CRITICALIA CLÁSICOS
Disponible en Apple TV.
Vaya por delante que uno tenía la intención de poner dos estrellas a esta peli, pero la verdad es que una vez que se vuelve a ver, a visionar pasados los años, cae tan simpática, tan liberal en su mensaje y tan entretenida que la tercera star cae por su peso. El caso es que cuando el veterano director (y actor) John Huston rueda esta cinta ya recorre la última etapa de su larga carrera de casi cuarenta títulos, de los que sólo le faltaban cuatro más para completarla. En ese periplo previo había filmado películas que tocaban muchos géneros, desde el western en más de una ocasión -Los que no perdonan, en clave romántica- a las de aventuras -Moby Dick, con Gregory Peck-, o la sugestiva El hombre que pudo reinar, bajo la sombra literaria de Rudyard Kipling, o biográficas, como Moulin Rouge (con José Ferrer encarnando al pintor Toulouse-Lautrec), o incluso un fallido intento de cine infantil, Annie…
Nacido en Nevada en 1906, este estadounidense ya estaba vinculado al cine por su padre Walter, actor, y ambos se juntarían en El tesoro de Sierra Madre, con gran trabajo de Humphrey Bogart, y donde aparecía John, pero como director. Con una agitada infancia, la juventud fue aún más aventurera y con variopintos trabajos. Al acercarse al mundo del teatro y el cine le llevó a probar suerte con Samuel Goldwyn, que lo ignoró, pero -tras hacer algunos buenos guiones- va a tener con Warner Bros mejores resultados, y en 1941, con 35 años, realiza su primer largo, El halcón maltés, adaptando la novela de un clásico como Dashiell Hammett, con Bogart otra vez como protagonista, y sentando las bases de lo que se etiquetó como cine negro.
Como buen norteamericano, nuestro director -en lo deportivo- se inclinaba por lo que ellos llaman "fútbol americano" (con leves variantes de lo que en Europa identificamos como rugby), y también por el béisbol, pero resulta que en -prácticamente su único film donde un deporte tiene un papel protagónico- será el fútbol el elegido, el más popular en el viejo continente y una buena parte de los países de la América latina, con Argentina, Brasil, Paraguay, México, Colombia... pero en Estados Unidos sigue estando en segundo plano, a pesar de fichajes de altura como David Beckham o Leo Messi... Pero ni con Messi o con San Messi acaba de cuajar entre los yanquis...
Pero hablemos ya de la película. Como hemos dicho otras veces, el título usado en España acertaba de lleno, porque el relato que se nos cuenta responde más exactamente a lo que vemos en pantalla: se centra en una evasión de los prisioneros y luego una victoria (que la facilitará). Parece ser que toda la narración tiene por base un hecho real acaecido en 1942, pero Huston y sus guionistas Evan Jones y Yabo Yablonsky la modificaron en algunos pasajes, además de situarla un año después, en 1943. En todo caso, su núcleo argumental sigue siendo un partido de fútbol en un campo de prisioneros (reclusión menos dura que un campo de concentración) aliados, en territorio nazi. Y mira por donde, el comandante que lo dirige había sido futbolista en sus años mozos, y al enterarse que entre los encarcelados hay gentes proclives a este juego, se le ocurre organizar un partidito para demostrar la supremacía de los germanos frente otras etnias anglosajonas, especialmente ingleses.
Y así, jugando con varias cartas, la película va mirando a la evasión que intentan (y algunos logran momentáneamente, e incluso con ligue incluido) y por otro la preparación para el choque, que según estudiosos futboleros fue con planteamiento del 4-4-2 en los dos equipos. Y aunque la cinta es oficialmente de nacionalidad entre Reino Unido y estadounidense, en su reparto y ficha técnica hay una gran diversidad de origen en actores, técnicos y demás participantes. Por eso, quizás, cuando se estrenó en España en el mismo año de 1981, algunas críticas jugaron a buscar (exageradamente) paralelismos entre el cine del Oeste y esta cinta, diciendo que los ingleses y prisioneros en general eran los indios, frente a sus guardianes que ejercían de sheriff vigilante.
Y repasemos ahora el reparto, que no tiene desperdicio, con "actores" tan especiales como el brasileño Pelé o el argentino Oswaldo Ardiles, sin olvidar al británico Bobby Moore (todos ellos futbolistas “de verdad” y de alto nivel), o un Sylvester Stallone que -en una nueva faceta- cambia los guantes de boxeador para ser portero y poder parar balones endiablados. Pero junto a ellos están actores consagrados como Michael Caine o un siempre excelente Max Von Sydow, que encarna al comandante alemán que, sin casi darse cuenta, abre la puerta a todo el lío al añorar sus años juveniles dándole patadas a un balón...
El resultado fue sin duda un producto de "calidad popular", de la Paramount, que invirtió 10 millones de dólares, recuperados con los 27’5 que ya logró en EE.UU., más las buenas taquillas en la mayoría de los países, en especial los más adictos al balompié, léase Europa y la América latina.
La ficha técnica ayudó a ese éxito en esta etapa final de Huston, con una vibrante banda sonora de Bill Conti o una luminosa fotografía de Gerry Fisher, además de una narración muy inteligente en el uso de las distintas fases del partido, hasta culminar en el suspense y emoción de un penalti final decisivo. Y en ese final es cuando se lleva a cabo primero la victoria y luego la evasión, la fuga, al invadir el público el terreno de juego y propiciar que los jugadores presos se mezclen entre ellos y puedan finalmente escapar. Y fue el estadio olímpico de Colombes, en las afueras de París, el que se utilizó realmente para el rodaje.
Y así, cuando su carrera casi finalizaba, pero todavía con títulos tan interesantes como El honor de los Prizzi o Dublineses, el veterano cineasta -amigo y compinche de otros gigantes como Orson Welles o Ernest Hemingway-, se despedía no con su mejor cinta, pero sí con la que -respondiendo a su espíritu abierto- demostraba su alma positiva y conciliadora, y con el mérito añadido de su precaria salud en todo este tramo final de su vida.
(18/01/2026)
116'