Con el título El arpa y el bebé publicó Rafael Porlán en la revista argentina Síntesis (septiembre, 1929) un guion surrealista, tan curioso e interesante por su construcción como por sus acciones. ¿Pueden señalarse precedentes del mismo?
No parece probable que el autor conociera ninguno de los semejantes: El poeta y la princesa o el cabaret de la cotorra verde, de Pío Baroja (escrito en julio de ese año, pero inédito hasta mucho después), Viaje a la Luna, de García Lorca (redactado durante su estancia en Nueva York y sólo conocido años después en retroversiones), Babaouo, de Dalí, que en 1932 vio la luz en París; otros ejemplos podrían citarse, pero, estarían muy distantes en caracteres e intenciones del que ahora nos ocupa. Unos estudios comparativos entre ellos nos sorprenderían más por sus semejanzas estructurales y expresivas que por sus diferentes autores. ¿Es posible hablar de un lenguaje generacional?
Mucho se ha escrito sobre la influencia de Un perro andaluz en el guioncito lorquiano; no hay documento capaz de probar que el escritor hubiera visto la película antes de su viaje a Norteamérica, aunque, sin duda, no le faltó información, por las diversas crónicas publicadas tras su estreno en París, del carácter y la estética del film ¿Puede decirse lo mismo de El arpa y el bebé?
Un vistazo a la programación del Cine-club madrileño permite comprobar que la película de Buñuel-Dalí fue proyectada en diciembre de 1929, al iniciarse su segunda etapa; en ese momento el guion de Porlán estaba no sólo escrito sino publicado. La comparación entre su semejante extensión, planificación, expresión plástica, no procede efectuarla más allá del coetáneo sentir de unos escritores interesados en la expresión cinematográfica de su literatura.
Los documentos personales del autor andaluz nos permiten comprobar tres versiones del guion, la manuscrita, la mecanografiada y la publicada, con pequeñas diferencias entre sí; el inicial título David, rey se convirtió definitivamente en El arpa y el bebé; los ciento cuatro números (¿secuencias, planos?) pasan definitivamente a ciento nueve y las notas relativas a decoración y atrezzo se suprimen en la versión editada.
Estos dos aspectos acusan una inicial dependencia del libro sagrado que luego parecen sólo mantenerse en el subtítulo "tragedia bíblica" y en la cita inicial de André Gide (Bethsabé). La actualización y puesta al día de una situación histórica por medio de los recursos cinematográficos le permite combinar elementos de muy acusado realismo con otros mágicos donde el arpa deja de ser objeto definido para convertirse en fantasmal, resuelto como "recuerdo luminoso" o "esquemático resplandor".
La terminología relativa a planificación se usa con su significado más común (gran plano, primer plano, vista desde abajo, desde arriba, etc.) pero no se establecen diferencias entre unidades mayores, secuencias, y menores, planos; la separación mediante guarismos sólo ocasionalmente puede identificarse con una u otro; la propia iniciativa del hipotético realizador terciaría en la definitiva esencia de lo establecido por el escritor-guionista.
Las visiones objetivas de los hechos alternan con las subjetivas de los personajes; ciertos objetos se muestran de una y otra manera, sirviéndose de unos prismáticos para alterar el campo de visión; cuatro cacerolas, cuatro máquinas de coser, cuatro cunas de niños, alineadas debidamente, deberían ser vistas por el espectador de ambos modos; sin duda, los poemas cinematográficos antes aludidos, con ocasión de Esencia de verbena, por el crítico Rafael Porlán tendrían aquí una posibilidad de existencia en la pantalla.
Gerardo Diego sintetizó su opinión sobre la literatura cinematográfica de Rafael Porlán de este modo:
“En aquellas narraciones poemáticas o cinemáticas, la técnica de la pantalla muda se combinaba con el vuelo audaz de un expresivismo surrealista, de un superrealismo genuinamente sevillano, o si preferís, cordobés”.
Ilustración: Greta Garbo, actriz. Porlán escribió un texto al que tituló “Juicio final de Greta Garbo” (Manifiesto contra)