Pelicula:

C I N E   E N   P L A T A F O R M A S
ESTRENO EN NETFLIX

En 1972 Jaime de Armiñán convulsiona el cine español con su (entonces) sorprendente Mi querida señorita, con guion propio y de José Luis Borau, que se reservó un corto pero fundamental papel en el elenco interpretativo. La película planteaba, inusitadamente en el contexto histórico del tardofranquismo, la historia de Adela (personaje interpretado por un espléndido José Luis López Vázquez), una madura solterona que vive en una ciudad de provincias; se gana bien la vida como hábil costurera, y tiene a su servicio a una joven llamada Isabelita; pero cuando es revisada a fondo por un galeno, éste le comunica que, en contra de lo que ella creía (aunque alguna sospecha tenía…), no es una mujer, sino un hombre… Adela decide entonces marchar a Madrid y empezar de nuevo, ahora ya como varón, y adoptando el nombre de Juan.

Esa película, ciertamente, fue todo un acontecimiento en el amorfo panorama cinematográfico de principios de los años setenta, por aquel entonces escindido en dos líneas muy distintas: por un lado, la muy comercial comedieta española (esa que se ha dado en llamar erróneamente “landismo”, porque también la hollaron otros grandes actores españoles, como Pepe Sacristán o el propio López Vázquez), y por otro, mucho más minoritariamente, las películas realizadas por los integrantes del llamado Nuevo Cine Español (Saura, Regueiro, Patino, Picazo, Borau, Aranda…). Todavía no había llegado Dibildos con su llamada Tercera Vía. En ese contexto, Armiñán, ya con una sólida carrera como guionista y realizador televisivo, y un par de largos para el cine que no tuvieron demasiado éxito, se atrevió a poner este vidrioso tema en las pantallas españolas, desafiando a una censura a la que aquello le debió parecer como de Marte…

Ahora los Javis, Javier Calvo y Javier Ambrossi, como productores, a través de su compañía Suma Content, afrontan el “remake” actualizado y ciertamente libre de aquel gran éxito del cine español (casi 1,8 millones de espectadores; fuente: web del Ministerio de Cultura), que se inicia con un prólogo ambientado en la Pamplona de 1973, donde vemos a una madre con su hija, una bebé con menos de un año, mientras discute con el marido; al parecer, la pequeña ha nacido con algún tipo de problema en sus genitales, motivo por el que el padre esta receloso. La madre le dice que hará lo que se tiene que hacer para arreglarlo y que sea su niña… Damos un salto y nos vamos a esa misma ciudad a finales del siglo, en 1999; allí vemos a aquella bebé, ya una mujer adulta, llamada Adela, que se desempeña como restauradora de arte en el taller de antigüedades que tiene su padre en la capital pamplonica; también es la catequista de la parroquia, donde el padre José María tiene gran intimidad con ella, habiéndole contado que es gay y que perdió a su gran amor por culpa del sida. Adela también se abre a él y le ha contado que tiene sentimientos contradictorios con dos personas distintas, hombre y mujer: Isabel, fisio que está haciendo la rehabilitación de su abuela tras un accidente de tráfico, y Santiago, antiguo compañero de estudios que ahora dirige una entidad bancaria de la ciudad. El cura le recomienda que visite a un médico amigo suyo que puede ayudarla…

Con una correcta ambientación histórica en las dos ciudades en las que se localiza, Pamplona y Madrid, a finales del siglo pasado y principios de este XXI, la película ha sido encargada a Fernando González Molina, quien, aunque miembro del colectivo LGTBI, está especializado en productos comerciales que poco tienen que ver con esta historia, como Tengo ganas de ti, Palmeras en la nieve o El guardian invisible. Pero es cierto que Molina ha ganado en madurez durante este tiempo, y aquí se nota, con una puesta en escena sobria, sin recurrir a adornos superfluos ni extravagancias, con una dirección casi invisible que busca centrarse en la historia, una historia que sigue a grandes rasgos lo contado por Armiñán, incluso manteniendo los nombres, aunque los personajes que ahora llevan esos nombres son bastante distintos que los originales: así, la Isabelita de Armiñán, una criadita escindida entre sus escarceos con chicos y mantener la decencia, es ahora una fisio de tendencias más bien lésbicas, o el sacerdote José María, que en el original era un cura bastante avanzado para la época, aquí es un homosexual que no se oculta mucho que digamos.

Nos parece que la elección de Alana S. Portero como guionista quizá no haya sido del todo acertada; Portero, activista LGTBI pro mujeres trans, aunque tiene ya una trayectoria como novelista y autora teatral, es el primer guion que escribe, y se nota cierta falta de técnica en la materia, no siendo una de las mejores virtudes del “remake”. 

No obstante, y en su conjunto, esta Mi querida señorita nos parece una versión que, sin llegar al nivel del referente que recrea, está bien, tiene personalidad propia, en una historia actualizada aunque no demasiado, con una visión lógicamente más actual del tema LGTBI, pero sin caer en la explicitud, que hubiera sido un error garrafal, porque una de las virtudes de la película original era su sutileza, lo implícito de su planteamiento y presentación del tema central del film, la intersexualidad o hermafroditismo, el caso real de las personas (casi un 2% de la población mundial, según estadísticas contrastadas) que nacen con una configuración genital a la vez masculina y femenina, aunque alguno de esos caracteres puede estar más desarrollado y suponer entonces su canalización en la vida a través de ese sexo en concreto. 

Es cierto que, estando de por medio los Javis, la película puede resultar quizá demasiado militantemente LGTBI, abundando abrumadoramente los personajes de este colectivo; también sucede que algunas líneas argumentales nuevas, como la del burdel de alto “standing” (un burdel tematizado, con sala de “médicos”, mazmorra...) en el que se emplea como recepcionista la protagonista, ahora con su identidad masculina, suena a parche poroso, con escasa relación con la historia principal, como queriendo (a estas alturas…) provocar al ciudadano. Tampoco ayudan algunos personajes poco convincentes, como el cura gay que compone Paco León, que suena como a postizo. Pero es verdad que la película tiene muchos momentos valiosos, que buscan explicarnos la compleja personalidad y sexualidad de su personaje protagonista, y la dificultad para ponerse en paz consigo mismo. 

La tesis del film (toda película, hasta la más comercial, tiene su tesis…) es, por supuesto, la necesidad de no intentar cambiar lo que físicamente se es mediante actuaciones externas (hormonas, cirugía, etcétera), sino que cada uno se sienta a gusto con su propio cuerpo, tal cual es; en el fondo, por supuesto, una apuesta por la ley Trans, de la que la guionista, Portero, es ferviente defensora.  

El final se aleja sobremanera de la versión de Armiñán; el de este “remake”, en el que por fin Adela, o A.D., se reencuentra consigo mismo y se reconcilia con su cuerpo, nos parece un tanto pillado por los pelos, además con una resolución demasiado rápida, sin que haya habido un proceso que lo justifique. Entendemos que se ha optado por la vía de la esperanza y no de la tragedia, y desde el punto de vista humano es irreprochable; otra cosa es que, con el devenir de los acontecimientos, resulte un tanto improbable…

Protagoniza Elisabeth Martínez, ella misma una persona intersexual, en su primera aparición ante una cámara, en un personaje que resuelve desde la ingenuidad, a veces con una ternura desarmante. El resto del reparto bien, anotando que, en ocasiones, como en el caso de Paco León, el problema no está en su actuación (correcta, como siempre) sino en lo inverosímil del personaje que le ha tocado en suerte. Eso sí, aquí se desaprovecha el voltaje dramático de esa bestia parda de la interpretación que es Nagore Aranburu, con un papelito que podría haber hecho cualquier otra actriz, y que para ella es como sonarse los mocos…



Mi querida señorita (2026) - by , May 04, 2026
2 / 5 stars
Versión libre y actualizada de un gran clásico