Pelicula:

CINE EN SALAS


Mario Martone (Nápoles, 1959) es un guionista y director de cine, así como de teatro y ópera, con una ya larga carrera como realizador cinematográfico, si bien debe aclararse pronto que no ha sido precisamente una carrera distinguida; de hecho, de 17 largometrajes que ha dirigido hasta ahora, en España solo se han visto 4 en salas de cine, y no han sido éxitos fastuosos… Tampoco esta La vida fuera se puede decir que sea una gran película, o al menos no nos lo parece… El film parte de L’Università di Rebibbia, una novela autobiográfica de la escritora Goliarda Sapienza, de la que nos enteramos al principio del film, mediante rótulos, que, nacida durante la dictadura de Mussolini, sus padres no la llevaron a la escuela sino que fue formada dentro del hogar. Ya con medio siglo encima, tras haber escrito una novela que nadie le publica, Goliarda roba joyas en casa de una familiar y las empeña, con tan mala suerte que identifican lo robado y la encarcelan en la prisión de Rebibbia, exclusiva para mujeres. Allí, tras una primera etapa en la que sus compañeras recelan de ella creyéndola erróneamente una soplona, trabará conocimiento e incluso amistad con varias presas, en especial con Roberta, con la que, una vez fuera, Goliarda volverá a tener una relación más bien tempestuosa, mientras intenta conseguir trabajo de lo que sea, con escaso éxito…

Unos rótulos finales nos informan de que su novela El arte de la alegría fue finalmente publicada, gracias al empeño del marido de Sapienza, una vez fallecida ésta, considerándose hoy día una obra maestra de la literatura. 

Parece evidente que Martone ha querido rendir un homenaje a esta escritora cuya vida fue, ciertamente, como un tiovivo: nacida en una familia al margen del sistema, participó activamente como partisana en la resistencia clandestina durante la ocupación nazi de Roma (tema que, extrañamente, no se comenta para nada en la peli), para desempeñarse posteriormente como actriz (trabajó incluso para Visconti) y profesora de interpretación; en los años ochenta dio con sus huesos en la cárcel por robo, y tras salir lo pasó económicamente muy mal por falta de trabajo. En la cárcel encontró mucho más apoyo y sinceridad que fuera, así que no es de extrañar que su mirada hacia el universo carcelario que conoció, y que plasmó en su novela autobiográfica, fuera muy favorable, con un retrato benévolo y cálido de las mujeres a las que allí conoció y, de alguna forma, también amó.

Seguramente la novela autobiográfica de Sapienza tenga interés, pero la versión que ha hecho Martone (y su coguionista, Ippolita di Majo, su esposa) dista mucho de ser una buena película: lo peor que se puede decir de un film es que aburra, y nos tememos que éste lo hace, y mucho… Hay como una catarata de palabras, de diálogos, con frecuencia insulsos, entre la prota y sus amigas presidiarias o expresidiarias, una verborrea casi interminable que nos ha permitido el sarcástico titulillo de esta crítica (la preciosa canción Parole, parole, parole… de Mina, que son, por supuesto, “palabras, palabras, palabras…”), en una historia que va y viene sin cesar ni sin final, y en la que en los encuentros de Goliarda (ya tuvieron mala leche esos padres con el nombrecito, por muy progres que fueran…) y Roberta se puede pautar cada cuánto tiempo estarán a buenas y cada cuánto a malas, qué minutos va a parecer que se van a comer la boca y qué tiempo estarán casi tirándose de los pelos. Pero, ¿qué clase de relación tenían estas dos mujeres, en la que, como dice la copla, “ni contigo ni sin ti/ tienen mis males remedio”?

La peli se va casi toda ella en los encuentros con Roberta y con algunas más de las excompis de cárcel, pero tampoco terminamos de saber gran cosa de ellas, ni siquiera de la propia Sapienza, que al fin y al cabo es sobre la que trata el film. Sabemos, eso sí, que cada vez que se veían se tomaban un café o un whisky, o ambas cosas, y que hablan mucho no, muchísimo. Nos enteramos, eso sí, de que Roberta se mete picos de heroína como si no hubiera un mañana, y que nuestra Sapienza tiene un marido que parece ectoplásmico, materializándose como de la nada, y encima resulta que se lleva estupendamente con él, con lo que no se entiende que prácticamente no se vean nunca.

Filmada con ramplonería por Martone, que puede que sea un buen director teatral pero no de cine, la peli no aporta nada, no innova nada, no dice nada, más allá de que conozcamos algo (no mucho…) a la protagonista, una mujer cuya vida y obra, ciertamente, merecería algo más, mucho más, que esta película más bien pedestre, que se quiere moderna pero en realidad es, antigua, muy antigua, y bostezante, muy bostezante…

Por cierto, la ambientación ochentera, más allá de la profusión de coches de la época, deja bastante que desear, especialmente en lo tocante al vestuario de aquel tiempo, que solo en algunos momentos consigue ser reproducido adecuadamente. 

Eso sí, Valeria Golino (de la que recordamos su interesante etapa americana, en la que trabajó para gente como Levinson, Figgis y Carpenter) se entrega absolutamente, y es de lo mejor de la peli, consiguiendo dotar de carne y sangre a un personaje que, nos tememos, sobre el guion era más bien de cartón piedra… Matilda de Angelis, que hace de Roberta, es una presencia ciertamente fascinante: la cámara la quiere, ella lo sabe, y además es buena actriz, así que le auguramos un porvenir excelente; ya en la serie La ley de Lidia Poët estaba estupenda.

(08/11/2025)


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115'

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La vida fuera - by , Dec 12, 2025
1 / 5 stars
Parole, parole, parole...