Pelicula:

CINE EN SALAS

Sobre la nueva película de Amenábar se ha suscitado la previsible controversia, a cuenta de la lectura homoerótica que el cineasta chileno-español ha realizado de la figura de Miguel de Cervantes, aprovechando que una época de su vida, su cautiverio de cinco años (de 1575 a 1580) en Argel, a la espera de que se pagara un rescate por su persona, no está demasiado documentada, sabiéndose, eso sí, que durante ese lustro Cervantes intentó escaparse varias veces, a pesar de lo cual sus captores no lo mataron ni siquiera lo sometieron a crueles torturas, como era habitual en estos casos, lo que permite la fabulación de Amenábar en el sentido de que, quizá, el entonces muy joven y todavía no escritor Miguel pudo mantener una relación sentimental y sexual con el bajá (gobernador general) de Argel, Hasan, conocido por sus voluptuosos harenes masculinos, en una ciudad y un tiempo, Argel en el siglo XVI, que era infinitamente más liberal que la postura actual del islamismo, incluso el moderado, sobre las relaciones homosexuales.

En cualquier caso, conviene recordar varias cosas: una, Amenábar ha hecho la versión que le ha parecido oportuna: el público decidirá si le interesa, o no; dos, a estas alturas no parece lógico rasgarse las vestiduras por el hecho de que Cervantes pudiera haber sido homosexual, o más bien bisexual (recordemos que casó y después tuvo una amante que incluso le dio una hija); tampoco aquí se busca el rigor histórico, sino rellenar huecos en un lapso de tiempo importante y poco documentado en la vida del que sería magistral escritor; tres, puestos a sacar del armario a grandes, sería bueno recordar que del otro gigante de las letras mundiales, Shakespeare, también se sospecha hace tiempo (y el audiovisual así lo ha reflejado) que en la cama no le hacía ascos tampoco a los chicos. 

Pero en lo mollar, en lo cinematográfico, que al fin y al cabo es lo que nos concierne, tenemos que decir que la contemplación de esta nueva peli de Amenábar abona la impresión de que su talento, si no se ha ido definitivamente, sí hace tiempo que ni está ni se le espera; porque en El cautivo no hay ni un ápice de la osadía temática de Tesis, ni la imaginación desbocada de Abre los ojos, ni la prodigiosa atmósfera gótica de Los otros, ni por supuesto la maestría (paradójicamente) vitalista de Mar adentro. Desde entonces, Amenábar no termina de arrancar de nuevo: Ágora era muy culta y muy aburrida, Regresión incitaba al bostezo (además de ser muy tramposa…), Mientras dure la guerra era un retrato un tanto desvaído de Unamuno, y solo La fortuna tuvo cierto interés.

La película, que se desarrolla como decimos en el lustro indicado del siglo XVI, nos narra la historia de Cervantes, cuando aún era un joven militar, sin obra literaria aún, cautivo en Argel, de donde solo podrá salir si se paga un importante rescate en dinero del que su familia, por supuesto, no dispone. Entre tanto llega esa más bien improbable liberación, para entretener la espera, Cervantes da en contar a sus compañeros historias que ha leído en los muchos libros que ha devorado desde su niñez, o que directamente se las inventa. En palacio, desde sus aposentos, el bajá escucha esas historias contadas en el patio del castillo, y llama a Miguel a su presencia, proponiéndole que por cada relato que le cuente, y le guste, le dará un día de libertad que puede aprovechar por las calles de Argel…

Como es evidente, Amenábar ha utilizado aquí el concepto de Las Mil y Una Noches, el clásico por excelencia de la literatura musulmana, en la que Sherezade (hay otras parecidas grafías para referirse a ella, pero nos quedamos con ésta, más fácil en español), una astuta princesa, consigue que el sultán no la decapite, como hace con todas sus esposas la noche de bodas (a razón de una al día, o a la noche…), contándole una historia cada jornada. Pero lo cierto es que la mezcla del cautivo Cervantes, su supuesta bisexualidad, y el recurso al tema central del famoso clásico literario arábigo, resulta a ratos un tanto incongruente, sobre todo cuando se aprecian las costuras de esos retales con los que está construida la historia. Tampoco acierta Amenábar cuando, al incluir en la trama también otra historia diferente, que él cuenta a sus compañeros (la ficticia de la hija del bajá que pide ayuda a un cristiano para huir a Europa, extraída de unos capítulos del Quijote), pierde la oportunidad de trenzarla, de engarzarla con su propia historia, de tal manera que no sea otra narración sino la misma, lo que hubiera podido resultar en un sugestivo híbrido en el que ambas historias se nutrieran mutuamente una de la otra. Aunque el cristiano al que recurre la bella mora lo personifique el propio Cervantes, el divorcio con la historia central de la relación homoerótica con el bajá es evidente y no ayuda precisamente a su credibilidad ni a la amenidad. Porque esa es otra, la línea principal del film resulta con frecuencia redundante, con prácticamente una única situación, la de los capturados en espera de rescate, más, en la última parte, algunas escenas de Cervantes ya con el bajá en sus lujuriantes salones (rodados, por cierto, en las bellísimas estancias de los Reales Alcázares sevillanos).

Demasiado larga, con dos horas y cuarto que pesan bastante en el espectador, cuando se podrían haber abreviado pasajes sin que se resintiera la historia (al contrario, habría mejorado…), El cautivo nos parece que vuelve a poner de manifiesto que los buenos tiempos de Amenábar ya han pasado. Ojalá nos equivoquemos: sus primeras películas nos encandilaron, pero las últimas, uff, nos parecen mediocres e indignas del talento que un día, ya hace tanto tiempo, demostró tener…

Y eso que, por supuesto, se reconoce el importante esfuerzo de producción, con un presupuesto manejado en torno a los 14 millones de euros, un dineral para un cine, el español, que no está acostumbrado a estos dispendios. Todo es exquisito en la producción, desde la preciosa fotografía de Alex Catalán, que se recrea en los tonos ocres propios de la costa argelina (aunque esté filmada, entre otras localizaciones, en Valencia, Alicante y Alcalá de Guadaira: la magia del cine…) hasta la música, original del propio Amenábar, que como siempre escribe unos “scores” preciosos para sus films. 

En cuanto al elenco interpretativo, nos parece que al actor protagonista, Julio Peña Fernández (nuestro respeto por haber añadido su segundo apellido al nombre artístico, para diferenciarse del muy popular Julio Peña de los años cuarenta y cincuenta) le falta un hervor, como decimos en mi tierra: el que estaba llamado a ser uno de los más importantes escritores de la literatura universal carece de grandeza, es un pipiolo como cualquier otro de veintipocos años; eso sí, los secundarios, excelentes, desde el viejo y sabio Miguel Rellán hasta un Fernando Tejero que ha mejorado notablemente con el paso del tiempo, o gente tan segura y fiable como José Manuel Poga, Luis Callejo y Roberto Álamo.

Eso sí, las alusiones a temas quijotescos, como si fueran improbables inspiraciones para su obra futura, resultan bastante pilladas por los pelos: el fraile y su ayudante, que visitan el cautiverio para pagar el rescate de los presos, caracterizados con toda la pinta de los futuros Alonso Quijano y Sancho Panza; la reiterada aparición en la barbería/mancebía de Argel de la famosa bacinilla que años después sería el imaginario yelmo de Mambrino del Caballero de la Triste Figura; y no digamos las repetidas menciones a los molinos de viento (con la imagen de las aspas de uno de los cuales se cierra el film), que resultan bastante pedestres, demasiado evidentes, en un cineasta que en otro tiempo fue muchísimo más sutil.


(19-09-2025)


 


El cautivo - by , Nov 29, 2025
2 / 5 stars
Miguel de Sherezade y Saavedra