Generalmente se suele pensar que Hitchcock solo hizo películas de suspense, pero realmente, como el buen cinéfilo sabe, eso no fue así. Otra cosa será (que lo es) que donde el cineasta londinense brilló de verdad, convirtiéndose en un auténtico icono del cine, fuera en el thriller de intriga, pero hizo otras cosas, incluso cuando ya emigró a Estados Unidos, a partir de 1940. Eso sí, sus films fuera de ese tipo de cine generalmente han sido olvidados porque carecen de la fuerza, de la pujanza de las películas por las que todos le conocemos.
Matrimonio original (lo que sí fue “original” fue el título español, peculiar traducción, por decir algo, del inglés, que hubiera sido “Señor y Señora Smith”) fue una de esas películas que se apartó del canon de cine de intriga que el gordo cineasta convirtió en su sello de fábrica, en la marca de la casa. Aquí el género es la comedia, la comedia cosmopolita, romántica, donde ciertamente pudo brillar, aunque fuera a ráfagas, el típico humor hitchcockiano.
La historia se ambienta en el tiempo del rodaje, a principios de los años cuarenta, en Estados Unidos (la película se rodó en los estudios RKO, en Los Ángeles). Vemos una habitación de la casa del matrimonio Smith, que está hecha un desastre. Nos enteramos entonces de que la pareja lleva tres días de encierro; resulta que hacen eso cuando se enfadan, y no salen de la habitación hasta que se reconcilian, es lo que hacen siempre... Su regla es ser sinceros a carta cabal, esa es su regla de oro... Pero tienen otras reglas, quizá demasiado engorrosas... A la pregunta de ella de si él se casaría de nuevo si empezaran de nuevo, el hombre contesta que no, con lo que ella se enfada... En estas estamos cuando el señor Smith recibe la visita de un probo funcionario que le dice que, por un error administrativo, no están legalmente casados, aconsejándole que, para que todo esté en regla se casen de nuevo...
Como decíamos, la comedia no era el género más adecuado para Hitch, al que le gustaba incluir en sus pelis toques de humor y romanticismo, pero no de forma monográfica, sino incrustado en, generalmente, el thriller que, como género, le dio fama y popularidad. De hecho, la película resulta un poquito acartonada. Por supuesto, es elegante y divertida, pero sin duda una obra menor, como la película que podría haber hecho cualquier profesional aseado de la época.
Como curiosidad, hay varios momentos en el film en el que se toca, de forma más o menos elíptica, el tema del sexo: debe tenerse en cuenta que, al no estar administrativamente casados, las relaciones sexuales que hipotéticamente pudieran mantener serían adúlteras... Así, cuando la madre de ella se entera de que legalmente no están casados, le dice (sin decírselo así, por supuesto, sino con el correspondiente subterfugio propio de la época) que no follen hasta que no se casen de nuevo; en otra escena vemos como ella accede finalmente a afeitarlo, como hacía al principio cuando ambos creían estar casados, en lo que parecería una especie de coyunta metafórica, puesto que ella, desde que supo que no eran marido y mujer, se había negado (también a eso...) a afeitarlo, tradición que tenían desde su boda; y la tercera escena al respecto sería aquella en la que, en un alojamiento en una zona de nieve, ella pretende dar celos al marido (o al que había sido marido...) haciendo como que tiene una sesión sexual con un novio que se ha echado (mayormente para encelar al pánfilo esposo, claro, todo un clásico...); por supuesto, lo de sesión sexual debe entenderse de forma muy, muy light, besitos y poco más...
Hay otras escenas típicas del cine de Hitchcock, aunque no estuviera en su género preferido; así, nos ofrece un típico plano hitchcockiano, un plano subjetivo de la pareja montada en una atracción de feria que los eleva a más de 20 metros, en esos jueguecitos con la cámara en movimiento que tanto le gustaban al cineasta londinense.
Con la típica música de las comedias clásicas norteamericanas, bastante tontorrona, la película es curiosa, pero ni era el género de Hitch, ni podía desplegar su genio para la tensión y la creación de atmósferas. Además, le falta la ligereza típica de las comedias excéntricas que generalmente definimos como “screwball”.
Aparte de ello, y sin incurrir en absoluto en la llamada “(in)cultura de la cancelación”, habrá que decir que es una peli rematadamente machista, incluso teniendo en cuenta el tiempo en el que se hizo, en el que la mujer, obviamente, tenía siempre un papel secundario con respecto al hombre (en cine también...).
Robert Montgomery y Carole Lombard tenían buena química entre ellos y con frecuencia la película se salva gracias a los dos. Para Lombard, por cierto, sería su penúltima peli (la última sería Ser o no ser, de Lubitsch), al morir en 1942 en un accidente de aviación, con solo 34 años...
Por cierto que el cine moderno ha llevado de nuevo esta historia (pero modificada hasta casi dejarla irreconocible) en Sr. y Sra. Smith (2005), dirigida por Doug Liman, en el que los esposos se enteran (debían hablar poco entre sí, parece...) que ambos son asesinos a sueldo... Lo más relevante de esta muy endeble peli fue que en ella se conocieron Brad Pitt y Angelina Jolie, convirtiéndose en una muy popular pareja, hasta que se divorciaron bastante ruidosamente... Incluso recientemente esa misma historia moderna de los asesinos recíprocamente ignorantes de tal circunstancia ha vuelto a tener un “reboot” en forma de serie televisiva, con igual título, pero ahora con Donald Glover y Maya Erskine en los papeles protagonistas.
(25-01-2025)
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