciones, pero también añadiendo elementos del grupo de guionistas, Miguel Esteban, Joaquín Reyes y Ernesto Sevilla, todos ellos procedentes del equipo que hizo series como La hora chanante, Muchachada nui o Museo Coconut, con su muy particular (y con frecuencia cuestionable...) sentido del humor.

El actor Ernesto Sevilla, que se estrena en la dirección de largometrajes tras haberse fogueado en la realización de numerosos episodios catódicos, muchos de ellos de las series “chanantes” citadas, hace un trabajo aseado, profesional pero no precisamente brillante, muy televisivo (en el peor sentido del adjetivo, se entiende...), con lo cual tampoco es que estemos ante una comedia “de autor”.

El conjunto, sin ser desagradable, deja la sensación de que el tiempo de Camera Café pasó, o al menos que no se ha sabido actualizar aquel formato de manera convincente, para que aquello que fue en su momento un hallazgo y toda una revelación cómica (aunque era evidente que bebía en fuentes tales como los hermanos Marx, la “screwball comedy” e incluso a ratos el “slapstick” o humor físico), hoy día apenas mueva a alguna sonrisa cuasi compasiva.

Vemos a los actores y actrices totalmente entregados, reproduciendo fielmente los personajes que en muchos casos (véase, por ejemplo, el Palacios que interpretaba Carlos Chamarro) fueron los personajes por antonomasia de su vida profesional, por los que serán recordados. Arturo Valls, en especial, está muy implicado, y no solo por razones actorales, como hemos comentado, sino también como coproductor principal. Afortunada la manera en la que se resuelve el hecho de que el personaje de Bernardo (interpretado por César Sarachu en la tira cómica) no pueda aparecer en pantalla por problemas de agenda del actor, haciéndolo aparecer casi “de cuerpo presente”, urna mediante, en un sorprendente giro de guion, con una sorda (nunca mejor dicho...) rivalidad con el nuevo contable, un Javier Botet que, parece evidente, tiene muchas facultades para la comedia en ese cuerpo largo como un día sin pan, facultades que no le imaginábamos siendo tan apreciado para las pelis de terror, como sabemos. E Ingrid García Jonsson, la sevillana-sueca (vaya mezcla...), está, como siempre, superior, en un papel con sorpresa, sorpresa...

(27-03-2022)


 


Camera Café. La película - by , Mar 27, 2022
1 / 5 stars
¿Contar dos veces el mismo chiste?