[Esta película forma parte de la Sección Oficial del 22 Festival de Cine Europeo de Sevilla (SEFF’2025)]
Anders Thomas Jensen es un guionista de largo recorrido: como tal está escribiendo libretos para audiosivuales desde hace casi treinta años, con títulos nórdicos bastante conocidos en el resto de Europa, como Wilbur se quiere suicidar, Hermanos, En un mundo mejor y La tierra prometida, entre otros. Ha trabajado para directores de renombre dentro del cine nórdico, desde Lone Scherfig a Susanne Bier, pasando por Nikolaj Arcel, e incluso intentó la aventura americana con la más bien imposible misión de guionizar La torre oscura de Stephen King. Como casi todos los guionistas, también Jensen ha dado el salto a la dirección, todavía con una carrera corta, pero con algún título relevante, como Jinetes de la justicia, que en su momento definimos “como si Bergman hiciera una de Van Damme”…
Ahora vuelve de nuevo a la realización cinematográfica con otra peli ciertamente peculiar, esta El último vikingo, que se inicia con un prólogo, hecho con una animación de corte naif, en el que se nos narra un cuento ambientado en el tiempo de los vikingos, con un chico, el hijo del jefe del clan, que pierde un brazo en un accidente; ante la tristeza absoluta del chico, el jefe decide que todos los miembros del clan sean amputados de esa misma extremidad, “para que todos sean felices siendo iguales” (esto no lo firmaría ni Marx…). Ya en la historia con personajes de carne y hueso, conocemos a Anker, caco que acaba de cometer un atraco (matando de paso a un guardia de seguridad), dejando el botín en una consigna; le da la llave a su hermano Manfred (que padece un trastorno disociativo de personalidad: vamos, que se puede creer Napoleón o la Madre Teresa de Calcuta, por ejemplo…) para que saque la bolsa de su escondite y la entierre en los alrededores de la antigua casa familiar en el campo. Detenido Anker, pasa 15 años en la cárcel; cuando sale va a su casa para que Manfred le diga dónde escondió el botín, pero el hermano ahora se cree John Lennon, y parece que ha olvidado (o quizá no…) su antigua personalidad…
El último vikingo es, evidentemente, una comedia negra (bueno, nigérrima, porque más negra no puede ser…) en la que, por cierto, parece que ha debido poner dinero IKEA (aunque no aparezca entre los coproductores…), porque hay que ver la de veces que mientan a la multinacional sueca; con sentido, desde luego, no es gratuito, y además permite algunos chistes o gags que menudean en torno a la casa de las tablas de los muebles por un lado y los tornillos por otro. El film es, en puridad, un alegato sobre el respeto al diferente, especialmente si ese diferente tiene un tornillo flojo (perdonen, soy de la vieja escuela, pero no pretende ser denigrante…), pero también mantiene la tesis de que, en el fondo, nadie es una sola cosa: vale, que los afectados por el mentado trastorno disociativo de identidad se pueden creer John Lennon o Demis Roussos, si les apetece (este último lo tienen un poco más difícil como no pesen 150 kilos…), pero que en realidad los demás, los supuestamente normales, también somos muchas cosas. La gacetilla de la peli recuerda al ahora de moda Walt Whitman y su “soy inmenso…/ y contengo multitudes”, de la peli La vida de Chuck, y no está mal traído, porque efectivamente no solo Manfred (uy, perdón, John, que se nos tira por la ventana…), sino también Anker, su hermano irascible hasta la criminalidad, o sus anfitriones en el campo, o no digamos los pacientes psiquiátricos a los que reclutan para intentar que John Lennon sea de nuevo Manfred y le cuente al hermano donde está la pasta, son, en el fondo, uno y muchos, legión, sin necesidad de creerse el Papa Wojtyla o el cantante rubio de Abba.
Lo mejor de la peli, además del bien armado guion, es la conflictiva relación entre Anker y Manfred (perdón otra vez: John…), una relación de protección del primero hacia el segundo que se revela mucho más fuerte que la personalidad ciertamente criminal del hermano mayor, una personalidad que iremos conociendo mejor cuando veamos, mediante los oportunos flashbacks, la inicua infancia que ambos vivieron bajo un padre ferozmente maltratador, que convirtió aquel período de sus vidas en un auténtico infierno. Es verdad que esos flashbacks parecen un poco como justificantes de la personalidad irascible y aborrecible de Ankers, que le pega una paliza al primero que pille como se le crucen los cables, y eso funciona en contra de la peli: esta costumbre de nuestro tiempo de “comprender” a los malos es una plaga; aunque siempre hay un malo peor: aquí lo hay, y con ello, por comparación, al final nos parece que nuestro malo protagonista no lo es tanto. Claro que, como ya sabemos, “nadie es una sola cosa”…
Tampoco el epílogo, en la misma línea del prólogo, desarrollado en dibujos de corte naif, de nuevo con los vikingos amputados, nos parece no ya creíble (a ver, es un cuento…), sino tampoco aceptable como metáfora, llevando lo de la amputación a extremos insoportables: si la felicidad consiste en socializar el dolor, te pedimos, oh, Donald querido, con tu tupé de zanahoria, que le vayas dando al botoncito, porfa…
Film irregular, entonces, ciertamente muy divertido con frecuencia por los gags de comedia negra que permite la enfermedad de Manfred (puf, John…) y de los otros gentiles majaras que se creen Ringo, Paul, etcétera, hubiera mejorado sin el prólogo y epílogo en clave “gore” (más que naif), y si nos hubieran ahorrado la justificación de por qué Anker es un hideputa de mucho cuidado (aunque, como ya decimos, hay otro peor todavía…).
Gran trabajo interpretativo, en especial de los dos protas, Mads Mikkelsen (que es Manfred, o sea John, y añade otro personaje curiosísimo a su ya larga lista de roles peculiares) y Nikolaj Lie Kaas (que antiguamente siempre hacía de malo, a lo que ahora vuelve…), y no digamos los estupendos secundarios: Sofie Gräbol, Soren Malling, Kardo Razzazi y Lars Bryggman, entre otros.
(07/11/2025)
115'