Pelicula:

Anders Thomas Jensen (Sjaelland, Dinamarca, 1972) es un reputado guionista danés que ha trabajado asiduamente para cineastas del prestigio de Susanne Bier y Lone Scherfig. Simultáneamente, aunque a un ritmo mucho menor, viene desarrollando una carrera como director, habiendo conseguido el Oscar con su corto Valgaften (1998). En cuanto a sus largometrajes, lo cierto es que su ritmo de producción no se puede decir que sea acelerado, habiendo rodado solo cinco películas de este formato en lo que va de siglo. El cine que dirige, consecuentemente también con toda probabilidad el cine que le gusta hacer, se inscribe en la comedia negra, una comedia negra llena de un humor esquinado, que no siempre es fácil de detectar; sus personajes suelen ser gente corriente, con frecuencia fracasados que intentan sobrevivir, también con frecuencia a través de recursos extravagantes que parecen abocarlos a problemas aún mayores que los que ya tenían.

Jinetes de la justicia es una afortunada combinación de thriller, comedia negra, drama intergeneracional, acción y, finalmente, dramedia de reconciliación, todo en una, y sin que se noten las costuras. Se ambienta en la Dinamarca actual (Odense, concretamente), si bien hay un prólogo y un epílogo que se sitúan en Tallin, Estonia. En esa población báltica, una nieta adolescente pide a su abuelo que le regale una bicicleta, pero la disponible es roja cuando ella quiere una azul; cuando se van abuelo y nieta, el vendedor llama a alguien, y vemos cómo (en Dinamarca, como comprobaremos después) roban una de ese color. A partir de ahí conocemos a Otto y Lennart, profesores de Matemáticas que buscan un modelo predictivo que sea capaz de prevenir sucesos trágicos futuros, entelequia por la que son expulsados de la universidad. Paralelamente, Mathilde, una quinceañera a la que han robado su bici azul (...), tiene que ir por ello hasta el cole en tren, con su madre, tras hablar esta con el padre, militar destinado fuera del país (¿Afganistán, quizá? Tiene toda la pinta...). Pero en el tren ocurrirá una tremenda desgracia que cambiará el destino de todos ellos...

Jinetes de  la justicia, como decimos, es una feliz confluencia de temas y géneros, y lo curioso es que esa mixtura, que podría haber resultado en un híbrido indigerible, funciona. Jensen, como director, tiene buenas maneras, pero sobre todo las tiene como guionista, disciplina en la que parece evidente se siente muy a gusto. Su capacidad creativa es notable, incluyendo en un solo film un buen número de temas, desde la (im)predecibilidad del futuro ni siquiera apoyándose en las estadísticas y las prodigiosas posibilidades que se intuyen en la inteligencia artificial a ese respecto, hasta el conflicto entre generaciones, agravado por una tragedia de muy difícil superación. Pero es que además habrá tiempo para hablar de los complejos derivados de pretéritos abusos infantiles, para el acuciante hambre que hace vender a los jóvenes como carne, al peso, para el ensimismamiento provocado por la guerra como elemento cotidiano del día a día...

Todo un rosario de temáticas y asuntos que Jensen maneja con eficacia, presentándonos a un más que peculiar, a fuer de estrafalario, conjunto de vengadores: el militar grillado con un “pronto” literalmente explosivo; el matemático que no se perdona haber perdido a su mujer y a su hija por su irresponsabilidad; el informático tópicamente gordinflas, un friqui de manual y con más manías que un personaje de Toc Toc (2017); el profesor traumatizado por los abusos infantiles, con más horas ante un psicólogo que José María García ante un micrófono; el forzoso chapero salvado “in extremis” por esta recua de majaras, que encontrará en ellos lo más parecido a una familia. Toda una fauna ciertamente extravagante, pero también valiosa: valiosa en cada dolor que los asuela, en la forma, torpe, miope, a veces absurda, con que se enfrentan a cada nuevo envite del destino, del azar, ese azar que el matemático intenta inútilmente sistematizar con sus estadísticas, con sus promedios, con sus porcentajes.

Película más que curiosa, bien trenzada y correctamente dirigida, Jinetes de la justicia es, también, una denuncia de esos canallescos grupúsculos violentos que acechan en todas partes: también en la idílica Dinamarca, con los estándares de bienestar humano más altos del mundo... Se ve que, como decía Stephen King, nunca se es suficientemente rico ni suficientemente delgado: para el caso, nunca se tiene suficiente bienestar, y, en todo caso, estos marrajos opinan abyectamente que hay que procurar que el prójimo no lo disfrute, a ver si se van a creer que son seres humanos...

Como decimos en el titulillo de esta crítica, quizá, si Ingmar Bergman hubiera rodado una película con Jean-Claude Van Damme, epítome del cine de acción inane (sí, ya sé, hay otros muchos, desde Steven Seagal a Jason Statham...), el resultado no hubiera sido muy distinto de esta Jinetes de la justicia, trufada de temas graves, incluido Dios (o su ausencia), uno de los asuntos predilectos de Bergman.

En las antípodas del cine “de vengadores”, estos cuatro pobres diablos (con el añadido del chapero ucraniano), embarcados en una venganza que después se revelará, en un sorprendente pero brillante giro de guion, que era otra cosa, serán en el fondo cuatro perdedores empeñados en una aventura que, sin el pretexto previsto, sin embargo, los fortalecerá y les aunará en algo parecido a una comunidad, quizá a una familia. Con el prólogo y el epílogo ambientados en plena Navidad, cabría preguntarse si no estaríamos ante un insólito, desprejuiciado, a ratos delirante cuento navideño...

Gran trabajo del cuarteto protagonista, todos ellos ya reincidentes bajo la dirección de Jensen, que ha contado con los cuatro en casi todos sus largometrajes. De Mads Mikkelsen no vamos a descubrir nada, aquí en un personaje mucho más de una pieza que otros que le han tocado en suerte en otras ocasiones, pero que él resuelve, como siempre, con una sencillez pasmosa. Los otros tres son también conocidos del cinéfilo, aunque no tengan la fama del gran Mads: Nikolaj Lie Kaas está formidable, pero es que Lars Brygmann no le anda a la zaga, y Nicolas Bro, como el maniático a la par que genial gordo de los bytes, está sembrado.

(02-09-2021)


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116'

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Jinetes de la justicia - by , Sep 02, 2021
3 / 5 stars
Como si Bergman hiciera una de Van Damme