C I N E E N P L A T A F O R M A S
[Esta película forma parte de la Sección Earth del ATLÀNTIDA MALLORCA FILM FEST’2026. Disponible durante tiempo limitado en FILMIN]
El cine de animación, afortunadamente, ha dejado de ser exclusivamente para niños; bueno, en puridad siempre ha habido cine de animación dirigido a adultos, pero ha sido muy minoritario. Pero desde hace algunas décadas el cine de dibujos animados, con cierta frecuencia, no busca como público objetivo a la grey infantil (aunque, por supuesto, también pueda verlo), sino a los adultos. Eso pasa con esta muy peculiar La odisea de Dandelion, que presenta una historia tan sugestiva como, ¡ay!, estirada.
El film se inicia con la visión de una planta de diente de león, con algunos de esos sutiles elementos dotados de finísimos filamentos que pugnan por despegarse de su planta matriz para expandirse y llevar su semilla a otras tierras; de repente, en el horizonte, vemos estallar un hongo nuclear… poco a poco todo se incendia, pero cuatro de esos pequeños, menudísimos dientes de león salen disparados y, volando, volando… llegan al espacio… allí, con el tiempo, llegan hasta otro planeta, donde esperan poder plantar su semilla. Pero la cosa no será tan fácil, porque el nuevo planeta es un poquito inhóspito…
Momoko Seto, la directora de esta coproducción franco-belga, es una mujer polifacética: nacida en Japón en 1980, en su infancia se mudó con su familia a París, donde se graduó en Bellas Artes en la prestigiosa La Fresnoy, para después entrar en el CNRS, la institución pública francesa que agrupa la élite de la ciencia en el país galo. Con esa doble condición artística y científica, Seto, aparte de sus trabajos en la CNRS, lleva adelante desde 2009 una carrera como directora de cine, hasta ahora en formato cortometraje, y generalmente con las técnicas de la animación.
La película usa varias técnicas, desde la típica 3D, la digital por ordenador de toda la vida (bueno, desde que Pixar la uso comercialmente por primera vez en Toy Story, en 1995), hasta la del dibujo en 2 dimensiones, más la inserción de filmaciones macroscópicas de animales y plantas, como sapos o babosas, además de utilizar el “time-lapse”, que filma a gran velocidad cosas que ocurren de forma lentísima, como el crecimiento de los vegetales. Con todo ello Momoko Seto consigue un film muy peculiar, una muy sutil (alguno dirá que demasiado…) fábula postapocalíptica, en un universo sin presencia humana, entroncando con ello con un pequeño clásico reciente de la animación, la espléndida Flow, que presentaba el mundo después del fin del mundo.
Quizá demasiado austera, como decimos, su problema es que su trama parte de una anécdota mínima, la expulsión al espacio exterior de cuatro dientes de león, y cómo, a través de un agujero negro, llegan a un planeta aparentemente yermo, pero que parece estar floreciendo a la par que nuestros cuatro protagonistas (cada uno perfectamente distinguible de los demás por el número de filamentos o por su distinta base o raíz) van corriendo aventuras por la superficie del planeta en busca de un suelo adecuado donde plantarse y germinar, cumpliendo así el ciclo vital de su especie.
Por supuesto, la peli tiene un problema con la aridez de su tema, cuatro dientes de león danzando por escenarios muy diversos dentro del planeta (no tan) yermo, pero la directora, aparte de conferir a cada una de esas humildes pelusas una cierta personalidad morfológica, hace que entre ellos se comuniquen (por decir algo…) a base de una especie de silbidos, que también nos ayudan a los espectadores, por el contexto, a saber, más o menos, qué están queriendo decir.
Parece la película una especie de fábula sobre la persistencia, incluso la inmanencia de la vida, sobre cómo un apocalipsis en la Tierra (o en cualquier otro planeta) no supondrá la extinción de la vida como tal, porque otros lugares en el universo ya estarían en trance de tomar el relevo. La función de los dientes de león sería, precisamente, una suerte de heraldos vitales, que prolongarían la existencia de su especie en otra tierra tan lejana de la que originariamente partieron. En ese sentido, esta fábula habla de la humildad de la vida, transportada en seres tan modestos, tan evanescentes como los dientes de león. Lejos entonces de la solemnidad de otras doctrinas mucho más ceremoniosas, como el Big Bang o el creacionismo, Seto parece apostar por una continuidad vital universal a partir de elementos mínimos, casi insignificantes.
Con un predominio de los colores azules, en todas sus gamas, en combinación con los blancos de los cuatro y tan etéreos protagonistas de la peli, la premisa de los cuatro dientes de león postapocalípticos es ciertamente peculiar y extraña, incluso bastante suicida comercialmente hablando… Por eso precisamente, por ser tan descabellada, cae irremediablemente simpática.
Con frecuencia los escenarios por los que van pasando, y las leves trapisondas a las que son sometidos los dientes de león, no tienen una utilidad argumental ni narrativa, sino más bien descriptiva, incluso conceptual, la vida que se va abriendo paso en ese planeta hasta entonces, al parecer, relativamente muerto. Pero (y ese quizá sea su talón de Aquiles) es una premisa difícil de estirar para tener el metraje estándar de un largo; quizá hubiera sido mejor optar por un mediometraje de 40 o 50 minutos o así.
Película sugerente, singular, quizá algo estirada en su metraje, es cierto que su peripecia es muy esquemática, seguramente de forma inevitable, en un film donde todo es muy etéreo, con una música de Nicolas Becker y Quentin Sirjacq de corte muy “chill out”, que conviene al tema, con algunas escenas de evidentes influencias cinéfilas, como aquella en la que los dientes de león montan a una babosa… a la manera en la que Paul Muad'Dib cabalgaba los gigantescos gusanos de la arena en Dune: Parte Dos.
A pesar de sus carencias menores, La odisea de Dandelion (cuya proyección clausuró la prestigiosa Semana de la Crítica del Festival de Cannes) te gana por lo sugestivo de su original planteamiento, por su levedad, por su serenidad sin aspavientos, en una película tan árida como, en el fondo, emotiva, casi entrañable, y tan ligera, una evanescente fábula postapocalíptica.
75'