Película: El halcón maltés

John Huston se inició en Hollywood como actor y, sobre todo, como guionista, faceta esta última en la que cosechó algunos éxitos, como Jezabel (1938) y Cumbres borrascosas (1938), fuertes melodramas que no presagiaban que su cine como director, cuando se inició en esa tarea, se iba a encaminar por otros senderos. Porque El halcón maltés no solo es un film de cine negro, sino que es el prototipo de ese tipo de cine, e incluso se suele hablar de él como el primero que reunía todas las características del también llamado “film noir”.

Es cierto que aquí se condensa la quintaesencia del género negro: detectives de moral ambigua, generalmente poco escrupulosos en sus relaciones con las mujeres; estas suelen ser vampiresas, féminas taimadas que usan sus encantos para perder a los hombres y conseguir sus prosaicos intereses; la fotografía en blanco y negro es rica en claroscuros, en sombras y luces, un punto expresionista; los personajes son de una pieza, con tendencia a la brutalidad; las tramas, alambicadas, recorridas por la avaricia, la corrupción y la lujuria; la atmósfera cargada, las mórbidas relaciones entre los personajes, en definitiva, una estilizada y turbadora forma de entender el cine policíaco.

Todo eso está en El halcón maltés, película que el propio Huston guionizó sobre la novela homónima de Dashiell Hammet: el detective Sam Spade, asociado con su colega Miles Archer, recibe la visita de una dama, que parece turbada y que le habla de un tipo que la acosa y de la que quiere que la proteja. Pero esa noche Archer, que hacía el servicio de vigilancia, muere a tiros, y el tipo que acosaba a la dama también. Entonces los acontecimientos se precipitan; otros personajes, como Joel y el motejado como El Gordo, aparecen en escena; todos ellos, y también la dama supuestamente acosada, buscan la escurridiza estatuilla de un pájaro, al que se le conoce como el halcón maltés...

Curiosamente, El halcón maltés no fue solo la que se consideró durante bastante tiempo como el primer “film noir” de la historia (aunque es evidente que otras películas anteriores ya tenían elementos clarísimamente negros, como Scarface o Los violentos años veinte), sino que además, para su protagonista Humphrey Bogart, que hasta entonces había hecho mayormente papeles secundarios, supuso el salto a la fama, manteniéndose a partir de entonces en la cresta de la ola, con títulos míticos como Casablanca, Tener y no tener, El sueño eterno, El tesoro de Sierra Madre, Cayo Largo o La reina de África. Del resto nos quedamos con la vampiresa que compone Mary Astor, en su modalidad “mosquita muerta”, no en la del tipo “comehombres” que popularizaron otras estrellas de Hollywood (véanse por ejemplo a Barbara Stanwyck o Lana Turner), así como un Peter Lorre que compone uno de los escasos personajes “con pluma” de la época.

Es mítica la frase que cierra el film: el halcón maltés está hecho del material con el que se fabrican los sueños (aunque curiosamente no estaba en la novela, sino que la tomó Huston de La tempestad, de Shakespeare), la mejor metáfora para hablar de esa utopía que el ser humano permanentemente mantiene para creer que, efectivamente, todo puede mejorar, que se puede dar el pelotazo, material, social, sentimental... que todo cambie: lo dicho, el material del que están hechos los sueños...


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100'

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El halcón maltés - by , Jul 21, 2018
4 / 5 stars
El material con el que se fabrican los sueños