Enrique Colmena

18/08/2026

El período histórico conocido como la Conquista del Oeste, como hemos visto, se data entre 1803 y 1890; fue una etapa en la que, por supuesto, concurrieron las circunstancias habituales en todo proceso de colonización, entre ellas el hecho de que la ley, a la manera en la que era entendida en los civilizados estados del Este, tardó bastante en llegar a los nuevos estados colonizados en el Oeste, de tal manera que, como suele ocurrir en estos caso, con frecuencia se impuso la ley del más fuerte, también conocida como la ley de la selva, una “ley” que, evidentemente, no es ley sino caos e imposición de la voluntad del más duro, el más violento, el que menos escrúpulos tiene.

La Conquista del Oeste, entonces, fue pródiga en la generación de una serie de tipos (por ser benévolos…), que decidieron que su rapidez en desenfundar el Colt o la puntería al disparar con su Winchester era lo único que necesitaban para imponer su criterio y, por supuesto, sojuzgar al resto de los mortales de los alrededores… 

El cine, en especial el norteamericano (que, como sabemos, tiene cierta tendencia a glorificar a sus canallas), ha idealizado con frecuencia a estos pistoleros, confiriéndoles con frecuencia la grandeza de la que, en realidad, carecían, porque no eran más que unos criminales a los que la leyenda los nimbó con un aura que los elevaba sobre su cualidad de vulgares malhechores. Pero ya sabemos que el cine tiene tendencia a magnificarlo todo: a este paso, el día menos pensado veremos “La verdadera historia del pobrecito Charles Manson y su candorosa familia”…


Jesse James

Jesse James (nacido Jesse Woodson James, 1847-1882) fue uno de los bandoleros y asaltantes de trenes y bancos más famosos de todo el período histórico conocido como la Conquista del Oeste. Lucho en la Guerra de Secesión junto a su hermano Frank (1843-1915), que también llegaría a ser famoso pistolero, ambos en el bando sudista. Al terminar la conflagración bélica formaron una temida banda de atracadores junto al clan de los hermanos Younger. Murió asesinado por la espalda por uno de los componentes de su banda, Robert Ford, para cazar la recompensa prometida por su cabeza.

Su figura ha sido llevada a cine y televisión de forma reiterada, como en Tierra de audaces (1939), idealizada visión del comienzo de sus fechorías, en una película dirigida por Henry King y que tenía a Tyrone Power y Henry Fonda como los hermanos James, que supuestamente se tiraban a la mala vida por haber matado los agentes de la autoridad a su madre al provocar un incendio para que los dos hermanos se entregaran. En esa misma línea Nicholas Ray hizo en los cincuenta La verdadera historia de Jesse James (1957), con Robert Wagner y Jeffrey Hunter como los hermanos, igualmente una visión idealizada de los dos criminales, y que, en contra de lo que decía el título, tampoco fue la “verdadera”... 

Más realista, más apegada a la realidad, aunque con sus buenas dosis de épica, fue Forajidos de leyenda (1980), el film de Walter Hill que puso en pantalla no solo a los hermanos James, sino también a otros tres clanes de malhechores, los Younger, los Miller y los Ford, con la peculiaridad de que cada clan estaba interpretado por hermanos reales, como James y Stacy Keach, que hacían de los James. Por su parte, American Outlaws (Forajidos) (2001), con un jovencísimo Colin Farrell, optaba por una visión juvenil y de acción del mito. 

Pero el film definitivo sobre el pistolero nos parece que es El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford (2007), de Andrew Dominik, un tratamiento adulto sobre el personaje, interpretado por el siempre carismático Brad Pitt, pero que se centraba curiosamente más en la figura de su asesino, el Robert Ford del título, en una suerte de “balada del traidor” que emparentaba la historia nada menos que con clásicos universales de la culpa como el Crimen y castigo de Dostoievski, conviniéndole muy bien a ese personaje de odioso Judas del Oeste las facciones más bien hieráticas de Casey Affleck.


Billy el Niño

Henry McCarty o William H. Bonney (no está claro cuál era su nombre real) (1859-1881), más conocido como Billy the Kid o, en español, Billy el Niño, en sus escasos 21 años de vida, se convirtió en toda una leyenda en el Oeste americano, esencialmente por su destreza en el manejo de las armas y por su participación en la llamada Guerra del Condado de Lincoln. Acusado (no sin razón) por las autoridades de varios asesinatos, incluido el de un agente de la ley, se puso precio a su cabeza, siendo matado a tiros por el ya entonces sheriff Pat Garrett, siendo los dos viejos conocidos, al haber sido ambos también pistoleros. 

Su juventud, y sobre todo su vida y muerte airadas le convirtieron en una leyenda. En cine y televisión ha aparecido también con profusión, como en el clásico El forajido (19369), de Howard Hughes y su tocayo Hawks (aunque este no firmó la película), más bien fantasiosa versión del personaje, que le hacía congeniar con otro famoso pistolero, Doc Holliday, al que en realidad nunca conoció, y también con Pat Garrett, al que sí conoció y trató, como hemos comentado, pero no en estas circunstancias. Otro popular clásico que trató el personaje sería Billy el Niño (1941), de David Miller, con Robert Taylor como el famoso pistolero, aunque tenía 32 años cuando hizo el film, mucho mayor que los 21 con los que murió el jovencísimo Billy.

Una de las más famosas versiones de la vida de Billy el Niño sería El zurdo (1958), también de las más desmitificadoras, una de las primeras buenas películas de Arthur Penn, con un estupendo Paul Newman como el joven malhechor, presentándolo como un personaje psicológicamente atormentado. Aunque seguramente la peli más famosa sobre el mito fue Pat Garrett y Billy el Niño (1973), uno de los flamígeros wésterns de Sam Peckinpah, con Kris Kristofferson como el pistolero y James Coburn como el sheriff que lo mató, en una película transida del tono crepuscular que el cineasta de La balada de Cable Hogue solía conferir a su cine del Oeste, que contó además con la música y canciones de Bob Dylan, quien interpretaba un pequeño papel. 

Años más tarde se haría un díptico sobre Billy the Kid, mucho más elemental y de acción, con los títulos Arma joven (1988) e Intrépidos forajidos (1990), de Christopher Cain y Geoff Murphy, respectivamente, con Emilio Estévez como el pistolero, además de un muy entonado reparto de jóvenes talentos de la época: Kiefer Sutherland, Lou Diamond Philips, Christian Slater, Charlie Sheen…

De las varias versiones hechas en este siglo XXI sobre la vida y la muerte de Billy el Niño nos quedamos con la peculiar hecha por el actor Vincent D’Onofrio ejerciendo de director, Sin piedad (2019), en el que el enfrentamiento entre Billy the Kid (un muy apañado Dane DeHaan) y Pat Garrett (un ya veterano Ethan Hawke) está visto desde los ojos de un adolescente que huye de una tragedia que le persigue. 


Butch Cassidy y Sundance Kid

Butch Cassidy (nacido Robert LeRoy Parker, 1866-1908) y Sundance Kid (nacido Harry Alonzo Longabaugh, 1867-1908) fueron dos asaltantes de trenes y bancos que gozaron de gran popularidad a finales del siglo XIX, cuando la conquista del Oeste ya estaba prácticamente finiquitada. Juntos formaron la banda llamada “Pandilla Salvaje” (Wild Bunch en el original), que mantuvo en jaque a las autoridades de la época. Acosados por la ley, huyeron a Hispanoamérica, viviendo en Argentina como ganaderos, para volver a las andadas como forajidos en Bolivia cuando se quedaron sin dinero, muriendo en un enfrentamiento contra los agentes locales de la autoridad del país andino.

La pareja de pistoleros ha sido reiteradamente llevada al cine, siempre con un tono romántico y positivo, gracias sobre todo al gran éxito de Dos hombres y un destino (1969), de George Roy Hill, que además de presentar a los bandidos con los agraciados rostros de Paul Newman y Robert Redford, los hacían participar en un curioso triángulo amoroso con Katharine Ross, con la preciosa canción Raindrops Keep Fallin' on My Head (literalmente, “Las gotas de lluvia siguen cayendo sobre mi cabeza”), cantada por B.J. Thomas, en una película que ganó 4 Oscars e hizo leyenda de estos dos pistoleros, hasta el punto de que posteriormente se han hecho otras dos pelis, muy distintas, que los pusieron de nuevo en el centro de la trama.


Una fue Los primeros golpes de Butch Cassidy y Sundance (1979), dirigida por el siempre interesante Richard Lester, con William Katt y Tom Berenger como los forajidos, ahora mucho más jóvenes e ingenuos; y la otra (¡oh, sorpresa!) sería el cine español el que la llevaría a la pantalla en Blackthorn. Sin destino (2011), con dirección de Mateo Gil (el que fuera coguionista de las primeras pelis de Amenábar, para situarnos), que imaginaba que Cassidy y Sundance no morían en Bolivia sino que conseguían sobrevivir en aquel país, metiendo de por medio a un ingeniero español (Eduardo Noriega), con irrefrenables tendencias cleptómanas, todo ello rodado en buena parte en el desierto de Uyuni, el desierto de sal más grande del mundo, un paisaje dantesco muy apropiado para una osadía como ésta…


El duelo en el O.K. Corral

Además de la figura del pistolero, en la Conquista del Oeste fue esencial la figura del sheriff, precisamente porque era la persona en la que recaía la autoridad, aunque no siempre lo consiguiera y con frecuencia lo pagara con su vida. De entre los sheriffs más famosos el más popular fue, sin duda, Wyatt Earp (1848-1929), quien, junto a su amigo Doc Hollyday (un antiguo dentista reciclado en tahúr, enfermo de tuberculosis e igualmente rápido con la pistola) (1851-1887), mantuvo un legendario duelo en 1881 en el llamado O.K. Corral, en Tombstone, Arizona, contra dos clanes de facinerosos, los Clanton y los McLaury, un duelo que el cine ha llevado a la pantalla con gran profusión. Aquí se puede apreciar cómo la realidad y la ficción cinematográfica toman caminos desmesuradamente divergentes: el duelo duró en la realidad apenas 30 segundos, pero en la pantalla las distintas versiones sobre el mismo alargaron extenuantemente esa mínima duración, en algún caso, hasta los 10 minutos; y es que el tiempo, en cine, es de chicle …

Entre las versiones de este mítico duelo habrá que destacar, como es lógico, la clásica y formidable (en términos fílmicos, que no por ajustarse a la realidad) Pasión de los fuertes (1946), dirigida por el mismísimo John Ford, con Henry Fonda como Earp y Victor Mature como el tahúr tísico, o el también muy clásico Duelo de titanes (1957) que rodara el gran John Sturges, perito en magníficos wésterns, con Burt Lancaster y Kirk Douglas en los papeles principales. 

Más recientemente, ya en los años noventa, dos proyectos coincidieron prácticamente a la vez en plasmar en la pantalla este famoso duelo; el de mayor interés fue, sin duda, Wyatt Earp (1994), más realista, más consistente, más ajustada a los hechos, con dirección de Lawrence Kasdan, con un impecable Kevin Costner como el famoso sheriff y Dennis Quaid como su amigo Doc; inferior a ésta sería Tombstone: la leyenda de Wyatt Earp (1993), más banal, dirigida por el especialista en cine de acción George Pan Cosmatos, con un imponente Kurt Russell como Earp y un Val Kilmer como Doc Hollyday, que se robaba todos los planos en los que aparecía. 


Wild Bill Hickok

La figura de Wild Bill Hickok (nacido James Butler Hickok, 1837-1876), como también lo fue Pat Garrett, engloba en una sola persona a alguien que fue consecutivamente pistolero y agente de la ley, en una metamorfosis que, por lo demás, tampoco era demasiado rara, teniendo en cuenta que la enorme destreza con las armas de los forajidos era muy apreciada por las autoridades como forma de mantener la ley en el salvaje Oeste, y que los pistoleros más inteligentes sabían de lo corto de sus vidas si seguían en el lado incorrecto de la ley. 

Wild Bill Hickok fue sucesivamente pistolero, militar y espía en la Guerra de Secesión, en el bando de los yanquis, y después marshall. Murió mientras jugaba a las cartas, por la espalda, a manos de un damnificado por su (también) buena mano para los naipes.

El cine y la televisión se han hecho eco repetidas veces de su figura, como en el clásico Buffalo Bill (1936), de Cecil B. de Mille, que a pesar de su título trataba más de Wild Bill Hickok (y su novia Calamity Jane) que del famoso cazador de bisontes (4.000 de esos preciosos animales se cargó el angelito…), y también en Young Bill Hickok (1940), de Joseph Kane, protagonizado por el mítico Roy Rogers, que en aquella época se hizo un montón de wésterns de corte superficialmente aventurero. 

Más serios fueron los tratamientos dados por la película Wild Bill (1995), con Walter Hill a los mandos, con un muy apropiado Jeff Bridges como el famoso pistolero y posterior marshall, y Ellen Barkin como Calamity Jane (aquella que en España redenominamos sandungueramente “Juanita Calamidad”…); y por la serie Deadwood (2004), del creador David Milch, en la que el personaje de Wild Bill aparecía en la tercera temporada, ya convertido en un héroe cansado, con tono crepuscular, y con las facciones de un cincuentón Keith Carradine. 

Ilustración: Casey Afleck se dispone a disparar contra Brad Pitt en El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford (2007), de Andrew Dominik. 

Próximo capítulo: Estados Unidos cumple un cuarto de siglo: los USA en la pantalla. La Conquista del Oeste: el exterminio de los pueblos amerindios (VII)