Pelicula:

C R I T I C A L I A   C L Á S I C O S
Disponible en FILMIN    

[El lector interesado en las adaptaciones de esta novela al cine y la televisión puede consultar en Criticalia el artículo titulado En el bicentenario de la autora de “Cumbres borrascosas”. Las hermanas Brontë en la pantalla (y II). Emily, Anne, original del autor de esta crítica]

William Wyler, uno de los grandes cineastas del Hollywood clásico, tiene una etapa, a caballo entre la segunda mitad de los años treinta y la primera de los cuarenta, en la que se especializó en una serie de grandes melodramas, hechos con tonos muy distintos, pero todos perfectamente inscribibles en ese género: se sucedieron, uno tras otro, films que fueron muy apreciados por los públicos de la época y que, con el tiempo, han adquirido la pátina de los clásicos, esos que siempre están ahí y nunca defraudan. Hablamos, por supuesto, de Jezabel, La carta, La loba (todos ellos con Bette Davis como insigne diva, en films que consolidaron su carrera y le confirieron el tono de mujer poderosa que cultivó ya durante el resto de su filmografía), pero también de Esos tres (la primera versión del drama lésbico escrito por Lillian Hellman, aunque aquí, por la censura, hubo que disfrazar el amor sáfico…), La señora Miniver y, por supuesto, esta Cumbres borrascosas. Después, intermitentemente, Wyler volvió al melodrama (Los mejores años de nuestra vida, La heredera, La calumnia -de nuevo la obra de Hellman, pero ahora ya presentando abiertamente el tema lésbico-…), pero no de forma tan concentrada e intensa como en aquel decenio 1935/45.

Cumbres borrascosas, la única novela de la que fue autora Emily Brontë, pero que ha despertado un inusitado interés en el mundo del cine y la televisión (que la ha versionado a lo largo de la historia en medio centenar de ocasiones), tuvo su versión canónica en cine en la época clásica con esta adaptación que, sin embargo, se tomó algunas libertades, que no afectaban a la esencia de la historia. Conocemos entonces a Lockwood, un viajero que, a través del ventoso páramo, llega a la imponente mansión conocida como Cumbres borrascosas, pidiendo hospitalidad; allí lo recibe el dueño, Heathcliff, un hombre huraño y con aspecto deprimido, así como otras personas, entre ellas la criada que cuidó al amo de la casa y, por tanto, conoce su historia. Lockwood es alojado en una estancia, pero allí oye lo que parece la fantasmagórica voz de una mujer llamando a Heathcliff; cuando éste se entera, monta en cólera y sale fuera, en medio de la tempestad, a buscar a Cathy, su amada muerta, que él cree le llama para que se reúnan juntos en el otro mundo. La vieja criada, entonces, le cuenta a Lockwood la historia de la familia, comenzando por el día en el que el anterior propietario, Earnshow, llevó a la casa al entonces pequeño Heathcliff, un niño pobre y abandonado, para que se criara y creciera junto a sus hijos, Hindley y Cathy, de edad similar al niño (casi) salvaje, lo que no será del agrado de Hindley, pero sí de Cathy…

Aunque es bien sabido que el cine clásico de Hollywood era muy deudor del llamado “studio system", en el caso de esta versión brontëana la influencia del estudio, y en concreto del productor Samuel Goldwyn, fue enorme, tomando decisiones que excedían sus atribuciones. No obstante, por supuesto, la película es “de” William Wyler, y son reconocibles sus obsesiones dentro del género del melodrama, que el cineasta modulaba en función de las historias.

Con un contrastado blanco y negro de Gregg Toland (ganador del único Oscar de los ocho a los que estuvo nominada la película), que confería al páramo inglés su apariencia arrebatada y lo convertía casi en un personaje más, el film recogía acertadamente el airado espíritu gótico del original de Emily Brontë, aunque la mayoría de las escenas fueran rodadas en estudio. Pero es cierto que esa artificiosidad, que el equipo técnico no se esfuerza demasiado en disimular, juega en favor de la historia, aureolándola de fantástica y mítica. 

Es cierto que la película, revisada casi noventa años después de su rodaje, resulta un tanto acartonada, pero ese acartonamiento juega a su favor, confiriéndole un tono naif, en un melodrama con todos sus avíos, muy del gusto de la época, en realidad de todas las épocas, porque los grandes dramas, desaforados y románticos, interesan al ser humano desde (al menos…) el teatro griego clásico. La música de Alfred Newman contribuye al tono altisonante típico del género en aquel tiempo, una música henchida de pasión, aunque a ratos, para nuestro oído del siglo XXI, pueda resultar excesiva, aunque eso era lo habitual en la etapa clásica de Hollywood. 

Esta historia de amor (cuasi) enfermizo, de esta obsesión generada en dos (casi) hermanos, que se criaron juntos, y que al llegar a la edad adulta concibieron una pasión contra la que difícilmente podían luchar, está contada inteligentemente por Wyler, que juega con habilidad con los diferentes escenarios, desde la lóbrega Cumbres borrascosas que se va deteriorando a partir de la muerte del paterfamilias, cuando se hace cargo el envidioso, borrachuzo, rencoroso y vengativo hermano Hindley, hasta la elegante y refinada Granja de los Tordos, el hogar de los Linton, a los que Cathy tenderá a asimilarse, aunque por dentro siga creciendo la tórrida pasión por su Heathcliff, con el que compartía la fantasía de un mundo irreal de imaginarios castillos en el páramo; una Cathy que se debatirá inútilmente entre la normalidad, el confort, la tranquilidad que le ofrece su esposo, Edgar, y la aventura, la inestabilidad, sobre todo la pasión torrencial, que sabe tendrá junto a Heathcliff, en lo que será un arrebatado amor fou, un amor compulsivamente loco, un romanticismo (como género literario, el de Byron, Shelley, Espronceda o Bécquer) en estado químicamente puro.

Buen trabajo actoral, con un Laurence Olivier recién llegado a Estados Unidos tras triunfar en su país, Inglaterra, y una Merle Oberon que da bien el personaje; curiosamente, dicen las crónicas que ambos se llevaron fatal durante el rodaje, pero lo cierto es que eso no trasciende en lo que vemos en pantalla.


(15/02/2026)


 


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104'

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Cumbres borrascosas (1939) - by , Feb 15, 2026
3 / 5 stars
Versión canónica de la novela de Emily Brontë