Pelicula:

C I N E   E N   P L A T A F O R M A S
[Esta película forma parte de la Sección Rebels del ATLÀNTIDA MALLORCA FILM FEST’2026. Disponible durante tiempo limitado en FILMIN]

Tenemos escrito (y no lo retiramos…) que el cine italiano actual está a años luz del cine italiano clásico. Te acuerdas de los grandes cineastas itálicos (Fellini, Visconti, De Sica, Rossellini, Pasolini, Antonioni, Bertolucci), incluso los que podríamos llamar “clase media” (Monicelli, Comencini, Zampa, Scola, Risi, Cavani, los Taviani, Germi…), y los comparas con los de ahora, y es para deprimirse… salvo un puñado de viejos que mantiene enhiesto el buen cine en Italia (Bellocchio, Moretti, Amelio, el intermitente Tornatore), los cineastas de un cierto nivel se limitan al irregular y excesivo Sorrentino, más Guadagnino, Rohrwacher, Garrone, y poco más.

Y lo peor es que, a falta de auténtico talento, la mayor parte de los cineastas italianos de este siglo optan por las películas extravagantes, excéntricas, extemporáneas, estrafalarias, estrambóticas (se me acaban los adjetivos que empiecen por “ex” o “es”…): parafraseando al clásico, en la bota italiana, hoy día, los cineastas parecen decir aquello de que “ya que no somos profundos, al menos seamos raros”… como si lo chocante, lo chirriante, “per se”, tuviera un valor en sí mismo.

La acción se desarrolla en Italia; aunque no se data la fecha, estamos en circa 1890, cuando William Cody, más conocido como Buffalo Bill, visitó la Italia recientemente unificada al frente de su espectáculo circense “Buffalo Bill Wild West”. En ese contexto, conocemos a Rosa, doliente esposa de un poderoso terrateniente de la época, Ercole Rupè, que la considera una más de sus posesiones. El magnate, henchido de soberbia, reta a Buffalo Bill a una apuesta, enfrentar a los vaqueros italianos contra los yanquis para domar un caballo salvaje en el menor tiempo posible. Rupè encarga el tema al vaquero Santino, pero su callada esposa se prenda de los ojos azules del hombre… Como las apuestas están abrumadoramente a favor de los italianos (por aquello de hacer patria…), el terrateniente exige a Santino que se deje perder, para ganar una fortuna en la apuesta… pero ya sabemos que, en cine, si alguien ordena algo a alguien, esa orden no se cumplirá… si además resulta que la bella y el vaquero se ponen ojitos, ya la tenemos liada…

Alessio Rigo de Righi (Jackson, Estados Unidos, 1986) y Matteo Zoppis (Roma, 1986) son amigos de infancia (Rigo de Righi nació en los USA, pero se crio en el país de sus padres, Italia); desde que empezaron en cine trabajan juntos, primero en el documental y desde hace unos años también en la ficción, llamando la atención con su primer largo, La leyenda del Rey Cangrejo (2021), la historia de un borracho italiano expulsado a la Tierra del Fuego, donde encontrará su redención. Aquel film, una extraña y alucinada historia de época, les dio cierta fama que ahora buscan reeditar con La apuesta de Buffalo Bill, que se basa, efectivamente, en un hecho histórico, el reto que se estableció durante la estancia del cazador y su circo en Italia en 1890, para ver cuáles de los vaqueros, si los itálicos o los yanquis, eran capaces de domar antes un caballo salvaje. 

De ese hecho verídico Rigo de Righi y Zoppis hacen una película que, progresivamente, va perdiendo todo atisbo de realismo para deslizarse por lo que no se puede denominar sino delirio, con disparates como cabezas a la vez cortadas y parlantes (términos que deberían ser contrapuestos…), entre otras lindezas, en una historia que parece buscar no sé si el homenaje o la parodia de los eurowésterns, también conocidos como espagueti-wésterns.

Hay en la película algo manierista, como de hacer un espagueti de forma autoconsciente, en estos descreídos años veinte del XXI, pero con todos los tópicos habituales del subgénero, aunque un tanto adaptados a la Italia de la postunificación. Pero en realidad pronto pierde el interés, una vez que el espectador se da cuenta de la jugada, hacer una peli “a la manera de” los espaguetis, pero de forma autorreflexiva, con un toque como de sátira descreída. Y es que, en realidad, todo parece demasiado artificial, incluso artificioso.

Juega la baza romántica entre la chica oprimida por el marido convenientemente felón y el vaquero que le echa arrestos a todo, pero del que tampoco sabemos gran cosa, componiendo entre ambos una pareja bastante abstrusa, en la que no hay mucha profundización psicológica que digamos, ni arco dramático que merezca tal nombre.

Técnicamente es hermosa y agradable (aunque a ratos con cierta tendencia al feísmo sucio típico del eurowéstern), con una fotografía generalmente luminosa, como corresponde a una peli que parece buscar una cierta idea de la felicidad, de una felicidad cuasi mágica, a base de reproducir los esquemas del cine del Oeste. Eso sí, los directores debieron faltar a clase en la Universidad de Nueva York, donde estudiaron cine, el día en el que dieron puesta en escena, porque la suya, al menos en esta peli, es un tanto desaliñada…

La verdad es que la historia tampoco da para mucho, en otra peli a la que le sobran un buen puñado de minutos, articulada en 4 capítulos que van progresivamente tiñéndose de disparate, sin nadie que ponga freno a los directores en este desaforado retorno, manifiestamente prescindible, al subgénero del espagueti…Y es que, en el fondo, preferimos los auténticos eurowésterns, incluso los más tirados, porque al menos se creían, más o menos, lo que contaban, no intentaban hacer (infructuosamente…) arte. 

Curiosidades: en una de las secuencias del film aparece un revolucionario que compone el actor argentino Peter Lanzani (al que vimos como ayudante de Ricardo Darín en la estupenda Argentina, 1985), un revolucionario ciertamente peculiar, entre Garibaldi y Zapata, con un toque como de Chiquito de la Calzada…

La música de Vittorio Giampietro nos parece sinsorga, casi siempre a piano y tan amorfa que valdría para esta película o cualquier otra. En la interpretación, la francesa Nadia Tereszkiewicz sostiene como puede su (más bien) indefendible personaje, manejándose bien tanto en inglés como en italiano; Alessandro Borghi, que hace del vaquero italiano, y al que vimos como interés amoroso de Cervantes en El cautivo, lo fía todo a lucir ojos azules… Como presencia secundaria de prestigio aparece el yanqui John C. Reilly, que hace un Buffalo Bill la mar de apañado.


Género

Nacionalidad

Duración

113'

Año de producción

La apuesta de Buffalo Bill - by , Aug 21, 2026
1 / 5 stars
Desaforado homenaje (o parodia) del eurowéstern