C I N E E N S A L A S
Petra Volpe (Suhr, 1970) es una guionista y directora suiza que se formó tanto en su país natal como en Estados Unidos. Está haciendo cine desde principios de este siglo XXI, aunque de ella solo ha llegado a España en exhibición comercial (quizá en la jungla de las plataformas se haya podido ver algo más…) un título, El orden divino (2017), ambientada a principios de los años setenta del pasado siglo, época hasta la que, en la muy avanzada y democrática Confederación Helvética, las mujeres no pudieron ejercer el derecho al sufragio (para que luego hablen de aquí en el Norte de África, en España, donde se autorizó en 1931…).
Volpe tiene buena intuición cinematográfica, y aquella película colocó a un país muy contento de haberse conocido ante la verdad desnuda: cuando en Alemania, Países Bajos, Reino Unido, Austria, Polonia, los países escandinavos (Islandia incluida) y otros del entorno, se promulgaron leyes para permitir el voto femenino durante las primeras décadas del siglo XX, en la muy civilizada Suiza tardaron medio siglo más en dar ese mismo paso…
Pues ahora Petra Biondine Volpe, que es su nombre completo, aunque suele firmar como Petra Volpe, inspirándose en el libro Nuestra profesión no es el problema: son las circunstancias, del que es autora Madeline Calvelage, vuelve a poner el dedo en la llaga, en un tema muy distinto pero también ciertamente percutante: su historia tiene lugar a lo largo del servicio de guardia de un hospital suizo (buena parte de las escenas están rodadas en el Kantonsspital Baselland, en Liestal, capital del cantón Basilea-Campaña), donde vemos que entra para realizar su turno la enfermera Floria Lind, sobre la que girará toda la trama. Vemos cómo atiende a los enfermos en todo tipo de cuestiones, haciendo las rondas correspondientes, muy implicada siempre, aunque la ausencia de algunos compañeros en ese turno multiplica las habituales complicaciones y hace que Floria vaya entrando progresivamente en una espiral de imprevisibles consecuencias…
Titulamos esta crítica “Prohibida para estudiantes de enfermería” porque, efectivamente, como la vean, seguro que cambian de especialidad… Unos letreros al final nos dicen que las plantillas de enfermería de los hospitales europeos están muy por debajo de lo que deberían, y que además el relevo generacional está más que difícil… La distribuidora española ha añadido un rótulo por su cuenta sobre la situación en España, que no es mucho mejor (más bien peor…) que en el resto del continente… Pues lo dicho, como vean la peli las y los estudiantes de enfermería, ya les digo que nos quedamos sin vocaciones y vamos a tener que cogernos las vías los pacientes cuando nos toque…
Porque lo cierto es que la película plantea una situación que, aunque puede parecer excepcional por la situación (falta de varios miembros del equipo de enfermería por diversas circunstancias), esa excepcionalidad tiene pinta de producirse con demasiada frecuencia (enfermedades, cursos de formación, etcétera), con lo que, cuando la excepción se convierte en regla, ya no cabe invocar que estamos ante situaciones extraordinarias… En ese contexto, la protagonista absoluta, esta Floria Lind (excelente Leonie Benesch, a la que ya vimos, y nos gustó mucho, en Sala de profesores) tendrá que afrontar un turno en el que, salvo quedarse embarazada, le pasa de todo: pacientes que se le marchan al no tener respuesta sobre el alcance de su enfermedad, familiares de enfermos que le echan en cara no haber visitado a su madre, pacientes VIP cuyo grado de empatía con el resto de la humanidad (mayormente si los considera sirvientes, como es el caso) es menos que cero, error en la administración de un fármaco como consecuencia de la creciente tensión al hacer varias cosas a la vez, y así sucesivamente, en un creciente estrés que es una de las virtudes del film, (re)crear en el espectador esa sensación de angustia creciente cuando todos la miran a ella, todos le exigen a ella, todos quieren ser los primeros en ser atendidos, todos lo quieren todo para ya. Porque, además, nos enteramos aquí que las enfermeras en Suiza, además de ejercer su profesión, hacen de auxiliar de enfermería (aseando a los enfermos), de camillera (llevando y trayendo camas a los quirófanos), preparadora de difuntos (apañándolos para que tengan mejor aspecto), porteadora de fallecidos hasta las cámaras frigoríficas… Vamos, no coge una escoba y se pone a barrer de milagro…
Esa creciente tensión que, ciertamente, asalta al espectador (y, ¡ay!, a esos supuestos estudiantes de enfermería, que me temo dejarán de serlo…), y que está dado por Volpe con fuerza, con brío, con un pulso narrativo que apenas decae, es la mejor virtud del film, aunque es cierto que, hacia el final, se plantea una secuencia que impide redondear lo que podría haber sido una gran película: en una discutible decisión de guion, se produce un radical cambio de tono en uno de los pacientes VIP (tras una escena crucial, catártica, que, lógicamente, no destriparemos) que nos parece poco fundamentado y aún menos verosímil. Verán, yo tenía un jefe que, no sin razón, decía aquello de que “el que nace lechón, muere cochino”, y nos parece que, por mucho que a un gilipollas cabrón le digan a la cara que lo es, eso no va a hacer que cambie de infecto millonetis que se cree con derecho a todo porque lo paga, a convertirse en un pobre diablo que se da cuenta que se va a morir y entonces se transforma en un tipo comprensivo, desprendido y generoso, más bueno que el pan… (lo dicho, “el que nace lechón…”).
Eso sí, el plano final nos parece bellísimo, un plano metafórico que nos recuerda hasta qué punto las enfermeras (como seguramente todos los profesionales sanitarios) se llevan el trabajo a casa, en este caso casi literalmente, aunque es evidente el tono alegórico; también ese último plano (que tampoco debemos revelar: ¡qué incordio esto de no incurrir en “spoilers”!), conceptualmente deslumbrante, es humanamente extraordinario, pudiendo resumirlo en “la cuidadora cuidada”, aquella que se entrega absolutamente, y que por ello, por la presión insoportable, también por el terrible hecho de que se te mueran los pacientes entre tus brazos, son también más que probables candidatos a graves problemas psíquicos: entonces, ¿quién cuida al cuidador? En ese último plano, poética, metafórica, conmovedoramente, Volpe viene a decir: la cuidada, cuando ya no necesita de la atención de quien la asiste profesionalmente, con frecuencia incluso afectivamente.
Buena película esta Turno de guardia, a pesar de esa equivocada decisión de guion ya mentada, a lo que tampoco ayuda el hecho de que el actor que la pone en imágenes junto a la protagonista, Jürg Plüss, resulta tan convincente como abyecto marrajo como improbable corderito que se da cuenta de hasta qué punto ha sido un miserable.
(24/01/2026)
92'