Película: Annie

La carrera de John Huston es una de las más interesantes de los profesionales que hicieron cine en Hollywood durante el siglo XX. Como actor tiene una larga y feraz trayectoria; no era un intérprete de grandes matices, pero sí dotado de un raro carisma que hacía inevitable que en toda escena en la que él aparecía el espectador centrara su atención en él. Como director también alcanzó gran altura, con un buen puñado de films magníficos, aunque otros fueron más endebles. Sus mejores películas siempre hablaron de perdedores, de gente corriente que quería llegar alto y lo que mayormente conseguía era grandes costaladas; esa épica del perdedor la supo dar como nadie Huston como sensible director de productos tan notables como El halcón maltés (1941), epítome del cine negro; El tesoro de Sierra Madre (1948), percutante historia sobre la quimera del oro, que le reportaría dos Oscars (Director y Guion); La reina de África (1951), delicioso compendio de aventura, comedia y cine romántico; Moulin Rouge (1952), bellísimo y tan personal biopic sobre el pintor Toulouse-Lautrec; Vidas rebeldes (1961), hermoso y desalentado canto del cisne de Gable y Monroe, que morirían poco después; Reflejos en un ojo dorado (1967), turbadora adaptación de Carson McCullers; Fat City (1972), demoledora visión del mundo del boxeo; El hombre que pudo reinar (1975), crepuscular adaptación de un texto de Kipling; Sangre sabia (1979), alucinada, delirante visión del mundo de los predicadores; y Dublineses (1987), su última película, delicadísima mirada hacia la cosmovisión irlandesa del mundo, exquisita versión al cine del texto de Joyce.

Cuando en 1982 Huston rodó Annie, se temió, no sin razón, que fuera esta su última película, pues ya estaba gravemente enfermo con un enfisema (que finalmente le llevaría a la muerte cinco años después), teniendo que dirigir desde una silla de ruedas y permanentemente conectado a una bombona de oxígeno. Se dijo entonces que sería una lástima que el testamento cinematográfico de un grande del cine como él fuera esta estandarizada adaptación de un edulcorado musical de Broadway que por aquel entonces barría en las taquillas de los teatros de medio mundo. No fue así, por suerte, y Huston todavía rodaría tres filmes más, de mayor enjundia, Bajo el volcán (1982), El honor de los Prizzi (1985) y la mencionada Dublineses.

Annie es una almibarada visión del universo infantil, con una niñita huérfana cuyo sueño es salir del hospicio donde vive, consiguiendo al fin estar una semana con un muchimillonario al que fascinará con su gracia y desparpajo. La obra musical homónima se había estrenado en los escenarios de Broadway en 1977, con gran éxito, siendo la partitura original de Charles Strouse. Aunque la materia prima de la que parte el musical está inspirada en la tira de prensa Little orphan Annie, publicada por primera vez en 1924, las reminiscencias dickensianas son evidentes (Oliver Twist, David Copperfield, La pequeña Dorritt, entre otras novelas)

A falta de otra cosa (ni siquiera Huston tenía fuelle ya para dar coherencia al asunto), al menos hay una pareja protagonista muy estimable, el polifacético Albert Finney, inolvidable en Tom Jones (1963),  y la televisiva Carol Burnett, todo un mito de las 625 líneas estadounidenses, ganadora de 5 Globos de Oro. La pequeña protagonista, Aileen Queen, tendría una carrera muy corta tras su debut ante las cámaras en este film, que económicamente tampoco fue bien.


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126'

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Annie - by , Jun 25, 2018
1 / 5 stars
Almirabada visión del universo infantil