C I N E E N P L A T A F O R M A S
[Esta película forma parte de la Sección Oficial del ATLÀNTIDA MALLORCA FILM FEST’2026. Disponible durante tiempo limitado en FILMIN]
La llamada República Árabe Saharaui Democrática (RASD) es una nación sin estado situada al noroeste de África, bajo la primera línea de países del Magreb, entre Marruecos, Mauritania y Argelia, en pleno desierto del Sáhara, del que toma su nombre. Se creó a raíz de la crisis producida en España, la entonces potencia colonial, durante la grave enfermedad del entonces jefe del estado, Francisco Franco, que moriría el 20 de noviembre de 1975. En las semanas previas, durante la agonía del dictador que rigió España con mano de hierro durante casi cuatro décadas, el rey de Marruecos, Hassan II, montó lo que la Historia conoce como la Marcha Verde, una (en teoría) manifestación de civiles que se proponían tomar el Sahara pacíficamente, un movimiento evidentemente auspiciado por el (también dictatorial) rey alauí. La vista de lince del monarca, poniendo en un brete a España en la difícil coyuntura de la muerte del dictador y la consiguiente incertidumbre posterior, haría que el gobierno hispano cediera la soberanía a Marruecos, en una decisión tan pragmática como, reconozcámoslo, humillante para nuestro país, e indigna en términos de salvaguarda de los derechos de la población saharaui que nuestro estado tenía obligación de proteger. Pero el Frente Polisario, organización política autóctona que reivindicaba la independencia, se opuso, creando la RASD con el apoyo de Argelia, potencia competidora con Marruecos en la influencia sobre el Magreb. Desde entonces, la situación está prácticamente estancada, habiendo ocupado Marruecos el 80% del territorio del Sáhara Occidental, manteniendo la RASD bajo su dominio apenas un 20%, algo más de 50.000 kilómetros (la décima parte de España, para hacernos una idea), siempre bajo el protectorado del gobierno argelino.
Por su parte, de Eimi Imanishi, la guionista y directora de esta película, se podría decir que es una artista extremadamente cosmopolita: de etnia japonesa, tiene la nacionalidad norteamericana, habiéndose criado en Francia para después formarse en Londres; ha vivido largas temporadas en otros países como España, y también en el Sáhara Occidental (de esa experiencia procede este film), dedicándose en la actualidad a la docencia en Nueva York. Como directora se ha desempeñado hasta ahora en varios cortos, debutando en el largometraje con esta Sombra nómada, que arranca en España, en una escena en la que vemos a Mariam, una saharaui que vive en España sin papeles, al ser atrapada por la policía y deportada a su tierra. La chica llega a su localidad natal en el Sáhara (recreado en Argelia, al no ser posible hacerlo en localizaciones autóctonas), donde tendrá una complicada relación con su familia y amigos; su madre le reprocha haberse marchado a España con un novio (“negro”, subraya la madre: el racismo presente también entre los habitualmente despreciados por su raza…), su hermana se siente agraviada por haberla dejado sola, el hermano se dedica al tráfico de hachís, y su exnovio, al que dejó para irse a Europa, se ha convertido en un paria en su propia tierra… Mariam busca la forma de conseguir dinero para poder volver a España, pero esa empresa se revela más que complicada…
Imanishi, como directora, no parece buscar el subrayado con su puesta en escena, jugando más bien la baza de la invisibilidad en la dirección. De todas formas, da la impresión de que la peripecia de la prota, deportada a su tierra de origen y buscándose la vida para poder volver a España, donde vive como quiere, es más bien una excusa para mostrar costumbres y escenarios saharauis, aunque, como ya hemos visto, en realidad están rodados en zonas argelinas, en cualquier caso muy parecidas morfológicamente al Sáhara Occidental y con usos y costumbres no demasiado diferentes.
Parece apreciarse en el film como un sordo rencor, incluso desprecio, por aquellos que se marcharon de la tierra saharaui a Europa, como si ello fuera una traición, y más claramente si, además, hay temas de sexo libre de por medio, como ocurre con la prota que se fue con su novio (“negro”, como ya hemos visto que adjetivan sus gentes con menosprecio). Probablemente, al margen de la cuestión moral, lo que hay es el desdén hacia quienes deciden dejar atrás la paciencia y la resiliencia del pueblo saharaui, que lleva casi medio siglo sin poder gobernarse a sí mismo, reducido, casi como una reserva india, a la quinta parte de su territorio.
Hay una evidente tensión entre tradición y modernidad, entre lo doméstico y lo foráneo, la eterna dualidad del ser humano entre vivir como sus ancestros o hacerlo cambiando absolutamente su forma de existencia. Hay también cierto tono costumbrista, que nos permite tener algunas pinceladas de cómo viven en el Sáhara, una visión en la que vemos que la vida allí, al menos en las familias que aparecen, goza de cierto confort, quizá porque se centre en retratar clases medias más o menos acomodadas. Por cierto, entre las costumbres de aquellas tierras vemos una que por aquí es bastante llamativa, una fiesta de divorcio… como la adoptemos en España, las despedidas de soltero se van a quedar en mantillas…
Estamos entonces más ante una mirada hacia la vida en el Sáhara Occidental actual, con el pretexto, un tanto endeble, de los intentos de Mariam de hacerse con dinero para volver a España. De vez en cuando vemos lo que parece un sueño recurrente de ella, pescando en medio del mar, lo que no deja de ser curioso porque la RASD no controla la zona marítima del Sáhara Occidental… Pero eso le sirve a Imanishi para presentarnos lo que parece el tema central del film, la cuestión identitaria de la prota, con una singladura en solitario y esa final devolución al agua de un pez de gran tamaño, quizá su forma de expresar que todo debe volver a su ser, un mensaje más bien conservador, como de que hay que volver a la vida que se espera de ti…
Hay algunas escenas de rifirrafes entre la población civil y lo que parecen autoridades de la RASD, que no quedan demasiado claras (aparte de estar filmadas más bien pedestremente…). Estimable aunque un tanto insuficiente, la película adolece de un mensaje un tanto inaprensible, no muy claro, más bien difuso por no decir confuso, con un guion con demasiados flecos, en una historia que parece más interesada en cierto identitarismo personal de la prota que en contar una historia más o menos coherente y plausible, que nos diga algo. Esforzada y agradable en su escasa peripecia, lo cierto es que nos parece que se queda algo alicorta.
Los actores, todos no profesionales, están correctos, aunque a ratos parecen poco creíbles, notándose demasiado que están actuando…
82'