ESTRENO EN MOVISTAR+
El thriller es, con toda probabilidad, el género más frecuentado en los cientos de series que se filman cada año para las plataformas de “streaming”, esas voraces calderas donde todo cabe, desde lo más eximio a lo más cutre. Lógicamente, cada uno de esos thrillers debe buscar su personalidad propia, su especificidad, aquello que los hace únicos… o al menos intentarlo… Pues en el caso de esta serie, Lynley, de 8 capítulos (ya se ha renovado por otra nueva temporada), el hecho diferencial sería la muy distinta extracción social de los protagonistas: Lynley, el poli del título, es noble, de alta cuna (como decía la canción de Cecilia), octavo conde de Asherton, refinado y exquisito, además de guapo (le olerán los pies, tanta perfección es imposible…). Su compañera y subordinada, la sargento Barbara Havers, es de baja cama (ya que estamos con Cecilia…), una mujer de clase trabajadora, de extracción social modesta, así que el choque de opuestos está servido. Es verdad que la colisión de contrarios en thriller suele dar buen resultado (recordemos Alma letal…), pero no siempre es así, como ocurre aquí.
La acción se desarrolla en una zona ficticia denominada Tres Condados, supuestamente situada en el este de Inglaterra (aunque en realidad se rodó en su mayoría en Dublín). Se ha encontrado el cuerpo muerto de un hombre en una zona fluvial; conocemos a la sargento Havers, un verso suelto que va a su aire en la Policía local, al que su jefe le da la última oportunidad: tiene que ponerse a las órdenes del nuevo inspector Lynley, que es aristócrata y viene de Londres. Pero cuando este llega se encuentra con que su jefe es el comisario Nies, con quien tuvo problemas en anteriores destinos, por lo que ambos, como se dice en mi tierra, no se jaman… El noble y la plebeya tendrán que actuar juntos para intentar resolver el crimen del hombre encontrado en el río. Pronto veremos que él es estricto en el cumplimiento de las normas y protocolos, mientras que ella se los pasa por el forro, así que, Houston, tenemos un problema…
La serie parte de un ciclo novelístico original de la escritora anglófila norteamericana Elizabeth George. Sobre ese material ya existe otra serie, The Inspector Lynley misteries (2001-2008). Ahora las productoras BritBox, BBC Studios y Playground, entre otras, recuperan los personajes y las historias de George en este nuevo “reboot” de la serie, aunque ciertamente no se puede decir que hayan estado demasiado afortunadas…
Porque nos tememos que, al margen del permanente conflicto de clases, de estilos, de maneras de enfrentar la vida por parte de los dos protas, el noble y la plebeya, la serie no aporta mucho más, siendo los casos que tienen que investigar bastante endebles, tanto en su concepción como en su desenlace. Cada dos capítulos se desarrolla un caso, con los sempiternos tópicos de turno, como la aparición de sospechosos que, por supuesto, no son los culpables, hasta que al final lo será el menos sospechoso de todos: un clásico…
Como creador y guionista aparece Steve Thompson, entre cuyos créditos están algunos episodios de series como Sherlock y El joven Sherlock (ya puestos, ¿harán una que se titule “El viejo Sherlock”? Ahí lo dejo…), así como también varios de la serie británica recurrente por antonomasia, Doctor Who. Pero aquí da la impresión de que el puesto de creador o “showrunner” le ha venido más bien grande.
Con unos bonitos títulos de crédito iniciales, la serie se apoya esencialmente, como queda dicho, en una más bien tormentosa relación entre el inspector, noble, metódico, elegante, y su subordinada, la sargento criada en un suburbio, de clase trabajadora y dada a seguir su instinto y a saltarse todas las reglas si ello conduce a la detención de los malos. Por supuesto, como es casi inevitable en las ficciones audiovisuales cuando hay parejas laborales mixtas (y heteros, se entiende…), hay cierta tensión sexual no resuelta, aunque es cierto que aquí está muy matizada, es más latente que patente. Pero más allá de ese choque de contrarios del pijo y la proletaria, lo cierto es que los personajes principales no tienen demasiado perfil propio, más allá de esas características que conocemos; en algún momento se les intenta dar una cierta vida personal (por ejemplo, cuando sabemos que la sargento tiene a su padre gravemente enfermo con enfisema), con algunas pinceladas para darles algo de cuerpo a los personajes, pero suena más bien a impostado, a introducirlo para que no parezcan de cartón-piedra.
Aparte de lo que podríamos llamar “la rueda de sospechosos” (cada equis tiempo tenemos a un nuevo -y falso- individuo que parece el culpable), la serie no le hace ascos a otro de los tópicos de los (malos) audiovisuales que anegan las plataformas, ese que dice que cada cierto tiempo alguien tiene que salir corriendo y los polis tienen que perseguirlo hasta capturarlo (aunque, por supuesto, tampoco sea el criminal…).
Un thriller, entonces, bastante convencional, un producto más bien rutinario aunque ciertamente entretenido, donde casi todo es previsible, con guiones inverosímiles y resoluciones endebles y pilladas por los pelos. Y, encima, la puesta en escena es descuidada y desaliñada; quien lo diría, estando entre los coproductores la BBC, la de las realizaciones pulcras y exactas…
Los dos protagonistas están correctos: Leo Suter compone un vistoso detective aristócrata, al que hemos visto recientemente en Sanditon en un personaje muy distinto; y Sofia Barclay da bien su personaje de poli currante aunque con cierta tendencia a hacer de su capa un sayo en su trabajo.
(03/10/2026)