Pelicula:

C I N E   E N   S A L A S

Lo más peculiar de esta Torrente presidente no es la película (mala con ganas), sino la muy habilidosa maniobra mercadotécnica previa que se ha marcado Santiago Segura, incluso convenciendo a la poderosa distribuidora Sony para lanzar el film envuelto en el más impenetrable silencio, sin tráiler, cartel, ni siquiera información sobre el reparto, sin pases de prensa… y haciendo de ese silencio la mejor de las campañas publicitarias, bebiendo en aquellas imaginativas ideas de la prensa de hace cincuenta años, aquella que, por ejemplo, ponía los anuncios al revés en el periódico, para que el personal le diera la vuelta y, claro está, lo leyera, cosa que no haría normalmente si estaba insertado en posición normal. Pues un poco en esa línea, Segura, tan sagaz publicista como mediocre (hoy estamos benévolos...) realizador, ha orquestado una campaña brutal, sin gastarse un duro, y con un resultado óptimo: el primer fin de semana del estreno se ha saldado con 900.000 espectadores, una cifra que solo cobra su verdadera dimensión si pensamos que, normalmente, esa es una cifra que se considera estupenda… para todas las películas juntas en la cartelera española de un fin de semana cualquiera.

Así que ciertamente a Segura le ha funcionado extraordinariamente este astuto “hype”, como llaman los anglos a ese tipo de expectativa que engorda, engorda, engorda… y que en este caso ha salido estupendamente. Otra cuestión es la película, claro, en lo que la cosa ya no es tan boyante (ni siquiera “boyera” -por Carlos Boyero, claro-…).

La cinta retoma al personaje de José Luis Torrente (recordemos: un tipo machista, racista, homófobo, alcohólico, cochino y del Atleti… no le falta un defecto…) tres lustros después de su última ¿aventura? Ahora nuestro expolicía más guarrindongo, en plena verborrea patriotera y de “cuñao” en el bar de barrio donde se reúne con sus amigos friquis, es observado con atención por unos asesores del partido Vox, uy, perdón, Nox, que se dan cuenta de que ese discurso barriobajero, simple hasta la náusea, de brocha gorda y políticamente incorrectísimo podría venirles bien para electrizar a su parroquia. Ni corto ni perezoso, le invitan a un mitin del partido y allí encandila al público (igual de descerebrado que él…), así que comienza una carrera dentro del partido en el que pronto empieza a convertirse en una figura tan popular que incluso está opacando ya a Santi Abascal, digo a Jacobo Carrascal, el líder “noxero”. Cuando Santi, o sea, Jacobo, tiene un incidente sobre las erecciones antes de las elecciones (no me he podido contener, ustedes dispensarán…), la figura enhiesta de nuestro guarro favorito descuella en el horizonte para ser cabeza de cartel. Aunque quizá haya llegado demasiado lejos…

Como maniobra publicitaria, entonces, Torrente presidente ha resultado sobresaliente cum laude, pero como peli, lo cierto es que deja bastante que desear. Alardea Segura de que ha tardado cinco años en escribir el guion: pues qué poco te ha lucido, miarma… Stallone escribió el guion de Rocky (del primero, se entiende, el único bueno) en tres días, y ya ves… Porque su humor se cimenta (por decir algo…) sobre los más bajos estratos de la comicidad, desde el humor marrón (esos pedos cada dos por tres, ese dedo en la nariz con cascarria lanzada cual catapulta) hasta el que provoca directamente la náusea, como la dentadura podrida del personaje de Gabino Diego o el bocadillo ya mordisqueado que se zampan sacándolo directamente de la basura. Aunque la columna vertebral (también por darle un nombre erudito que, evidentemente, no se merece…) del humor de la película se asienta sobre la peculiar personalidad de Torrente y su contraposición con las corrientes generalmente aceptadas por la sociedad actual (incluso por el propio Vox, quiero decir, Nox…), un tipo que hasta a la élite ultra les resulta excesivo (esto me recuerda lo del chiste, aquel al que echaron de las SS por sádico…). 

Es cierto que, intermitentemente, de ese humor burdo, bárbaro, asentado sobre el verbo sin filtro de este personaje (afortunadamente) ficticio, saltan algunos divertidos  chispazos en los que el espectador puede reír (porque aquí sonreír no toca: eso es para las comedias elegantes…), mayormente por la contraposición de este bocazas fachoso con algunos de los muchos excesos “woke” de una izquierda que hace tiempo tiene perdido el norte, tan dedicada a las minorías que se ha olvidado absolutamente de las mayorías, a las que se supone que se debe; no lo digo yo, lo dijo el senador Bernie Sanders, nada sospechoso de derechoso, tras la debacle de Kamala Harris en las últimas elecciones presidenciales USA.

Pero esos chispazos, por supuesto, no pueden salvar una película que naufraga espectacularmente en su inanidad, y no digamos cuando, en el desenlace, se pone trascendente, dando pábulo, entre bromas y veras, a supuestas conspiraciones planetarias al lado de las que los Illuminati serían unos cándidos parvularios jugando a la pelotita en su guardería… Eso sí, esa escena nos permite asistir a un auténtico recital de uno de esos actores de verdad que todavía quedan, capaz de hacer creíble incluso el endeble “speech” que le han endilgado: hablamos, claro está, de Kevin Spacey, al que la (in)cultura de la cancelación mantiene prácticamente en el ostracismo desde hace años, a pesar de los pronunciamientos judiciales favorables que ha recibido. Nada más que por llamar a Spacey para el papel (hoy día un apestado en Hollywood) ya nos cae mejor la película y hasta Santiago Segura…

Dos cosas para terminar: una, es prodigioso cómo una película puede hacer que haya críticos que tachen a Segura de facha y otros de rojo; esto sí que es una síntesis, y no la ídem marxista… y dos, lo peor del éxito estrepitoso de este Torrente 6 (que ese es el numeral que le corresponde), como ya ocurrió con el del primer capítulo, graciosamente titulado Torrente, el brazo tonto de la ley, es que surjan epígonos de hasta debajo de las piedras y en los próximos años tengamos una selecta y (me temo…) abundante cosecha de pelis con la acreditada temática “culo-caca-pedo-pis”, más aditamentos tan exquisitos como eructos (bueno, regüeldos, que suena más fino…) y cascarrias surtidas: la que se nos viene encima…

De actores y actrices (aparte de Spacey, que está espléndido, como queda dicho) mejor no hablar: está claro que aquí no están para conseguir un Goya (ni siquiera un “Yoga”, los llamados antiGoyas que premian lo peor de lo peor), sino para echarse unas risas y (algunos de ellos, según se dice en los créditos) hasta cobrar…

(19/03/2026)


 


Torrente presidente - by , Mar 19, 2026
1 / 5 stars
Genial "marketing", endeble comedia