Pelicula:

C I N E   E N   S A L A S

[El lector interesado en las adaptaciones de esta novela al cine y la televisión puede consultar en Criticalia el artículo titulado En el bicentenario de la autora de “Cumbres borrascosas”. Las hermanas Brontë en la pantalla (y II). Emily, Anne, original del autor de esta crítica]

Sobre la novela Cumbres borrascosas, publicada en 1847 por Emily Brontë (oculta tras el seudónimo masculino de Ellis Bell), se han hecho alrededor de medio centenar de versiones al cine y la televisión. La más popular es seguramente Cumbres borrascosas (1939), de William Wyler, quizá la versión canónica del libro brontëano, pero también es recordable la adaptación mexicana que, con el título de Abismos de pasión (1954), dirigió Luis Buñuel en su exilio en el país de las enchiladas. Ha habido versiones de todo tipo y en nacionalidades tan dispares como Filipinas (donde se tituló Hihintayin kita sa langit), Turquía (allí fue Ölmeyen ask), Brasil (se llamó O morro dos ventos uivantes) o la entonces todavía británica Hong Kong (con el título Hun Gui Lihentian).

Queremos decir con esto que la novela de Emily Brontë es, evidentemente, un clásico del romanticismo gótico, bien conocido en todo el mundo (bueno, sobre los adolescentes tiktokeros tengo dudas más que razonables…) que, como todos los clásicos, admite ser versionado según la mirada, los gustos, los usos y costumbres de cada tiempo. 

Emerald Fennell (Londres, 1985) es una actriz británica a la que recordamos especialmente por su interpretación de Camilla Parker-Bowles en la popular serie The Crown. Desde hace unos años ha iniciado una carrera también como guionista y directora, con (hasta ahora) un corto y tres largos, incluido este. Los dos largos anteriores han gozado de predicamento: Una joven prometedora, que ganó el Oscar al Mejor Guion Original, sobre una mujer destrozada por un hecho traumático de su juventud y cómo reacciona a ello; y Saltburn, un curioso thriller sobre el crimen como vehículo para ascender socialmente, con resabios de novelas como El talento de Mr. Ripley y Retorno a Brideshead. Ahora Fennell afronta un reto mayúsculo, hacer una nueva versión de Cumbres borrascosas que, lógicamente, tiene que ajustarse a nuestro tiempo. Nos parece que el envite se ha saldado con aciertos y errores, como intentaremos explicar. 

La historia comienza con la ejecución en la plaza pública, ante el populacho, de un condenado a muerte; allí vemos a la niña Cathy con su amiga Nelly, que han ido a ver la ejecución, como tantos otros, como el que va al teatro (solo que aquí el muerto es de verdad…). Ya de vuelta en la mansión familiar, llamada Cumbres borrascosas, en los páramos de Yorkshire, vemos como el paterfamilias, Mr. Earnshaw, lleva consigo a un mocoso paupérrimo que se ha encontrado en la ciudad, para que sirva de mascota a su hija, quien lo llama Heathcliff, en honor a su hermano muerto tiempo atrás. Ambos crecen juntos, aunque Cathy es la señorita y Heathcliff su sirviente; el roce, pero también conductas como la de sacrificarse el chico para evitar el castigo a la chica, hace que Cathy empiece a profesar un amor creciente hacia el muchacho, que también la ama. Ya de adultos, a la vecindad (en la elegante mansión llamada la Granja de los Tordos) se muda el caballero Edgar Linton y su pupila Isabella; Cathy los ve con envidia, imaginando lo que sería vivir en ese ambiente de clase y distinción. Tras un accidente cuando merodea por el lugar, Edgar la acoge en su casa hasta que se repone; el caballero, enamorado de ella, le propone matrimonio. De vuelta a Cumbres, Cathy le dice a su amiga Nelly que ha aceptado la proposición porque, aunque ama a Heathcliff, casarse con él la degradaría; el chico, que la está escuchando escondido (y Nelly lo sabe…), se marcha entristecido de la casa, sin saber que Cathy, finalmente, iba a rechazar la boda…

Decíamos que hoy día no se puede hacer una Cumbres borrascosas como la que hizo William Wyler en 1939, con Laurence Olivier y Merle Oberon. Fennell, consciente de ello, ha jugado a mezclar el “aggiornamento”, la actualización, con la tradición, con la historia clásica, y nos parece que el resultado no ha sido todo lo positivo que hubiera sido deseable. En un momento dado, cuando vuelve Heathcliff, ya rico, a la Granja de los Tordos, donde Cathy se ha casado con Edgar, la mujer le inquiere sobre si su vida fuera de Inglaterra (donde se ha hecho rico, no sabemos cómo…) ha sido “apasionante”. Él responde “… a ratos”, en lo que viene siendo una buena definición de la peli, que, efectivamente, nos parece que es “apasionante… a ratos”…

Porque hay cosas novedosas que interesan, como el tratamiento mucho más físico, incluso abiertamente sexual, de la relación entre Cathy y Heathcliff, como la escena en la que ella, sola, en pleno páramo, tras un calentón, se masturba, y cuando él la encuentra, le toma la mano (esa mano, precisamente…) y se la mete en la boca, mientras le dice “ahora te seguiré a todos lados como un perro…”. O la relación brutalmente sadomasoquista que se establece entre un Heathcliff que se siente rechazado por Cathy, y la esposa que toma para molestarla, Isabella, la pupila de Edgar, una relación sadomaso plenamente aceptada por la chica, que pasa de adolescente perita en casas de muñecas y en lacitos a convertirse en la “partenaire” perfecta de esa relación en la que la crueldad y la perversión es la norma. También llama la atención poderosamente la muy “voyeur” escena en la que Cathy (y poco después, haciéndole la “cucharita”, también Heathcliff) contempla a escondidas a su criado con una sirvienta, una escena plena de un sexo brutal con muy definidos roles de amo y esclava, en una muestra de cómo Fennell ha actualizado, y de qué manera, el sexo en esta historia de amor gótico. 

Pero nos parece que Emerald, quizá temerosa de que el personal más talludito huya de las salas (o de las plataformas: hoy día casi interesa más el público de Netflix que el de los cines…), ha optado por incluir tonos más tradicionales, como un final que no hubiera quedado mal ni en la versión de Wyler de hace casi noventa años… Que sí, que el romanticismo siempre es romanticismo, pero esa escena final nos parece que está fuera de su tiempo. Tampoco parecen demasiado acertadas algunas decisiones de guion, como eliminar el hermano de Cathy en la novela, Hindley, con lo que se pierde la figura del villano por excelencia del relato y obliga a hacer que Earnshaw, el benefactor de Heathcliff que lo recogió de las calles, cargue con todos los vicios del ahora inexistente hijo: ludópata, borrachín, un tipo muy cabrón. Hacer que la fiel y abnegada criada que en la novela cuenta la historia sea ahora una arpía que maniobra para joder a su ama no parece ir en consonancia con el (evidente) discurso feminista que Fennell planteó, por ejemplo, en su film Una joven prometedora. Es verdad que la historia está vista desde la perspectiva de Cathy, pero ello no la hace más feminista, más de nuestro tiempo.

Aciertos y errores, pues, en una película vistosa, que ha contado con un exquisito diseño de producción, donde brilla la colorista fotografía del sueco Linus Sandgren y la preciosa música de Anthony Willis. Pero al film, demasiado largo, como a casi todo el cine que se reputa “importante” en nuestro tiempo, le sobra al menos un cuarto de hora, lo que hubiera redundado en un mejor ritmo narrativo. Eso sí, como buena película de nuestro tiempo, aquí desaparece el toque sobrenatural que existía en la novela (y en la versión de Wyler), con Cathy volviendo del otro mundo para llamar a Heathcliff al páramo. 

Algunas curiosidades: Fennell juega acertadamente con algunos símbolos que funcionan bien en la tempestuosa relación entre los amantes, como los huevos rotos bajo la colcha que anuncia a Cathy que Heathcliff ha vuelto tras desaparecer varios años, o la doble ocasión en la que, ante un diluvio, los dos hablan de que se atisba un (inexistente) cielo azul, como desalentada metáfora de su relación sin esperanza. También llama la atención la aparición de un tono más dickensiano que brontëano en la forma de presentar la mansión de Cumbres, en especial cuando ésta se va deteriorando progresivamente hasta terminar en la más espantosa ruina, pareja a la descomposición de la relación de la pareja protagonista.

Buen trabajo de Margot Robbie y Jacob Elordi, aunque nos parece que él (siete años más joven que ella) no termina de dar el papel del recio protagonista, y además es demasiado alto (1,96 de tío… casi como si LeBron James hiciera de Heathcliff…), lo que le obliga a, en todas las escenas, aparecer encorvado para poder dar la réplica a aquellos con los que dialoga…

(18/02/2026)


 


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136'

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Cumbres borrascosas (2026) - by , Feb 18, 2026
2 / 5 stars
Apasionante... a ratos