22/01/2026
El club de los suicidas es un libro de relatos detectivescos compuesto por tres cuentos, titulados “Historia del joven de las tartas de crema”, “Historia del médico y el baúl de Saratoga” y “La aventura de los coches de punto”. Se publicaron por primera vez en 1878 en la revista London Magazine. En realidad, la historia que más llamó la atención fue la primera, que además presenta en este ciclo de cuentos la idea central de El club de los suicidas; es también la historia que se ha llevado al cine en numerosas ocasiones, y sobre la que nos enfocaremos.
Por supuesto, lo llamativo de esta historia, más allá de su inicial vocación detectivesca, es la peculiaridad de su planteamiento, con una sociedad secreta que se encarga de organizar la escalonada muerte de sus miembros, hartos de vivir por diversos motivos. Esa peculiaridad confirma la rara capacidad de Stevenson para los hallazgos argumentales, como la dualidad de Jekyll & Hyde o la ambigüedad moral (bien y mal en una sola persona, sin escindir) de Long John Silver en La isla del tesoro. Aquí, en las adaptaciones audiovisuales, veremos que con frecuencia se prescinde de la ganga detectivesca, lo menos interesante de la historia, para profundizar en temas mucho más atractivos como el desapego a vivir y el posterior (cuando el reloj de la muerte ya está en marcha…) encuentro de una poderosa razón para seguir viviendo.
Sinopsis del relato Historia del joven de las tartas de crema, del libro de cuentos El club de los suicidas: La trama se desarrolla en el Londres de la época victoriana, por el que deambulan el príncipe Florizel de Bohemia y su amigo el coronel Geraldine en busca de aventuras. Los dos amigos, que están de incógnito comiendo en una ostrería, se asombran al acercárseles un hombre joven que vende tartas de crema. Intrigados por este comportamiento peculiar, lo invitan a comer con ellos, y, durante su reunión, el joven les da a conocer la existencia del Club de los Suicidas. El príncipe y el coronel consiguen asistir a una reunión de la sociedad, y lo que ven allí les lleva a tomar la decisión de hacer que caiga todo el peso de la ley sobre el presidente del club…
Este primer segmento de El club de los suicidas ha sido llevado a la pantalla (en cortos, largos y series) hasta en 23 ocasiones, según censa la IMDb. Como siempre, comentaremos solo aquellas que nos parecen curiosas, o interesantes, o significativas por algún motivo.
La primera vez que aparece la historia en la pantalla será en fecha tan temprana como 1909, con el título The suicide club, un corto de solo 4 minutos dirigido por el gran D.W. Griffith, uno de los creadores del lenguaje cinematográfico, aunque eso ocurriría posteriormente en sus obras maestras El nacimiento de una nación e Intolerancia, mientras que aquí llevaba solo un año dirigiendo películas. Eso sí, entonces se rodaba frenéticamente: a lo largo del año 1909, Griffith hizo… 150 películas, que se dice pronto (bueno, eran cortos de solo algunos minutos, eso sí…). La peli, en tono de comedia negra, se centraba en un candidato a suicida al que una cuantiosa herencia sobrevenida le hace ver que quizá no fuera tan buena idea eso de quitarse la vida…
Pronto la historia stevensoniana aparecerá en otros ámbitos geográficos ajenos a los anglófonos en los que se creó. En 1913 el cine alemán rueda Der geheimnisvolle klub (literalmente, “El club misterioso”, quizá para no mentar la palabra maldita “suicida”…), aunque curiosamente se rodó en Holanda. Con 40 minutos de duración, la dirigió Joseph Delmont, y se introducen una serie de variantes sobre la historia original, con personajes distintos, aunque el “quid” de la trama (ese “club del suicidio”) se mantiene (puede verse esta película pulsando en enlace situado al final de este artículo).
Solo un año más tarde, en 1914, nos encontramos con otra versión exótica, la producida en Suecia con el título de De lefvande dödas klubb (literalmente, “El club de los muertos vivientes”), un mediometraje de 53 minutos dirigido por Carl Barcklind, rodado enteramente en estudio, en el que se introducen también bastantes variantes sobre la historia original, añadiendo una trama secundaria con un hombre acusado injustamente de haberse quedado con una gran cantidad de dinero que se le confió.
Una curiosidad sin dudas la constituye Historias tenebrosas, un largometraje germano producido por la después famosa UFA, que agrupaba cinco historias de terror, una de las primeras pelis de este género que triunfaría en la Alemania postrada por la derrota en la Gran Guerra, con dirección de Richard Oswald. El cuarto segmento era una adaptación de El club de los suicidas, con el famoso Conrad Veidt (el oficial nazi de Casablanca) como el presidente del club, mientras que en los otros episodios de la película se alternaban historias escritas expresamente para la pantalla con algunas otras versiones literarias, como la de El gato negro de Poe (puede verse la película completa pulsando en enlace situado al final de este artículo).
Curiosamente, el mismo Richard Oswald retomará el proyecto años más tarde, ya en el cine sonoro, en el largo Cuentos extraordinarios (1932), que partía de la misma premisa de agrupar varias historias de terror, manteniéndose algunas como El gato negro de Poe, y también El club de los suicidas de RLS, aunque aquí Oswald utiliza un personaje, el periodista Briggs, como nexo conductor de las historias, que será protagonista de todas ellas, no segmentando cada relato sino dándole continuidad a través de las pesquisas del reportero. Como curiosidad, uno de los personajes principales, el asesino, estará interpretado por Paul Wegener, actor que tiene un lugar en la Historia del Cine como director de El Golem (1920), una de las cumbres del expresionismo alemán (puede verse la película completa pulsando en enlace situado al final de este artículo).
Hollywood, a través de la ya entonces poderosa Metro, también echó su cuarto a espadas con esta historia stevensoniana en la película El club de los suicidas (1936), con dirección del oscuro artesano J. Walter Ruben, y con dos estrellas de la época como Robert Montgomery y Rosalind Russell en los papeles principales, en un tono de comedia ciertamente alejado del inquietante estilo que imprimió RLS a su relato; aunque hay elementos de misterio, aquí imperaba otra actitud, incluso frívola, con el príncipe Floricel como heredero de un imaginario reino centroeuropeo (qué juego daban entonces estos países fantasiosos…) que, huyendo de un matrimonio “de estado”, termina en Londres topándose con el club de marras…
Saltamos hasta la década de los cuarenta para encontrar una nueva versión significativa del relato stevensoniano, en este caso de corte exótico, al tratarse de una producción chilena, La dama de la muerte (1946), dirigida por el argentino Carlos Hugo Christensen, en la que se obviaban los personajes detectivescos iniciales (el príncipe y su amigo el militar), para centrarse en la tragedia de un aspirante a suicida que quiere abjurar (sin suerte) de su intención de quitarse la vida, introduciendo un rol nuevo, el de una misteriosa dama de cuya condición (nos tememos…) se hace un llamativo espóiler en el título… (puede verse esta película pulsando en enlace situado al final del artículo).
También es exótica (y tan distinta en cuanto a género) la producción mexicana El aviador fenómeno (1961), que partía del relato de RLS para tomarse muchas libertades, haciéndolo en clave de comedia chusca, con dos detectives más bien torpes que investigan casos de suicidios sospechosos entre personas de la alta sociedad, con una escena final en un contexto de aviación, lo que justificaba el título de la peli. Dirigía Fernando Cortés, veterano cineasta azteca perito en comedietas, y protagonizaba Adalberto Martínez, más conocido por su alias de “Resortes”, que recuerda a Cantinflas en su peculiar forma de hablar, aunque fue bastante menos popular que el célebre cómico (puede verse esta película pulsando en enlace situado al final del artículo).
En España, la serie cultural televisiva Los libros gozó de gran predicamento en su tiempo, produciéndose un buen número de capítulos, con adaptaciones de obras literarias de alto nivel, entre los años 1974 y 1977, con producción del entonces único operador televisivo español, RTVE. A su calor se grabó el episodio titulado El club de los suicidas (1977), con realización del crítico Fernando Méndez-Leite, que después sería director de cine, director general de RTVE y, actualmente, presidente de la Academia de Cine de España. El reparto estaba cuajado de nombres importantes de la interpretación española de la época: Charo López (en un curioso personaje travestido: es el “chico de las tartas de crema” del original stevensoniano), Gerardo Malla, Luis Prendes, Miguel Rellán, Walter Vidarte, Joaquín Hinojosa, José Manuel Cervino… todos ellos en una pulcra y, en general, bastante cercana versión al relato de RLS (puede verse este episodio pulsando en enlace situado al final del artículo).
Cuando hablamos de versiones exóticas, ninguna sin duda como la que lleva por título (ahí va…) Priklyucheniya printsa Florizelya (1979) (literalmente, “Las aventuras del príncipe Florizel”), miniserie soviética de tres capítulos, dirigida por Yevgeni Tatarsky, en una historia que no se separa demasiado de la versión original de RLS, manteniendo incluso a los protagonistas, el príncipe (lo que no deja de ser curioso para la muy estricta y acartonada república soviética…) y el coronel, aunque después se toman algunas libertades. Como curiosidad, la miniserie se grabó en Lituania, una de las repúblicas bálticas que fueron de las primeras que se desgajaron de la URSS; también curiosamente, se mantienen los nombres ingleses y la (supuesta) ambientación en Londres.
Ya en el siglo XXI, el cine norteamericano reincide en el tema con The game of death (2000), largometraje rodado en Irlanda, con dirección de Rachel Samuels y un elenco actoral bastante apañado, con Jonathan Pryce, David Morrissey y Paul Bettany, en una producción de Roger Corman, experto en hacer pelis que parecían caras pero en realidad eran muy baratas… Aquí la trama se separa de los detectives aficionados originales para centrarse en el tema quizá sustancial del relato, la postulación al suicidio que repentinamente entra en colisión con las ganas de vivir cuando sucede algo novedoso y vibrante (para la ocasión, una mujer…).
De nuevo a vueltas con las versiones exóticas, nos encontramos con Suicide club (El club del suicidio) (2001), una curiosa coproducción japo-finesa, aunque rodada en el país del Sol Naciente, con el cineasta Sion Siono (experto en temática “gore”) como director, una historia que se toma muchas libertades, como su comienzo, el suicidio colectivo en Tokio de más de medio centenar de estudiantes de Secundaria, con lo que el policía encargado del caso se encuentra ante una situación que no sabe cómo afrontar, hasta que recibe un correo electrónico: las nuevas tecnologías, siempre presentes en el cine de terror nipón, género al que se adscribe esta peli, en línea con las que, por aquellas fechas, hicieron furor en la cinematografía japonesa (recuerden: Ringu, La maldición, Llamada perdida…).
Otra versión exótica la aporta la televisión checa, la Ceské Televize, con su TV-movie Bankrotári (2003) (literalmente sería “Quebrados”, o “En bancarrota”), con dirección de Zdenek Zelenka, veterano cineasta perito en adaptaciones literarias, en una versión muy libre, ambientada en los años cuarenta del siglo XX, y con un tono que recuerda al de las historias imaginadas por Agatha Christie.
El cine español también ha aportado su granito de arena a las adaptaciones de este relato. Su título será precisamente El club de los suicidas (2007), y estaba dirigido por Roberto Santiago, aprovechando la popularidad que por entonces disfrutaba Fernando Tejero por su papel de portero en la serie Aquí no hay quien viva. La peli se ambientaba en nuestro tiempo, y presentaba a unos epígonos de la historia stevensoniana, un grupo de suicidas frustrados en cuyas manos cae un ejemplar del relato de RLS, y cómo eso influye en su intención de acabar con sus vidas, en un tono de comedia negra que, es cierto, podría cuadrar a la historia, aunque el resultado, en términos de calidad, distó de ser bueno…
-Para ver Der geheimnisvolle Klub (1913):
https://www.youtube.com/watch?v=MbYe6yiuT9w
-Para ver Historias tenebrosas (1919). Segmento “El club de los suicidas” a partir del minuto 65:
https://www.youtube.com/watch?v=PHa3P7an_yk
-Para ver Cuentos extraordinarios (1932):
https://www.youtube.com/watch?v=R748FKwIFR0
-Para ver La dama de la muerte (1946):
https://www.youtube.com/watch?v=xb3tTHuim9Q
-Para ver El aviador fenómeno (1961):
https://www.youtube.com/watch?v=3d5q60sITsY
-Para ver El club de los suicidas (Los Libros) (1977):
https://www.youtube.com/watch?v=-nIc70WXW6A
Ilustración: Cartel de la película The game of death (2000), de Rachel Samuels, versión norteamericana del relato El club de los suicidios, de R.L. Stevenson
Próximo capítulo: En el 175 aniversario del nacimiento de R.L. Stevenson: sus narraciones más versionadas en el audiovisual. Secuestrado (VI)