Enrique Colmena

No deberíamos cerrar los capítulos de este serial histórico-literario sin dedicarle un bloque, en solitario, a Ignacio Sánchez Mejías (1891-1934), quien fue organizador y, acaso, eficaz financiero en la sombra, de las jornadas sevillanas. Éstas, más allá de una reunión de amigos y colegas, celebrantes ocasionales del tricentenario gongorino, la Historia de la Literatura ha acabado conociéndolos como “Generación del 27”, al margen de que el concepto de “generación” haya sido tan discutido como discutible cuando se ha considerado por ciertos eruditos e investigadores que no pasaba de ser un “grupo”. Catalogaciones al margen, la esencia de la cuestión histórico-literaria, se orienta por diferentes derroteros


Ignacio: torero

Perteneció Ignacio a una acomodada familia de Sevilla. Estudiante de Bachillerato, no llegó a terminar este grado; a pesar de ello, hizo creer a sus padres que había comenzado la carrera de Medicina. Ante posibles represalias familiares embarcó con destino a América en compañía de su amigo Cuco. Al ser descubiertos como polizones y, obviamente, sin la debida documentación, permanecieron embarcados, aunque obligados a ganarse el sustento mediante el ejercicio de trabajos laborales.

En tierras americanas, un hermano de Ignacio, establecido en México, pudo darles amparo ocasional y, al tiempo, resolver, momentáneamente, la situación laboral al conseguirle empleo en los corrales de la plaza de toros. Para volver a España, se incorporó a la cuadrilla del torero Corchaíto, con quien llegó a torear en el país azteca. 

Ya en su patria, pasa a formar parte de otras cuadrillas como las de Machaquito y Cocherito de Bilbao. Desde 1914 actuó como novillero; sus artes con las banderillas le permitirán intervenir junto a El Gallo y Belmonte. Posteriormente, pasará a la cuadrilla de su cuñado Joselito. 

El 15 de abril de 1920 confirmó, en Madrid, la alternativa, con cartel compuesto por Joselito, Belmonte y Valerito. Ello le permitió volver a México donde, en tantas tardes, consiguió notables éxitos junto al famoso Rodolfo Gaona.

En 1927 se retira de la profesión; los ruedos sintieron su ausencia. Posteriormente, en 1934, el 11 de julio, sustituyendo a Domingo Ortega, toreó en Manzanares. El primer toro, de nombre “Granadino”, negro bragado, de la ganadería de Ayala, embistió, al darle el torero, sentado en el estribo, un pase cambiado por la derecha; volteado, es llevado a la enfermería, aunque, por su expreso deseo, se le practicó una rápida cura a fin de que, urgentemente, se le trasladara a Madrid.  


Ignacio: intelectual

La famosa fotografía donde aparece reunido el grupo de poetas del 27, en el Ateneo de Sevilla, dice tanto de las presencias como de las ausencias. En ella, no está Ignacio Sánchez Mejías, organizador del evento y, con seguridad, tan desprendido como generoso financiero del mismo. 

Los escritores regresaron de Andalucía impresionados por la arrolladora personalidad del sevillano. Su muerte en la plaza, años después, contribuiría a la creación de poemas como “Verte y no verte” o “Llanto por Ignacio…”

La actividad literaria del torero sevillano se hizo evidente tanto en revistas literarias como en obras propias donde no son ajenos los temas de la más rabiosa actualidad. Y ello, sin olvidarse de colaboraciones en la prensa local, tal como en el periódico “La Unión” o en precisas y populares revistas taurinas. El cuento, el ensayo, otras variantes literarias, encajan en sus colaboraciones periodísticas.

Con posterioridad a las jornadas gongorinas, escribió “Sinrazón” y “Zaya”; la primera subtitulada “juguete trágico en tres actos y en prosa” fue estrenada por María Guerrero y Fernando Díaz de Mendoza en el madrileño Teatro Calderón. “Zaya”, por el contrario, lo hizo en Santander. Una tercera obra, “Ni más ni menos”, no llegó a estrenarse, aunque, un grupo de amigos aficionados la ensayaran en el sevillano cortijo de Pino Montano.

El teatro de Sánchez Mejías tuvo el honor de introducir en España la temática del psicoanálisis. La obra “Sinrazón” ofreció el personaje y la personalidad de Freud estudiado y analizado por un matador de toros español. Mientras que en “Ni más ni menos” se supera, en mayor dominio del lenguaje, de la acción, de los personajes.    

Ilustración: Foto de familia de parte de la Generación del 27, entre ellos Ignacio Sánchez Mejías (el único con sombrero) y, en la última fila, Federico García Lorca.

Próximo capítulo: Generación del 27. Llanto de García Lorca por Sánchez Mejías (II)